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Manuel Lino / Los Intangibles.com

Por muchos años, la antigua civilización maya se ha tomado como una especie de contraejemplo de lo que serían las prácticas sustentables. El colapso, aún no explicado y que había iniciado años antes de que llegarán los conquistadores europeos, podía tener diversas explicaciones, una de ellas ha sido la sobreexplotación agrícola que habría empobrecido la tierra y condenado al hambre a las diversas ciudades estado que conformaban esta civilización. 

agricultura maya

La agricultura también habría sido la causa de que se destruyera la selva hasta niveles tales que habría causado un cambio climático y la gran sequía de varios años que se ha identificado como unas de las principales causas del colapso.

Sin embargo, un nuevo estudio podría cambiar diametralmente las ideas que se tienen sobre la agricultura maya, desde las tecnologías que usaban hasta su relevancia y uso en las economías de las ciudades estado. 

Una visión de lo invisible

Desde finales de los años 90, Andrew Scherer, investigador del Departamento de Antropología de la Universidad de Brown, empezó a estudiar el área ubicada en la cuenca del río Usumacinta entre México y Guatemala. 

“A menudo los arqueólogos hemos estado limitados por las tecnologías disponibles, y trabajar en un ambiente de jungla es muy desafiante, así que tienes que ser selectivo, no puedes hacer un análisis del 100% de un territorio, no es físicamente posible”, comenta en entrevista con ejecentral Whittaker Schroder, del Center for Latin American Studies y el Florida Institute for Built Environment Resilience, quien se sumó al proyecto en 2013. 

Sin embargo la tecnología tuvo un avance espectacular con el invento de la Detección y Medición por Medio de Imágenes Láser (LIDAR por su sigla en inglés) que permite mapear topológicamente un área al sobrevolarla, pues penetra en el dosel de los árboles detecta formas tridimensionales ocultas bajo la vegetación. 

De hecho, hace apenas un mes Takeshi Inomata y su equipo publicaron el descubrimiento de alrededor de 500 sitios ceremoniales también en el sur de México, cosa que lograron con datos obtenidos por LIDAR recopilados y abiertos al público por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi).

Sin embargo, explica Schroder, los datos que tiene Inegi son de una resolución relativamente baja, pues el tamaño mínimo de un objeto para ser detectado es de cinco metros cuadrados. “Para tener información de LIDAR sobre sitios agrícolas necesitábamos mayor resolución, cómo mínimo una resolución de un metro”, dice el arqueólogo.

Así que contrataron al National Center for Airborne Laser Mapping, de la Universidad de Houston, para que sobrevolara un avión por el área y colectara la información (con permiso por parte de México, por supuesto) y también utilizaron un dron grande, pues el equipo LIDAR es pesado y voluminoso. 

Aunque, curiosamente, Schroder comenta que los primeros indicios de que había rastros de agricultura intensiva los vieron en Google Maps. “LIDAR es caro, es un proceso en el que quieres gastar tu dinero sabiamente”. Por eso el área que mapearon tiene la forma de un rectángulo vacío, como el marco de una pintura, con un área de 331 kilómetros cuadrados donde pudieron ver las inmediaciones de tres distintos centros urbanos que ahora llevan los nombres de Piedras Negras, La Mar y Lacanja Tzeltal, y más adelante mapearán el interior del marco. 

Pero, ¿qué rastros que sean notables siglos después desde el aire puede dejar la agricultura?

Los rastros del aprendizaje

agricultura maya

“El área sigue siendo agrícola. Así que lo que leemos con  el LIDAR es el paisaje como es actualmente. De ahí tenemos que tratar de interpretar cómo se veía en el pasado”, explica Schroder. “No podemos detectar la rotación de cultivos o las milpas, lo que sí podemos detectar es cuando practicaban lo que se conoce como agricultura intensiva”. 

La agricultura intensiva se refiere a cualquier tipo de técnica agrícola desarrollada para aumentar la productividad, y eso, en el caso de los antiguos mayas incluía la construcción de terrazas en las pendientes de las colinas para expandir el área de cultivo y de lo que se conoce como campos canalizados. 

En áreas muy húmedas o que se inundaban estacionalmente, los mayas construían canales que servían tanto para drenar el agua durante la época de lluvias como para mantener los niveles de humedad durante la época de sequías. Y esto se puede ver con LIDAR porque los canales típicamente se hacían siguiendo un patrón de cuadrícula y cubrían áreas muy grandes. 

“Sabemos que no son actuales porque no hay gente plantando de esa forma en la actualidad”, aclara Schroder. 

Otra ventaja de usar LIDAR es la posibilidad de explorar sitios que a los que no entrarías: “Si estás buscando sitios arqueológicos a pie, evadirías los pantanos, es algo que simplemente tiene sentido: ves un pantano y piensas: no me importa, sabemos que ahí no vivía la gente…” Pero en esta investigación, los pantanos “resultaron ser tan importantes como las zonas urbanas, si querías saber cómo se mantenía la gente”. 

A los antiguos mayas se le usa como un ejemplo de “una sociedad que se sobre desarrolló, que taló la selva, cortó árboles, que acabó con la vegetación por el método quema y roza con el que solo puedes plantar por algunos años y tienes que moverte a otro lugar para seguir plantando y aunque puedes rotar los cultivos, hay un riesgo de que vayas a talar demasiada jungla”.

Pero las áreas pantanosas no tienen muchos árboles porque no pueden crecer en pantanos, explica que Schroder, así que si los mayas las usaban de manera intencional, “puede sugerir que estaban conscientes de este problema y que no querían cortar demasiada vegetación y que querían manipular el paisaje de una manera que fuera más sostenible”. 

“Sabemos que los mayas habían vivido en la región por cientos de años, creo que seguramente habían aprendido algo en este tiempo; cometieron errores pero también se recuperaron de los errores, se habían  adaptado a vivir en ese ambiente y tenían maneras muy impresionantes de gestionar el paisaje. No creo que eso sea muy sorprendente, lo que creo que es sorprendente de este análisis es el tamaño de estos campos agrícolas, no esperábamos que fuera tan vasto”.

Abundancia y resiliencia

El análisis arqueológico de los 331 kilómetros cuadrados para los que se obtuvieron datos de LIDAR se interpretó con base “en décadas de estudios y excavaciones arqueológicas en tierra, así como en un rico registro histórico extraído de monumentos de piedra inscritos”, señalan los investigadores en el reporte de investigación publicado en la revista Remote Sensing el 14 de octubre de 2021.

La investigación logró demostrar que los tres reinos vecinos ubicados en valles adyacentes diferían en sus formas de agrupar estructuras urbanas, en las distribuciones de la infraestructura agrícola e incluso en sus prácticas económicas durante el período Clásico (del 350 al 900 después de Cristo). Los autores incluso califican estas diferencias de “dramáticamente contrastantes”.

Sin embargo, los tres valles coinciden en que “la extensión y abundancia de la infraestructura agrícola intensificada en la zona de estudio es sorprendente, considerando las densidades de población relativamente bajas”. 

De hecho, los niveles de población de la región se encuentran entre los más bajos, mientras que su inversión en intensificación agrícola es relativamente alta.

Además, los autores proponen algunas hipótesis de cómo funcionaba la economía de la región. Por ejemplo, en los asentamientos que carecían de terrazas y campos de humedales, como en las inmediaciones de Piedras Negras, los pobladores se dedicaban a la agrosilvicultura o la producción de bienes no agrícolas. 

Otra hipótesis es que la infraestructura agrícola representó “una inversión en la reducción de riesgos”, pues permitía “la retención de la humedad del suelo durante los períodos de sequía y la producción de excedentes agrícolas que protegieron a las comunidades contra la pérdida de cultivos por la guerra y la inestabilidad climática”. 

Epílogo para informar al futuro

Los antiguos mayas han sido usados como una historia aleccionadora, como una lección o advertencia: ¿Qué pasó con la civilización maya, por qué colapsó? Sin embargo, los resultados de este estudio podrían cambiar este enfoque. 

Primero, porque no pretenden responder a esas preguntas y, segundo, porque más bien señalan una parte importante de lo que hicieron bien los antiguos mayas, algo que podría servir a la zona actualmente.

De hecho, los autores proponen que, aunque las circunstancias son distintas a las prehispánicas, con factores económicos modernos como el comercio internacional, los mercados locales y las prácticas de propiedad y usufructo de la tierra, “argumentamos que un conocimiento más detallado y completo de las transformaciones del paisaje antiguo puede informar las prácticas de uso de la tierra en la actualidad”. 

En el reporte, comentan que en Chiapas, en las mismas zonas de los antiguos campos canalizados, que podrían tener una productividad continua y un potencial importante como amortiguador contra las frecuentes sequías modernas, muchos de los humedales “están siendo drenados y entregados a la ganadería y plantaciones de palma aceitera. Estas actividades están empujando a los agricultores de subsistencia contemporáneos a quemar y sembrar laderas sin terrazas con pendientes mucho más pronunciadas que las utilizadas por los antiguos agricultores”. 

Una diferencia más llama la atención: Mientras los antiguos pobladores de la zona usaban y desarrollaban la tecnología agrícola más avanzada de la época para aumentar la productividad, los actuales agricultores no solo carecen de aquella, de los equivalentes contemporáneos y de las capacidades e infraestructura para desarrollarlos por su cuenta, sino que, además, el discurso oficial se limita a convocar el respeto a las técnicas, en especial las que dieron origen a las diferentes variedades de maíz, que se desarrollaron hace siglos. 

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