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Ricardo Eguia

En el medio de la indignación y el clamor nacional por las tragedias de Iguala y de Tlataya…cuando la comunidad Internacional nos ubica al final de la cadena evolutiva darwiniana, el país debe hacer frente a un proceso electoral donde votará el 60% del padrón en las elecciones concurrentes del 2015.

Ante ese sacudimiento telúrico…cuando el país parece estar de regreso en los viejos y terribles tiempos de la irracionalidad, de la crueldad ilimitada, del odio, del resentimiento social por carencias acumuladas de muchas generaciones; cuando las premisas de la estabilidad presupuestal se vuelven endeblespor la caída en picada de los precios del petróleo; se debilita el peso por la deuda pública, el déficit y la salida de los «capitales golondrinos» y México sigue ahogándose en el nudo gordiano de la pobreza que lacera a 46 millones, del desempleo masivo, salarios misérrimos, mercado interno estancado e inflación alimentaria desbordada, los partidos políticos, hoy menos que nunca pueden volver a operar con las mismas envejecidas, prepotentes y envilecidas prácticas antidemocráticas de postular candidatos bajo el abominable formato de las camarillas repartiéndose el botín ni de las cuotas de facción y de los grandes intereses económicos por donde se cuelan el nepotismo, el saltimbanqueo eterno y la incursión forzada en la política de las élites aristocráticas que hacen de la política solo pingues negocios y con ello alejan al Congreso y a los partidos de lo verdaderos intereses nacionales y de las mayorías que han terminado por abominarles concitando su total rechazo y su condena por la ausencia total de compromisos con la ciudadanía.

¡Los partidos políticos, la clase gobernante y los grandes empresarios codiciosos deben entender que el país no está para triunfalismos…que hay muy poco de que solazarse…que las evidencias los deben obligar a comprometerse con responsabilidad y no como si estuviéramos en jauja…que nunca más que ahora para prestar atención mayúscula a la terca realidad!

Los hechos abominables, los expedientes sangrientos del crimen organizado y las profundas heridas socio económicas que tienen postradas a las mayorías no deben ser pretexto para rehuir, menos para malograr el futuro.

Las enormes tragedias de Iguala y de Tlataya no deben ser sacadas de contexto para crear una maraña de especulaciones, propaganda politiquera que galvanice aún más la indignación nacional ni ser pretexto para ganancias politiqueras echando más leña al fuego…

Para evitar la ausencia de futuro en el ánimo popular, los partidos políticos no solo deben encabezar la exigencia para el esclarecimiento pleno, con pruebas irrefutables y sin chivos expiatorios de las catástrofes abominables perpetradas por la criminalidad, así como de los procesos y condenas a los autores intelectuales, cómplices, así como de los funcionarios públicos coludidos u omisos pero inodados en los abusos de autoridad ejercicio indebido de funciones, encubrimiento e incumplimiento de obligaciones, sino también en paralelo revisar sus anacrónicos métodos de imposición de candidatos con incuria, esto es la misma negligencia y descuido como hasta ahora irresponsablemente lo han venido haciendo en beneficio del grupismo, los clanes, las cofradías y con total desdén por la militancia real, designaciones por cuotas y al desgaire en materia de ética, de moral, de cuidado y de verdaderos compromisos con la ciudadanía.

Dejar pasar el tiempo cuando como en Guerrero hoy se tiene un gravísimo problema, es la peor de las estrategias y caeríamos al 4to mundo como Haití, Somalia y otros y sin haber salido nunca del tercermundismo atroz si dejamos que se sigan balanceando ominosas la miseria, la pobreza y la desigualdad aberrantes, colgadas de las telarañas de la corrupción oficial que descuella entre la barbarie y la impunidad refocilándose en constante y macabra fruición.

Alguien dijo y no sin razón que mientras México siga siendo un país de pobres, seguirá siendo un país violento.

De ahí que los partidos políticos y la clase gobernante no pueden ni deben tratar de ignorar los problemas ancestrales de la economía ficción que empezarán a hacer eclosión, mucho menos abandonarse en el «savoir faire» de la refinación sibarítica de las minorías ahítas pero insaciables…esas minorías que son las primeras que saltan, huyen cuando empieza a escorar o a naufragar el barco…son esas élites privilegiadas que históricamente han demostrado cobardía y deslealtad con el país del que se enriquecen sin bridas, con prisas y sin pausas.

«El ruido y la furia» se hacen patentes porque no hay oportunidades de estudio ni de empleo para los jóvenes; no hay seguridad mínima para la población mayoritaria honesta que trabaja, paga impuestos y/o que respeta la ley; escasea la moral pública la eficacia y el sentido de responsabilidad en los tres niveles de gobierno, en el Poder Legislativo y en el Judicial; siete de cada diez, cuarenta y cuatro millones de mexicanos no tiene ingresos suficientes ni para adquirir la canasta básica; los servicios médicos y de salud en el IMSS ISSSTE son deplorables, campea el abandono, la majadería y la corrupción; es nula la prevención de los delitos y total la impunidad, prevalece el «imperio» de la corrupción arriba (élites) y abajo (lumpen criminal) empeoran los salarios; se desploma el poder adquisitivo; ante la falta de oportunidades crece esponencialmente la informalidad laboral y en materia educativa la reforma es solo un proyecto proliferando las escuelas sin maestros, sin baños y sin agua…

 

Esa fórmula de no hacer frente a problemas ancestrales, perder el tiempo en más promesas y sin resultados es letal para el país.

Al prevalecer un sistema social y económico fracturado; una economía estancada que solo recauda el 10% del PIB y se gasta el 21% de ese PIB; que financia sus ingresos fiscales con el 33% que le exacciona a «Pemex» y un déficit creciente por no haber realizado una Reforma Fiscal integral donde pagaren más los que más ganan; donde sin esos enormes aunque mermados ingresos petroleros el boquete presupuestal será insalvable cuando lleguen las trasnacionales a competirle a la ex-paraestatal; cuando la reforma energética ni mágica ni inmediata sea a más largo plazo; cuando por la violencia las inversiones extranjeras se postergarán y el endeudamiento con déficit crecen y si lasempresas nacionales y extranjeras solo vienen a pedir subsidios con la manida y nunca cumplida promesa de crear empleos; vengan por más privilegios para saquear y contaminar y luego huir o pedir rescates al Estado mexicano; si se sigue desnaturalizando el trabajo humano; si nunca llegan loscréditos a las Pymes ni menos a las Mipymes y si los fanatismos ideológicos se nutren de la desesperanza, el odio y el terrorismo, es obvio que  está amenazada la democracia y es obligación de la clase gobernante y de los partidos políticos superar anacronismos y hacer buena política de cara a la población.

Partidos y clase política ante la situación asaz difícil por la que atraviesa el país, deberán servir a una causa mayor que la de sus propios intereses.

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