Compartir

Ryan Gallagher
›A finales de febrero, la policía antiterrorista de Reino Unido advirtió que los grupos de extrema derecha estaban “llegando a nuestras comunidades a través de propaganda sofisticada y estrategias subversivas”.

Las autoridades británicas se enfrentan a la creciente amenaza terrorista de los extremistas de derecha, cuyo número ha ido en aumento en los últimos años. Obsesionados con la noción de que los blancos europeos se enfrentan a la extinción, las ideas de los extremistas han ganado vigencia tras una avalancha de ataques islamistas en Europa y una crisis de refugiados que ha visto a millones de inmigrantes viajar al continente desde Afganistán y Siria, devastados por la guerra.

En Austria, Alemania, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Francia, Suecia, Hungría y los Países Bajos, las ideas de extrema derecha también han ganado popularidad. Lo mismo es cierto en Estados Unidos, donde la presidencia de Donald Trump ha infundido energía a los supremacistas blancos. Los políticos y activistas de extrema derecha han aprovechado con éxito las preocupaciones sobre la incertidumbre económica, el desempleo y la globalización, pero han construido la mayor parte de su base de apoyo en torno a cuestiones de inmigración y terrorismo.

AP_17091863492003-edit-1525284369-WEB

Al respecto, la policía británica asegura que ha frustrado cuatro complots terroristas de extrema derecha en el último año.

La extrema derecha ha estado activa en el Reino Unido durante la mayor parte del siglo pasado. En la década de 1930, Oswald Mosley se inspiró en el dictador italiano Benito Mussolini y lanzó la British Union of Fascists (Unión Británica de Fascistas), también conocida como Blackshirts (Camisasnegras). Mosley hizo campaña contra el Reino Unido por ir a la guerra contra Adolfo Hitler con el argumento de que “intereses judíos” impulsaban el conflicto; en su lugar, abogó por las políticas aislacionistas, “Gran Bretaña primero”.

Entre 1970 y 1990, el National Front (Frente Nacional) y el British National Party (Partido Nacional Británico) siguieron esa tendencia, organizando manifestaciones y campañas que defendían la idea de que todos los inmigrantes no blancos fueran deportados del Reino Unido.

Hoy, el Frente Nacional y el Partido Nacional Británico todavía existen como entidades políticas, pero al igual que la mayoría de los grupos de extrema derecha, no ejercen la influencia de la que alguna vez gozaron. Su número de afiliados ha disminuido, principalmente debido a la falta de liderazgo y a conflictos internos.

El grupo que fue prohibido en 2016 como una organización terrorista —Acción Nacional— ha abogado por el asesinato de políticos, por lo que es catalogada como grupo terrorista, ser miembro de la organización se castiga con hasta 10 años de prisión. Hasta ahora, al menos 14 personas en el Reino Unido han enfrentado cargos de terrorismo relacionados con su supuesta asociación con el grupo.

En los extremos del espectro político siempre hay una franja violenta. Sin embargo, “claramente hay un aumento en la actividad en la extrema derecha y se puede ver a partir de pruebas anecdóticas: el tipo de incidentes que hemos visto”, dice Raffaello Pantucci, director de estudios de seguridad internacional en el Royal United Services Institute en Londres. “Siempre ha existido en el Reino Unido… pero siempre ha tendido a estar disperso y desorganizado. Lo que es preocupante recientemente es que lo hemos visto organizarse más”.

Desde 2007, según las estadísticas de la policía y el gobierno sobre el programa antiterrorista llamado Prevent, el número de personas en riesgo de involucrarse en el terrorismo de derecha ha aumentado cada año. De 2007 a 2012, surgieron preocupaciones acerca de 177 personas en el espectro de la extrema derecha. Entre 2012 y 2017, dos mil 489 personas fueron añadidas a la lista. El aumento en el extremismo de extrema derecha fue paralelo a un aumento en el extremismo islamista. Entre 2007 y 2012, mil 560 personas fueron identificadas como vulnerables a quedar atrapadas en el terrorismo islamista, según informes de la policía y el gobierno. Entre 2012 y 2017, ese número se disparó a 11 mil 624.

En Reino Unido, los ataques terroristas inspirados por el Estado Islámico (EI) exacerbaron las divisiones étnicas dentro de las comunidades y dieron lugar a más casos denunciados de agresiones verbales y físicas islamofóbicas. Y cuando el Reino Unido votó para abandonar la Unión Europea, en parte por las preocupaciones migratorias, se envalentonó aún más a la extrema derecha y desencadenó un recrudecimiento de los crímenes de odio con matices raciales. Todos estos factores combinados han creado un ambiente fértil en el que el extremismo ha prosperado.

El grupo entiende la importancia de la imagen y tiene un sitio web pulido, en el que publica videos producidos profesionalmente, organiza campamentos de entrenamiento de estilo militar e instruye a sus seguidores a tener una “apariencia arreglada”. Aquellos que se registran para participar en sus actividades son investigados personalmente y debe completar un formulario de solicitud que les pide explicar sus antecedentes políticos y sus cinco personalidades favoritas de las redes sociales. Los aspirantes a miembros de la organización secreta deben firmar un descargo de responsabilidad que establece que “no son periodistas, activistas o informantes con la intención de grabar audio y video”.

El grupo insiste en que no es extremista ni racista, pero afirma que simplemente quiere preservar la identidad nacional europea y se autodenomina “identitario”. Más allá de su brillante uso de la marca y la semántica, Generation Identity está alineado ideológicamente con la extrema derecha. Su creencia de que los inmigrantes van a extinguir a los europeos blancos, a menos que los europeos blancos se defiendan, es una reminiscencia de la lejana narrativa de la extrema derecha sobre una inminente guerra racial. A diferencia de los grupos de extrema derecha que tenían como blanco a los judíos y a los negros, Generation Identity enfoca su ira en los musulmanes.

La ideología de Generation Identity es en realidad muy extrema”, dice Mulhall, investigador de Hope Not Hate. “Han sido muy inteligentes en términos de su léxico y lenguaje; intentan empaquetar ideas extremas de maneras que atraen a los jóvenes. Hasta ahora es una estrategia que ha tenido éxito”.

Martin Sellner, portavoz europeo de Generation Identity, austriaco de 29 años que estudia derecho en la Universidad de Viena, dijo a The Intercept que “una combinación de inmigración masiva, baja tasa de natalidad y política de multiculturalidad” ponía en peligro a las democracias europeas.

El 9 de marzo, Sellner intentó ingresar al Reino Unido para dar un discurso en Londres, donde un pequeño grupo de miembros de Generation Identity han intentado reclutar gente.

Cuando Sellner llegó al aeropuerto de Luton en Inglaterra, no se le permitió ingresar al país a él ni a su compañera de viaje, Brittany Pettibone, influencer estadounidense y figura de derecha.  Sellner fue detenido bajo la Ley de Terrorismo del Reino Unido y deportado a Viena. La policía le dijo que su presencia en Reino Unido “no era propicia para el bien público” pues incitaría a las divisiones comunitarias.

GettyImages-558231479-edit-1525283789-WEB

Una semana más tarde, en la esquina noreste de Hyde Park en el centro de Londres, 400 personas se reunieron para una manifestación. Robinson, el exlíder de la English Defence League, había anunciado que daría el discurso que se le he había impedido dar a Sellner. Entre la multitud había hombres y mujeres de 20 a 50 años de edad, algunos llevaban banderas de Union Jack y pancartas con consignas contra el Islam.

La multitud comenzó a cantar el nombre de Robinson mientras éste se abría paso hacia el parque a través de un mar de cuerpos, a poca distancia del famoso Marble Arch de Londres. Un grupo de manifestantes, algunos de ellos gritando “Allahu Akbar”, se habían enfrentado a los partidarios de Robinson, y empezó la pelea. En medio de la refriega, un policía fue golpeado en la cara, ya sea con un puño o un objeto. La sangre corría por su mejilla. Apenas capaz de mantener el equilibrio y con aspecto aturdido, uno de sus colegas sacó al oficial de la multitud de cuerpos y lo colocó en la parte trasera de una camioneta de la policía, donde se apoyó contra un asiento y sostuvo una gruesa venda blanca sobre su cara para absorber la sangre.

Antes de que Robinson pudiera hablar, un hombre de mediana edad con un sombrero verde oscuro y una camisa blanca intentó pararse en una caja para declarar su oposición al exlíder de la English Defence League. La multitud, que momentos antes había estado gritando “libertad de expresión”, lanzó insultos al hombre, le arrojó latas de cerveza y le quitó el sombrero de la cabeza. Hubo gritos de “¡cállate!”, y “¡vete a la mierda!” En tanto, el hombre, que parecía nervioso, fue empujado de la caja hacia la multitud.

›Robinson, vestido con pantalones de mezclilla y chamarra negra, repartió copias en papel de su discurso y luego comenzó a leerlo en voz alta. “¡No a la islamización!”, Gritó con vítores. “¡No a la inmigración masiva y al gran reemplazo!”

“La tiranía te ha encerrado desde los días de tu infancia”, dijo. “Te pregunto, te ordeno: ¡Libérate! Patriotas del Reino Unido, salgan del clóset. ¡Hagan visible su disidencia mediante actos de resistencia que inspiren a los demás!”

Los neonazis comparten los mismos valores que sus predecesores, aunque el deseo de violencia está más extendido, algo preocupante para la policía británica y las agencias de inteligencia.

Robinson concluyó con una advertencia para el gobierno británico, diciendo que podría “prohibir al orador pero no puede prohibir el discurso”. Al bloquear el ingreso de Sellner y otros activistas de extrema derecha al país, dijo, el gobierno “volvió a encender el fuego y la lucha de los británicos”.

Robinson se abrió paso entre la multitud, de regreso al santuario de su camioneta blanca. Algunos de sus seguidores se quedaron atrás. Los activistas de Generation Identity repartieron volantes que explicaban su apoyo a la “preservación de la identidad etnocultural”.

Cerca de una valla en el perímetro del parque, varios jóvenes árabes se reunieron detrás de un pequeño puesto, donde estaban dando información sobre el Corán.

Que tantos crímenes hayan sido cometidos por musulmanes es una prueba de que estás causando un daño desproporcionado a nuestra sociedad”, gritó Jamie, un hombre de 26 años que llevaba lentes con montura negra, una chamarra negra, y jeans azules. “Tu religión no es buena para Gran Bretaña”.

“Bueno, aún estamos aquí y no iremos a ninguna parte”, respondió Asem, un musulmán de 29 años, que dijo haber nacido y criado en el norte de Londres. Tenía barba recortada y llevaba una sudadera gris y una gorra de béisbol verde. “Entonces, ¿qué vas a hacer con respecto a mí? No tengo nada en mi registro [criminal]”, dijo. “Que generalices (acerca de) nosotros como religión es una mierda”.

La discusión continuó durante unos 10 minutos hasta que ninguno de los lados tuvo nada más que decir.“No tengo tiempo para esto”, dijo Asem. Dio media vuelta y se alejó, seguido por un grupo de seis de sus amigos. “¡Sí, vete a casa!”, dijo uno de los jóvenes seguidores de Robinson, que se alejó en la dirección opuesta.

La escena era un retrato de las profundas divisiones que existen en este reino desunido. Cuando el sol se puso el sol sobre Hyde Park, la nieve comenzó a caer. La multitud se dispersó, pisoteando los vidrios rotos y carteles esparcidos por el suelo.

Compartir