El silencio del embajador del sombrero

18 de Junio de 2024

Dolia Estévez
Dolia Estévez

El silencio del embajador del sombrero

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La filtración ilegal de información confidencial de una ciudadana es un abuso del poder presidencial que en otros tiempos hubiera merecido la reprobación del emisario de Washington en México. Más aun cuando el blanco es María Amparo Casar, presidenta de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), organismo no gubernamental que recibe financiamiento del gobierno de Estados Unidos y que consecuentemente goza de la confianza de Washington. Sin embargo, el embajador Ken Salazar guardó silencio pese a que 24 horas antes, con motivo del Día Mundial de la Libertad de Prensa, destacó el papel de la sociedad civil y los medios informativos en México como garantes de la transparencia y la rendición de cuentas.

Por denostar a periodistas, miembros de la sociedad civil y académicos que ejercen su derecho de crítica fue señalado México en el reciente reporte sobre derechos humanos del Departamento de Estado. Es probable que Salazar comparta la preocupación de la dependencia en teoría, pero en el caso práctico de Casar está con López Obrador. En 2022, Salazar citó a Casar a su residencia para interrogarla sobre si MCCI estaba “secretamente” involucrado en política, como acusa AMLO. Quería que admitiera que tiene agenda política contra el presidente. Sorprendida, Casar respondió que no, explicándole que los auditores del gobierno de Estados Unidos habían determinado una y otra vez que el grupo es apolítico. De acuerdo con la versión del encuentro en The New York Times, Salazar insistió, “¿Por qué tendría que creerte?”, a lo que Casar respondió: “La única prueba que tengo es mi palabra”. Antes de levantarse abruptamente y dar por terminada la reunión, Salazar lanzó: “Esto no huele bien”.

AMLO presionaba para que Washington dejara de subvencionar a MCCI. Salazar había transmitido la preocupación a sus superiores convencido de que su gobierno estaba ayudando a los adversarios políticos de AMLO. Pero, pese a que la Casa Blanca le informó que Estados Unidos no le retiraría el financiamiento a MCCI, Salazar le dijo a su personal que tenía dudas sobre el grupo y quería investigarlo, motivo por el que convocó a Casar, según el diario neoyorquino. Defensivo, Salazar dijo que tenía todo el derecho de tocar temas “legales y éticos” con un beneficiario de fondos estadounidenses. “Alguien puede decirte muchas cosas que simplemente no son verdad”.

El caso de Casar es parte de un patrón que sugiere que, como algunos temen en Washington, la obsequiosa actitud de Salazar con AMLO es un riesgo para los intereses estadounidenses. Lejos de expresar desacuerdo con la embestida de AMLO contra las instituciones autónomas, guarda silencio o coincide con él como cuando dijo que cree que hubo fraude en las elecciones de 2006, versión largamente desacreditada. Salazar defiende su cercanía con AMLO argumentando que está rindiendo frutos y que los temas espinosos los trata en privado. En efecto, gracias en gran parte a esa extraña relación, AMLO ha cedido prácticamente a todas las demandas estadounidenses para cerrarle el paso al flujo récord de migrantes que se dirigen a la frontera norte. Seguido se ve a Salazar bajarse de su SUV frente a Palacio Nacional para entrevistarse con el presidente fuera de agenda, a veces por más de dos horas. De acuerdo con los protocolos, la embajada informa por escrito al Departamento de Estado sobre lo que hablan, pero en México no se conoce registro alguno. Lo poco que trasciende es lo que el presidente quiere que trascienda.

López Obrador sabe que, en el tema prioritario de la migración, que puede decidir el resultado de la elección presidencial en Estados Unidos, tiene a Washington de rodillas. Como si fuera su segundo deporte favorito después del beisbol, no tiene empacho en atacar visceralmente a Estados Unidos desde la tribuna, a sabiendas de que Washington no va a reaccionar. Chantajista y manipulador, disfruta tener a Biden y a su equipo comiendo de la mano. No lo tocan. AMLO está en el mismo nivel de los autócratas intocables de Arabia Saudita, Turquía y Bukele. Sin embargo, sacrificar temas de la agenda bilateral tradicional como la defensa a la democracia y los derechos humanos a cambio de la cooperación antinmigrante, es un error que a la larga puede tener resultados contraproducentes en ambos lados de la frontera.

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