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Manuel Lino / Los Intangibles.com

Sí podía saberse. Es más, se sabía. Desde hace más de 30 años, algunas voces en la comunidad científica habían advertido del riesgo de una pandemia como la que estamos padeciendo ahora de Covid-19. Tuvimos varios avisos: la de influenza de 2009, la del SARS, la del MERS, y hasta la del VIH del siglo pasado.

Aun así, cuando llegó el SARS-CoV-2 casi nadie, incluyendo a los científicos que habían hecho advertencias, estaba en realidad preparado para reaccionar. 

Para la comunidad científica, “la presión para dar respuestas y la falta de precedentes y preparación, combinada con severas presiones políticas y sociales, ha hecho que este sea un momento increíblemente desafiante”, dice Kamila Markram, directora ejecutiva y cofundadora de Frontiers, una empresa de comunicación científica especializada que recientemente publicó los resultados de una encuesta a nivel mundial para evaluar las reacciones y el sentir de los académicos ante la pandemia. 

La encuesta fue hecha en mayo y junio de 2020 con las respuestas de 25 mil 307 integrantes de la comunidad académica que de alguna manera, ya sea como editores, revisores o autores, se relacionan con Frontiers Media y que representan a diversos países, funciones y áreas de investigación. Cabe añadir que sólo se reportaron los resultados de los países donde se alcanzó un nivel aceptable de confiabilidad y representatividad. 

Markram agrega: “No estábamos preparados para el Covid-19, a pesar de las advertencias de una pandemia, y recién ahora estamos comenzando a comprender el costo de nuestra complacencia. Las consecuencias de continuar sin responder a las amenazas futuras, particularmente la emergencia climática, serán mucho peores y potencialmente irreversibles si no actuamos ahora”.

50 por ciento  de los científicos a nivel mundial considera que el esfuerzo de la comunidad científica para enfrentar los retos que plantea Covid-19 son valiosos, pero aún insuficientes.

La atención de los gobiernos

Uno de los temas en los que se notan más diferencias de opinión y experiencia a nivel mundial es en la percepción de la respuesta política ante la pandemia. De manera poco sorpresiva, ante la pregunta “¿Qué tan de acuerdo está con la frase ‘Los tomadores de decisiones han tomado en consideración recomendaciones científicas durante la pandemia’?”, el país donde hubo más respuestas “En desacuerdo” y “Muy en desacuerdo” (66%) fue Estados Unidos, donde se han registrado el mayor número de muertes por la enfermedad. Muy de cerca estuvo Brasil (64%), seguido por Chile (57%) y Reino Unido (56%).

México tuvo un 42% de respuestas “En desacuerdo” y “Muy en desacuerdo”; poco menos que España, que tuvo 45 por ciento. El único país latinoamericano que se mostró “De acuerdo” o “Muy de acuerdo” con la frase fue Argentina.

›Para Peter Gluckman, presidente de la Red Internacional de Asesoramiento Científico Gubernamental, estos sugieren que hay países que “lo están haciendo bien: aquellos que tomaron decisiones tempranas de bloqueo, han tenido una experiencia previa similar, por ejemplo con el SARS, y quienes reconocieron la ciencia como clave para la toma de decisiones sobre el manejo de una pandemia”.

Aun así, los investigadores en general, independiente del país donde trabajan, consideran que es necesario que los tomadores de decisiones y formuladores de políticas públicas inviertan más en investigación básica y que se busquen mejores formas para que se asesore desde la ciencia en políticas públicas y la toma de decisiones. Pero al menos en el primer tema, la mitad de los investigadores encuestados temen que la pandemia tenga un efecto duradero en la falta de financiamiento. Esto resulta especialmente notable en América Latina, pues cuatro países de la región encabezan la lista de quienes consideran que el financiamiento no regresará en el futuro a su área de investigación. 

México ocupa el cuarto lugar de la lista, pero cabe recordar que la encuesta se hizo en mayo y junio, antes de la extinción de 91 fideicomisos que estaban vinculados a proyectos de ciencia.

En el otro extremo de la tabla, donde se espera que el financiamiento regrese a la normalidad, se encuentran países del norte de Europa (Suecia, Suiza y Noruega), Japón y China.

editoriales,  Wiley, Springer, Taylor & Francis, Elsevier y SAGE son dueñas de la mayor parte de las revistas especializadas.

La controversia y el Plan S

La comunicación ha sido el renglón del quehacer científico que más cambios ha tenido durante la pandemia: Las editoriales de ciencia están distribuyendo gratuitamente todos los artículos de investigación que se refieren a la pandemia de Covid-19 y sus consecuencias, se están publicando artículos antes de pasar una revisión por pares y se está dando acceso gratuito a bases de información sobre el tema. 

El tema, y sobre todo el negocio, de la comunicación entre pares ha sido muy controvertido por décadas, pues las cinco grandes casas editoriales que son dueñas de la mayor parte de las revistas especializadas (Wiley, Springer, Taylor & Francis, Elsevier y SAGE) cobran alrededor de 40 dólares por el acceso a un artículo de investigación.

›Todavía a mediados del siglo XX, publicar ciencia no era una actividad lucrativa. Empezó a serlo cuando el empresario, político y se rumora que espía Robert Maxwell compró una pequeña editorial de libros de texto llamada Pergamon, que fue el inicio de un imperio de medios. A la muerte de Maxwell salieron a la luz las trampas y deudas (incluyendo, por ejemplo, una de cientos de millones de libras al fondo de pensiones de sus empleados) sobre las que había construido su fortuna.

Actualmente, una universidad de buen tamaño debe pagar al menos 10 a 15 millones de dólares para estar suscrita a una cantidad aceptable de revistas especializadas, lo cual resulta un negocio muy lucrativo, pues la editorial no le paga a sus autores, que son investigadores cuyo salario pagan las universidades, ni a sus revisores, que son también investigadores. Se calcula que el margen de ganancia de, por ejemplo, Elsevier, es 36%, superior incluso a los de Google o Amazon.

Como la mayor parte de las universidades se pagan con dinero público o, en algunos países, con donaciones, ha habido muchas quejas porque el acceso al conocimiento, pagado con impuestos, no sólo no sea gratuito sino que además sea tan rentable para unas cuantas empresas.

30 a 40  dólares  en promedio cuesta el acceso a un artículo de investigación de las revistas de más prestigio.

Ante esta situación, desde hace unos años se han generado revistas de acceso abierto que se mantienen de las cuotas (moderadas) que pagan los investigadores o sus universidades para publicar en ellas. Muchas de ellas, además, logran mantener un alto estándar de calidad en la investigación que publican, que era una de las dudas que había sobre este modelo, pero aún están en desventaja con el prestigio de las publicaciones de los grandes sellos.

Desde antes de la llegada de Covid-19, los esfuerzos por hacer más accesible la publicación científica habían comenzado, en especial con el llamado Plan S, que se lanzó a finales de 2018. Iba a comenzar a implementarse este año pero, desde mediados del 2019, se pospuso para 2021, para dar a los investigadores y (sobre todo) editores más tiempo para adaptarse a los cambios.

El plan fue lanzado por un grupo de 11 agencias principalmente europeas (ahora son ya 19) que se dedican a financiar investigación científica, y que se hacen llamar Coalition S. Su idea es que exigirán a los científicos que financian que sus artículos sean de lectura gratuita inmediatamente después de su publicación y que deben tener una licencia que permita a cualquier otra persona descargar, traducir o reutilizar el trabajo.

¡Ninguna ciencia debería estar encerrada detrás de muros de pago! dijeron en el documento de presentación del Plan S, publicado el 4 de septiembre.

La Covid-19 llegó a acelerar ese cambio. A mediados de octubre pasado, un grupo de 52 editoriales están haciendo un sistema para que todos los resúmenes de los trabajos de investigación sean de lectura gratuita en un solo lugar, en un formato legible por máquina y fácil de buscar. 

Por su parte, los investigadores están reconsiderando cómo comparten su trabajo. En Chile, Colombia, India, China, Brasil y México es donde los autores más se pronuncian por estar abiertos a publicar acceso abierto, compartir sus datos y utilizar servidores de preimpresión. Sin embargo, la diferencia en este caso no parece radicar solo en qué tanto fueron afectados por la pandemia, pues entre los menos dispuestos a compartir de manera gratuita están Estados Unidos, Nueva Zelanda, Australia, Suecia y Países Bajos, que son justamente algunos de los países donde más ciencia se genera y donde investigadores y universidades tienen más oportunidades de pagar artículos y suscripciones de revistas especializadas. 

52 editoriales  lanzaron una iniciativa para que todos los resúmenes de los trabajos de investigación sean de lectura gratuita en un solo lugar.

Epílogo para futuros desastres

Es evidente que el hecho de que la forma de hacer y comunicar la ciencia cambie es irrelevante si este cambio no beneficia a la sociedad. En ese sentido, la pandemia del SARS-CoV-2 si ha despertado un mayor interés por la prevención en los investigadores. Las preocupaciones sobre pandemias futuras (28%) y el cambio climático (21%) encabezaron la lista de desastres futuros que pueden mitigarse con la ayuda de la ciencia, según los encuestados por Frontiers.

“Los investigadores han advertido a los legisladores durante 30 años que estamos dañando el medio ambiente natural a un ritmo insostenible. Sin embargo, la deforestación, la contaminación del aire y el agua, la agricultura intensiva y  la degradación del medio ambiente en general continúa empeorando. Debemos pensar en cómo podemos cambiar fundamentalmente nuestra relación con el mundo natural. Lo único positivo que podemos sacar de esta pandemia es que podría ser el catalizador de dicho cambio e inculcar un mayor sentido de urgencia y responsabilidad”, dice Kamila Markram. 

Debemos pensar en cómo podemos cambiar fundamentalmente nuestra relación con el mundo natural. Lo único positivo que podemos sacar de esta pandemia es que podría ser el catalizador de dicho cambio e inculcar un mayor sentido de urgencia y responsabilidad”. Kamila Markram,  directora ejecutiva y cofundadora de Frontiers Media.

”No estábamos preparados para el Covid-19, a pesar de las advertencias de una pandemia, y recién ahora estamos comenzando a comprender el costo de nuestra complacencia. Las consecuencias de continuar sin responder a las amenazas futuras, particularmente la emergencia climática, serán mucho peores e irreversibles si no actuamos ahora”, Kamila Markram, directora ejecutiva y cofundadora de Frontiers Media. 

Equipo colaborativo 

Proporción de investigadores que consideran que ellos o sus instituciones están dispuestos a colaborar en la creación de una fuerza de trabajo para afrontar los retos que impone la pandemia:

PaísPorcentaje
Colombia91
Brasil 90
Portugal88
Chile88
Sudáfrica88
Argentina85
México83
Corea del Sur58
Japón35

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