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Juan Pablo de Leo

No es extraño que las redes sociales se llenen de confrontaciones, insultos y súplicas. Lo que sí llamó la atención fueron las peticiones directas al juez Anthony Kennedy, quien decidió retirarse de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos. Los diferentes usuarios liberales echaban en cara la longevidad de Ruth Bader Ginsburg en la Corte en tiempos de Donald Trump.

Anthony Kennedy, el decano del Supremo Tribunal, anunció su jubilación hace unos días. Desde hace años se volvió el voto definitivo en muchas de las decisiones ideológicamente más cargadas para Estados Unidos: responsable del voto 5 contra 4 en las sentencias que legalizaron el matrimonio entre personas del mismo sexo; preservó Roe versus Wade; suspendió las escuchas sin orden judicial y explotó las restricciones financieras de campaña; anuló la prohibición de armas de fuego en DC y debilitó la Ley de Derechos Electorales. Esa posición lo ha convertido en una de las personas más poderosas del país durante más de una década, sin contar los 18 años que compartió su posición como votante decisivo de la Corte con Sandra Day O’Connor.

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Pero Kennedy, de 82 años, ya es el decimocuarto juez con mayor antigüedad en la historia de la Corte. Según diferentes informes periodísticos, el presidente Donald Trump nominó a Neil Gorsuch, un exempleado de Kennedy, en parte para asegurarle a éste que podía confiar que Trump elegiría su reemplazo. Se rumora que esa fue precisamente la decisión que empujó a Kennedy a irse del tribunal sin preocupación sobre ese reemplazo.

La discusión sobre el futuro de la Corte en Estados Unidos no es menor, pues en tan sólo unos meses en el cargo Trump tendrá la oportunidad de nominar a su segundo candidato. Un privilegio que muy pocos tienen y que coloca a este presidente en una posición única, cuando son pocos los frenos que actualmente ofrece el gobierno de Estados Unidos a las acciones de Trump. La discusión va por el lado de los liberales que afirman que Kennedy empañaba su legado al retirarse, antes de las elecciones, y no cambiar el asiento vacante de la Corte Suprema al presidente Donald Trump; en el otro carril, los conservadores dijeron que Trump le ganó a Kennedy, y que retirarse antes de que los demócratas puedan bloquear al nominado del presidente es en realidad la mejor manera para que el juez nominado por Reagan preserve su legado.

Aunque actualmente la Corte Suprema de Estados Unidos tiene ya un giro conservador de 5 contra 4, el voto del recién nominado Brett Kavanaugh representaría una de las decisiones más importantes de la presidencia de Trump. La nominación de Kavanaugh es el fusible de una dura batalla política que coloca a la Corte en un camino conservador en las próximas décadas. La selección del juez federal de apelaciones fue la señal de euforia en la derecha y confirmó muchos de los temores del sector progresista.

En Estados Unidos la decisión de cada presidente sobre sus candidatos a ocupar las vacantes en la máxima casa de decisiones jurídicas tiene relevancia hacia el mediano y largo plazo del país en direcciones políticas, sociales, económicas y hasta morales; tienen resonancia en la última palabra que el Tribunal pueda tomar sobre los temas más controversiales que conducen ideológicamente al país. En ese sentido actualmente son varios los temas pendientes en la agenda de la Corte que pueden dar un auténtico “golpe de timón” hacia el estado conservador que refleja la sociedad.

›Con la salida del juez Kennedy, probablemente no cambien las decisiones en temas como el financiamiento de campañas electorales y la corrupción; la mayoría de los casos de regulación comercial y votación; los derechos a usar armas o la libertad religiosa, etcétera. La tendencia conservadora de la Corte en los últimos años se ha encargado de votar en favor de las visiones “tradicionales” en dichos posicionamientos.

Lo que sí cambiaría son las decisiones sobre asuntos en los que Kennedy ha ayudado a mantener un consenso 5-3 de centro-izquierda. Sin ser un juez de corte liberal, ni mucho menos, había ayudado a mantener el statu quo en casos emblemáticos que han marcado el precedente legal en los Estados Unidos. Uno de ellos: Roe versus Wade, que marcó un parteaguas en las formas en las que los casos juzgados por aborto son llevados en los Estados Unidos. El caso ha estado bajo ataque en la nueva plataforma política ultraconservadora del partido Republicano y será empujado constantemente con la presencia de jueces pro Trump y conservadores que pueden votar diferente.

Con el Senado y Congreso de su lado, Donald Trump ha encontrado el único contrapeso en las cortes. Ahora con dos nominados en dos años, en una Suprema Corte ya de por sí conservadora, tendrá un aliado más que un contrapeso. Más allá del tema del aborto y otros puntos sociales, la parte migratoria puede terminar en esa arena como ocurrió con la prohibición migratoria de personas provenientes de países musulmanes. Una restricción que a final de cuentas fue aprobada y permitida tras una larga discusión.

A reserva de lo que ocurra con el poder legislativo en las elecciones intermedias, la influencia de la Corte estará con Trump por el resto de su presidencia. Lejos quedaron las nominaciones de diversidad que Barack Obama impulsó con Sonia Sotomayor y Elena Keagan. Ahora los límites que tiene Trump a sus poderes presidenciales se amplían con jueces que le favorecen en la conducción ideológica de una sociedad que busca en el ultraconservadurismo, el nacionalismo, el autoritarismo y la creación de leyes draconianas el sustento a un mensaje de odio que maneja a todas luces la política en la Casa Blanca.

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