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Juan Carlos Rodríguez

A finales de los años 50, Villa Tepetitán, municipio de Macuspana, era un pueblito de apenas 500 habitantes. Los servicios públicos eran precarios y las opciones de educación para los niños tabasqueños eran prácticamente nulas.

Todo aquel que quisiera estudiar la primaria tenía que trasladarse a la cabecera municipal, ubicada a 37 kilómetros de distancia.

Doña Manuela Obrador, madre del niño Andrés Manuel, estaba a cargo de la tienda de abarrotes “La Revoltosa”, en tanto que Andrés López, el papá, trabajaba en un pozo petrolero de Tepetitán y se ocupaba casi todo el día.

En estas condiciones, mudarse a Macuspana era imposible y la idea de llevar y traer todos los días al chiquillo sonaba a locura.

Parecía que todo estaba perdido para el niño Andrés Manuel, a no ser porque lo ingresaran a una pequeña escuela manejada por la Iglesia Adventista del Séptimo Día, una rama del protestantismo estadunidense que por esos años se abría camino en México.

Su aprendizaje juvenil hoy es su arma central discursiva. Las referencias a la Biblia, sus pasajes y valores pareciera que son el vehículo para acercarse a la gente, pero justo en la emergencia del Covid-19, cuando más ha utilizado este lenguaje, los pastores lo acusan de hacerlo para manipular a la población.

Influencia adventista

“Algo que pocos saben es que el presidente Andrés Manuel López Obrador no repasa la Biblia al momento de preparar sus discursos, ni trae tarjetitas con citas bíblicas para soltarlas durante las mañaneras”, afirma Elio Masferrer, experto en religiones e investigador de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).

“López Obrador tiene la Biblia incorporada a su lenguaje y a su pensamiento, y eso se debe a que, durante su infancia, estudió en una primaria manejada por la Iglesia Adventista, donde se habituó a leer textos bíblicos”, agrega el antropólogo de las religiones.

Sobre la posibilidad de que el hoy Presidente de México pertenezca a esa confesión, Masferrer respondió: “No es que López Obrador sea adventista, sencillamente era su única opción de estudiar la primaria en ese momento”.

El 28 de mayo de 2019, Diego Petersen Farah escribió en el diario madrileño El País un artículo en el que señala que “López Obrador cree fervientemente en el poder de la fe, no sólo como motor de transformaciones, sino como un elemento de sanación moral y social”.

Ningún presidente, apunta Petersen, ha citado tanto la Biblia como lo hace el tabasqueño. “La conoce de memoria y la tiene a flor de piel. Creció en el seno de una congregación adventista dentro del corredor evangélico, como se les conoce a los municipios que van del sur de Veracruz hasta Campeche y donde el catolicismo tiene menos de 50% de los creyentes, y comparte la agenda moral de estas iglesias”.

En su página de internet adventistas.org, esta denominación cristiana refiere que “el estudio sistemático y profundo de la Biblia es enfatizado por la Iglesia Adventista del Séptimo Día desde su organización en 1863. Las 28 doctrinas defendidas por los adventistas se basan totalmente en las enseñanzas bíblicas”.

Con presencia en 213 países y 20 millones de adeptos, la Iglesia Adventista “mantiene iniciativas periódicas para fomentar el estudio del libro sagrado de los cristianos a través de programas y proyectos como la Escuela Sabática,
Reavivados por su Palabra, proyectos de distribución de Biblias, clases de estudios bíblicos y la impresión de copias de la Biblia”.

Citas bíblicas

En sus casi 16 meses de gobierno, el presidente López Obrador ha repetido 22 veces la frase “no sólo de pan vive el hombre”. En sus conferencias matutinas y discursos, el mandatario se apoya reiteradamente en esta cita para argumentar que su gobierno no sólo busca el bienestar material de la población, sino el “bienestar del alma”.

La expresión proviene del evangelio según San Mateo (4:3-4), el cual relata que “en pleno desierto, el Diablo tentó a Jesús haciéndole una mala propuesta: ‘Si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan’. Y Jesús le respondió: ‘Está escrito: no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’”.

La frase “no maltratar al forastero” la ha dicho López Obrador en 10 ocasiones, y en cada una aclara que la cita proviene de la Biblia, texto que, según su lectura, aplica para respetar los derechos humanos de los migrantes.

“Cuando un extranjero resida con vosotros en vuestra tierra, no lo maltrataréis. El extranjero que resida con vosotros os será como uno nacido entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto”, reza el texto de Levítico (19:33-34).

Otra de las citas favoritas del Presidente de la República es “no se puede poner vino nuevo en botellas viejas”, en alusión a que su gobierno no regresará a prácticas del pasado, porque, de acuerdo con él, la vida pública y la mentalidad de la población, ya no es la misma de antes.

La parábola proviene de un relato bíblico en el que Jesús les explica a sus discípulos: “Nadie corta un trozo de un vestido nuevo para arreglar un vestido viejo. De hacerlo así, echará a perder el vestido nuevo; además el trozo nuevo no quedará bien en el vestido viejo. Ni tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo hace que los odres revienten, y tanto el vino como los odres se pierden. Por eso hay que echar el vino nuevo en odres nuevos (Mateo 9:16-17).

En conjunto, en lo que va de su gestión, el mandatario ha repetido en 27 ocasiones la palabra “Biblia” durante sus alocuciones públicas.

Desacuerdo

El pastor Abner López Pérez, presidente de la Iglesia Nacional Presbiteriana y exdirector general de la Sociedad Bíblica de México (SBM), está en desacuerdo con que López Obrador le dé un uso político a la religión y a las Sagradas Escrituras.

“El Presidente de la República es un político, no es un pastor”, afirmó López Pérez, quien percibe propósitos de manipulación. “El pueblo tiene un fervor hacia las enseñanzas bíblicas, no se vale usar la Biblia para manipular esos sentimientos”.

En entrevista con ejecentral, el exdirector de la SBM —entidad en la que concurren diferentes confesiones, desde la católica hasta las evangélicas— sostuvo que el hábito del mandatario de recurrir a citas bíblicas puede llevar a la confusión.

“Estamos hablando de dos esferas completamente distintas. La Iglesia puede hablar de ‘pecados’ y ayudar a sus feligreses para redimirse, pero no puede inmiscuirse en materia de delitos, eso es materia de la justicia civil, y la Iglesia nos los puede juzgar. Y a la inversa, el Estado no puede castigar los pecados, eso pertenece a la vida espiritual”, argumentó.

“Mezclar esas dos esferas puede causar graves problemas, ya que la gente se puede preguntar: ¿por qué el Presidente usa la Biblia y no los artículos de las leyes para encausar el comportamiento de la sociedad? ¿Mi conducta como ciudadano la va a juzgar la Biblia o las leyes civiles?”

En el libro AMLO y la religión. El Estado laico bajo amenaza, los autores Bernardo Barranco y Roberto Blancarte exponen que “sus continuas incursiones a textos sagrados nos colocan ante un presidente convertido por momentos en un predicador. No sólo por las invocaciones bíblicas, sino porque pareciera responder a un llamado divino para salvar la patria”.

Como candidato y ahora como presidente, López Obrador recurre frecuentemente a alusiones religiosas, en especial referencias bíblicas, apuntas los autores, quienes detectan una estrategia camelónica.

“López Obrador ha cuidado guardar una deliberada ambigüedaden su identidad religiosa. Dicha postura difusa se entendía en el candidato que deliberadamente quería abarcar diversos mercados electorales; sin embargo, siendo presidente prolonga o asume esta indeterminación que entonces le dejó dividendos. AMLO continúa utilizando metáforas religiosas como elementos de identificación con el imaginario colectivo popular. Es parte de la construcción de la imagen de un presidente que quiere pasar a la historia como el mejor”.

Por tanto, redondean Barranco y Blancarte, “la estrategia desde hace muchos años de López Obrador ha sido guardar una deliberada ambigüedad en su trayectoria política, épica por momentos, que ofertaba grandes cambios que cuajan el imaginario popular agraviado. Sus planteamientos anticorrupción y sus promesas de moralización de la vida pública lo hacían parecer como un saneador de la historia, un purificador de las almas políticas retorcidas de este país”.

Sagradas escrituras. El Presidente ha dicho 27 veces la palabra “Biblia” en sus discursos.

Mezcolanza

Un factor que contribuye a la mazcla de conceptos religiosos y civiles, espirituales y materiales, es que el propio López Obrador ve a la Biblia como un texto filosófico, pero al mismo tiempo político y de valores sociales.

El 1 de febrero de 2019, durante su conferencia mañanera, el mandatario expuso: “El lunes les voy a traer el fundamento bíblico. Dicen que para qué nos metemos en estas cosas, pero todos los antiguos documentos, todo lo que escribieron los griegos antes del cristianismo, y desde luego la Biblia, trae enseñanzas; es parte de la historia de las ideas políticas, es parte de la historia de la filosofía”.

Meses después, el 14 de junio de 2019, López Obrador dijo que “la Biblia, independientemente de las enseñanzas religiosas, es un libro de valores sociales en donde están preceptos básicos, morales. Ahí se dice que no se debe de maltratar al forastero, que se tiene que dar apoyo y solidaridad al migrante”.

“Llega el momento en que es fastidioso”, consideró Abner López, pastor que durante las campañas de 2018 formó parte del Movimiento Cristiano por el Cambio, que apoyó la candidatura de López Obrador.

“Nosotros apoyamos un proyecto político, no de Iglesia”, añadió el exdirector de la Sociedad Bíblica de México. “Al principio la espiritualidad de López Obrador esa bien vista por las grandes Iglesias, pero ya llegamos a un punto donde percibimos un abuso contra los textos bíblicos”, ya que el presidente no tiene formación teológica ni bíblica.

El pastor presbiteriano advirtió que, de continuar López Obrador con la manipulación de la Biblia, se corre el riesgo de que se repitan experiencias como las de Brasil, Costa Rica, Guatemala o El Salvador, donde dirigentes políticos que se presentan como espirituales y toman las Sagradas Escrituras como guía, terminan mostrando alianzas “poco sanas” o involucrados en actos de corrupción. 

¡No tengo derecho a fallarle al pueblo de México! Con el pueblo todo, sin el pueblo nada. No me dejen solo, porque primero muerto que traicionarles”. Ahí simbólicamente se pretende constituir el arca de la alianza, nueva y eterna, que guarda los designios sagrados y la alianza privilegiada de Dios con su pueblo”. Bernado Barranco y Roberto Blancarte. Libro: “AMLO y la religión” Pág. 105

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