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Juan Carlos Rodríguez

La pandemia de Covid-19 no sólo incrementó la inseguridad alimentaria en la mayoría de la población mexicana, sino que además deterioró la calidad de la alimentación.

Un estudio publicado en el número más reciente de la Revista Salud Pública revela que 39.5% de los hogares mexicanos tuvieron cambios negativos en su alimentación en el 2020.

Esto significa que en cuatro de cada diez hogares del país se redujo el consumo de alimentos considerados sanos y nutritivos, y se elevó la ingesta de comida chatarra.

En este segmento de la población, el cambio más radical se registró en las carnes, aves y pescados, pues su consumo bajó en 65.6% de los hogares.

Le siguen las frutas (en 59.5% de los hogares se redujo la ingesta) y las verduras (en 51% de las casas disminuyó su consumo).

En el 13.7% de los hogares con deterioro en la calidad de su alimentación se incrementó el consumo de botanas, en 13.4% el de pan dulce y en 11.9% el de bebidas endulzadas.

Realizado por especialistas del Centro de Investigación en Nutrición y Salud y por el Centro de Investigación en Evaluación y Encuestas, ambos pertenecientes al Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), el estudio se basa en sondeos en 9 mil 933 hogares.

La investigación señala que antes de la pandemia y el confinamiento, 55% de la población padecía algún grado de inseguridad alimentaria. Para finales de 2020, agrega, 59% de los hogares estaban en tal situación.

“Ya se ha documentado una relación inversa entre el ingreso y la inseguridad alimentaria de los hogares, pues a medida que el ingreso es menor, la severidad de la inseguridad alimentaria aumenta”, señala el reporte.

Y agrega: “La inseguridad alimentaria suele estar asociada con una ingesta inadecuada de nutrientes y con una menor calidad de la dieta debido a que los alimentos con mayor densidad de nutrientes tienen un costo más alto que los alimentos densos en energía y pobres en nutrientes”.

La investigación refiere que 22% de los hogares mexicanos tuvieron cambios positivos (se elevó el consumo de alimentos sanos y se redujo el de chatarra), mientras que 38.5% no tuvieron cambios.

En el primer caso, los alimentos que más se redujeron fueron las golosinas y las botanas, y los que más se elevaron fueron frutas y verduras.

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