Alejandro Alemán

Provocador profesional y cineasta excepcional, Paul Verhoeven (Robocop, Showgirls, Starship Troopers) no deja pasar la oportunidad de incomodar (cómo solo él sabe) en su más reciente cinta, Benedetta (Francia, Bélgica, Países Bajos, 2021). 

Basada en hechos reales, se trata de una adaptación al libro Immodest Acts: The Life of a Lesbian Nun in Renaissance Italy, escrito por Judith C. Brown sobre la historia de Benedetta Carlini, la abadesa de un convento en la Italia del siglo XVII que fue procesada y encarcelada por sostener relaciones sexuales con otra monja.

Proveniente de la clase media, Benedetta (Elena Plonka) tomó los hábitos a la corta edad de nueve años, ya que desde entonces experimentaba visiones y aseguraba hablar con la virgen. Ya adulta, Benedetta (Virginie Efira) conoce a Bartolomea (Daphne Patakia) una mujer que huye de su abusivo padre y encuentra refugio en el convento. Agradecida, Bartolomea convierte a Benedetta en su objeto de deseo hasta que finalmente ambas se dejan llevar por la lujuria.

Esta no es la típica cinta de relaciones lésbicas de época a lo Portrait of a Lady on Fire (2019), Ammonite (2020), Verhoeven dirige no sólo con libertad sino con su consabido mal gusto, por lo que veremos sexo, desnudos frontales y lascivia, alcanzando su punto más alto en cierta escena donde la figura de una virgen es usada como juguete.

Pero antes de que usted huya despavorido, sépase que Verhoeven no sólo busca incomodar por que si (aunque se ve que lo disfruta), la cinta cuestiona en todo momento la corrupción de la institución religiosa, el abuso constante hacia las mujeres, además de poner en duda —mediante las escenas de sexo— el apotegma con el que de niña recibieron a Benedetta en el convento: “Tu cuerpo es tu peor enemigo”.

Y al contrario, Benedetta sale aún más empoderada de todos sus encuentros con Bartolomea. El cuerpo no solo es aliado, sino que esos placeres le dan la fuerza necesaria para escalar posiciones de poder dentro de la iglesia. Y es justo aquí donde Verhoeven despliega su juego genial al nunca responder la incógnita: ¿Benedetta es en realidad una santa, una loca o una simple embustera?

La actitud de Verhoeven hacia la iglesia emula un tanto lo que hizo con el ejército en Starship Troopers (1998): parece adoptar apasionadamente la parafernalia religiosa, pero en el trasfondo cuestiona duramente su ideología.

Benedetta es un triunfo de la libertad creativa de Verhoeven, un cineasta que a sus 83 años de edad sigue teniendo el filo sucio de siempre. Un director que, no obstante su paso por Hollywood, nadie lo ha sabido domesticar. 

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