De dichos, encargos y el Olinia

12 de Junio de 2026

De dichos, encargos y el Olinia

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Rodrigo Ponce de León Treviño

Los dichos son sabiduría popular, por eso las abuelitas decían: “Solo un loco hace siempre lo mismo, esperando un resultado diferente”. Y bueno, parece que la 4T lo volvió a hacer: Meterse en terrenos fuera de los linderos de su incumbencia para desarrollar, presentar y festejar como un logro el Olinia, un vehículo eléctrico prácticamente fusilado de alguna página china. Si confío en que es un diseño propio, me asaltan las dudas: ¿Por qué se parece tanto a los vehículos chinos que se promocionan hasta en Alibabá? ¿Era necesario proyectarlo con esa carencia absoluta de sentido estético? ¿Acaso fue encargado al mismo ingenuo que escogió esa desafortunada combinación de colores que ahora nos hacen llorar los ojos tan solo mirarlos en las contenciones y puentes peatonales de la CDMX?

Y el problema no es ese, es pretender que un vehículo así pueda tener algún éxito en nuestro país, o en cualquier otro, para tal efecto. El antecedente es claro: en 2008 el hoy finado magnate indio Ratan Tata tuvo el sueño de acercar la movilidad digna al pueblo hindú con su Tata Nano a un precio de lanzamiento de 2,000 dólares. De inmediato fue bautizado como “El auto más barato del mundo” lo que dañó el orgullo de los posibles compradores, resultando en un auténtico fracaso comercial. Con prestaciones similares a Olinia, nadie quería verse subido en un auto cuya sola presencia anunciaba que al interior estaba alguien que no pudo alcanzar algo mejor en la vida, al grado de preferir subir a toda la familia en un tablón amarrado perpendicularmente al asiento de la motocicleta -práctica muy común en ese país- y tan segura como operar una secadora de pelo bajo una lluvia torrencial.

Olinia es un vehículo que entre otras exquisiteces carece de bolsas de aire, de frenos ABS, de asistencias electrónicas al manejo, aire acondicionado, y aunque tenga cinturones de seguridad de tres puntos, es tan seguro como conducir en una de esas carreras de avalanchas que organiza RedBull. Tampoco es apto para carretera porque solo es capaz de desarrollar 50 km/hr. y tiene una autonomía limitada a 125 km. Y ya no pregunto cuántas estrellas de seguridad tiene en Latin NCap porque ahí habitualmente todas las pruebas de impacto se hacen sobre 65 km/hr. ¡Y todo esto, por 150,000 pesos!, rango en el que puedes pensar en enganchar un subcompacto completo o una motocicleta de buen nivel.

Definitivamente no imagino a Hitler en la Alemania nazi diciéndole a Ferdinand Porsche: “Venga inge, fusílese un diseño extranjero para que el Tercer Reich anuncie con bombo y platillo el auto del pueblo” -el histórico, bien diseñado y multi vendido Volkswagen-. No se aprendió nada del fracaso del Tata Nano, ni del éxito del Volkswagen y “el que no recuerda la historia, está obligado a repetirla”. Suerte con la comercialización del engendro del bienestar. Y pregunta de rigor: ¿Expondrías a tu familia a bordo de un vehículo así?