Alejandro Alemán

Luego del triunfo de Joker (Phillips, 2019) en el pasado festival de Venecia, la segunda gran sorpresa de la noche fue el premio otorgado a El Acusado y el Espía (J’ Accuse, 2019), la más reciente película de Roman Polanski que, contra todo pronóstico, se llevó el premio del jurado. No es cosa menor, dada la polémica que rodea al cineasta y la postura de la presidenta, Lucrecia Martel, quien aquella ocasión dijo que no felicitaría a Polanski, pero sí reconocería a la película.

Se trata de un proyecto que el director franco-polaco había buscado desde hace mucho tiempo: la historia del famoso Caso Dreyfus, el capitán de origen judío que en 1894 fue acusado de traición por el gobierno francés, aunque en realidad había un trasfondo claramente antisemita. Fue el escritor Émile Zola quien el 13 de enero de 1898 lanza una bomba en todo Francia al publicar su extensa columna J’accuse, en la que no sólo denuncia la injusticia contra Dreyfus, sino que se pronuncia contra el gobierno y contra el antisemitismo.

A diferencia de otras cintas sobre este mismo episodio histórico, Polanski no se centra en Zola, ni siquiera en Dreyfus mismo, sino en el Georges Picquart (Jean Dujardin), coronel del ejército francés que al ser asignado como jefe del área de inteligencia, encuentra documentos que prueban la inocencia de Dreyfus y el complot en su contra. Picquart nunca ocultó su antisemitismo, pero antes que ello, le parecía mucho más grave que se mantuviera aquella mentira frente el pueblo francés. 

Polanski dirige con pulso maestro este fascinante thriller procedural que va de menos a más, a fuego lento, con un Dujardin extraordinario en el papel de este hombre de convicciones claras e imbatibles. Poco a poco el coronel Picquart va desenredando la trama del complot para luego, irremediablemente, enfrentarse con sus superiores, quienes le sugieren dejar las cosas como están, cosa que el coronel no está dispuesto a conceder.

Mucho se ha dicho si en el trasfondo de este filme está un Roman Polanski gritando “soy inocente” o si el director se equipara con Dreyfus mismo. Más allá de lo que declare el director de Rosemary’s baby, no hay tal equivalencia en el filme. Que el centro de esta historia sea Picquart justo indica lo contrario. 

El enfoque que Polanski da a la historia no deja de ser osado: no importan las creencias individuales —parece decir Polanski—  son las instituciones y los gobiernos los que deben mantenerse neutrales, justos y fieles a la verdad. 

Lo demás es la prisión mental que tiene cada individuo. 

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