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Ana Saldaña
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Foto | Ana Saldaña

Hoy, Estados Unidos estará festejando el día de Día de Acción de Gracias. A la hora de la comida estaré sentada en la mesa acompañada de mis seres queridos. El banquete seguramente incorporará ingredientes como el pavo, purés de papa y camote, mermelada de arándano, relleno, así como seguramente una buena selección de postres, incluyendo el delicioso pay de calabaza de mi mamá o el de cerezas con la receta de mi abuela materna. Pero más allá de mis memorias personales, lo más importante para mí en esta fecha es la oportunidad de reflexionar y agradecer la abundancia recibida durante el año.

Me encanta la idea de asignar un día al año para dar las gracias más allá de tu religión, creencias personales u orígenes. Es una celebración que surge de la historia de una Nación. Sólo en los Estados Unidos, se estima que el 90% de sus habitantes celebrarán el Día de Acción de Gracias.

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¿Pero de dónde viene esta tradición? Te cuento brevemente la historia. En 1620, el barco llamado Mayflower dejó Plymouth en Inglaterra con agrupaciones religiosas que buscaban un lugar donde pudieran libremente ejercer su culto e individuos que buscaban prosperidad en el Nuevo Mundo, conocidos como “pilgrims”(peregrinos). Al llegar a América, se establecieron en Massachusetts y fundaron una nueva ciudad llamada Plymouth. El primer invierno arrasó con casi la mitad de las personas que habían migrado, producto de sus condiciones precarias (vivían todavía en el barco) y la falta de sustento. Fueron los indios nativos quieres les enseñaron cómo sobrevivir en este nuevo mundo: a cultivar el maíz, extraer la miel del maple, pescar y evitar las plantas venenosas. En noviembre de 1621, tras la primera cosecha exitosa de maíz, los “pilgrims” celebraron con un festín invitando a los indios nativos. Por más de dos siglos, algunas colonias y estados, celebraban este día, pero no fue hasta 1863, cuando Abraham Lincoln proclamó un Día de Gracias nacional que se celebraría cuarto jueves de cada noviembre en todo el país.

Esta festividad nos conecta una vez más con la tierra, con la fuente de nuestros alimentos, con los ciclos agrícolas, la estacionalidad de los productos. En México también nuestros antepasados estaban agradecidos con la tierra y sus frutos. Los Mayas, celebraban la ceremonia del Jo’olché’, en la cual agradecían el trabajo de los señores de la lluvia presentándole al Máximo Dios ofrendas del maíz nuevo. Los Aztecas, tampoco se quedaban atrás, en el Cerro Tlalocan le pedían al Dios Tláloc un buen año, ya que el maíz que habían sembrado estaba nacido. El ritual venía acompañado de un sacrificio de un niño y ofrendas de distintos tipos de comida.

¿En dónde quedaron esas tradiciones ancestrales? ¿Cuándo se nos olvidó agradecer los frutos de la tierra y los alimentos que disfrutamos? ¿hemos pausado en algún momento a pensar lo agradecidos que deberíamos estar de lo que tenemos en nuestras vidas? Viendo lo que está pasando actualmente en nuestro país, considero que es aún más importante agradecer que toda una familia pueda sentarse a la mesa y solidarizarnos con los que no son tan afortunados y pausar un momento para recordar a los que ya no están, pero que llenaron nuestras vidas de alegría.

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Foto | Ana Saldaña

Estoy convencida de que el dar gracias, no solo es una señal de humildad, sino también crea una conciencia de lo privilegiados que somos. Por eso este año además de agradecer que pasaré el Día de Gracias con familia y amigos, también agradezco la abundancia en mi vida, la salud y el amor. La copiosidad de aprendizaje sobre alimentos  e historias que día con día puedo escuchar en mi profesión. La fortuna de dedicarme a mi pasión y a lo que me gusta. La oportunidad que me ha brindado la vida de enriquecerla al donar mi tiempo en una fundación que hace una labor fundamental para construir un México mejor apoyando a poblaciones vulnerables e inocentes, como lo son los niños de la calle. También quisiera agradecerte a ti, que leas esta columna cada semana y extender mi gratitud a los queridos lectores que se toman su tiempo de escribirme, de comentar los puntos, de seguir enriqueciendo las ideas que plasmo cada semana en este espacio. Por eso, lo único que me queda decir hoy es: ¡muchas gracias!

Espero que tengas un maravilloso jueves y recuerda, ¡hay que buscar el sabor de la vida!

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