Laura Borbolla

El pasado 3 de agosto, empezó a circular por las redes un video grabado por las cámaras de circuito cerrado de una “combi” que circulaba por la carretera México-Texcoco, la escena principal del video en un primer momento es la frustración de un asalto a los usuarios de dicho transporte público, que culmina con la participación de todos los pasajeros de sexo masculino, propinando certeros golpes a uno de los asaltantes y este termina en el asfalto semi desnudo.

Al ver el video, pensé «es una reacción natural de todos los que hemos sido asaltados, el evitar que nos quiten nuestras pertenencias y que además, busques justicia y dar una lección a quien cometió una falta o un delito como en este caso». Sin embargo, en nuestro México, no se hizo esperar una reacción en cadena, masiva y social.

El video del asalto frustrado de la combi a la par con la explosión del puerto de Beirut, Líbano, ocurrido el 4 de agosto, ocuparon la atención de propios y extraños, ambas situaciones son trágicas, sin embargo, en el caso del asalto en la México-Texcoco, ocurrido el viernes 31 de julio, se aprecia el desahogo de la impotencia y frustración de los pasajeros, que seguramente ya habían padecido con anterioridad algún evento similar, ya que se tienen reportes de miles de situaciones así, algunas, las menos son denunciadas, se podría decir que, es el pan nuestro de todos los días, para los usuarios del servicio de transporte público, lo cual evidentemente ha generado hartazgo y esto se ve en la reacción, espontánea y tácita de todos los pasajeros de no dejar que el ratero se salga con la suya, cual primitiva es la venganza y sed de justicia.

En el momento en que uno de los pasajeros impide que el asaltante baje del vehículo, en medio de golpes, patadas y malas palabras, reclamos cargados de enojo y frustración, es despojado de su playera y para terminar, lo bajan, lo dejan tirado en el asfalto sin pantalones, la autoridad nunca llegó y de los pasajeros nada se sabe.

La reacción en cadena en las redes sociales, no se hizo esperar, entre memes, poemas, cumbia y las miles de reproducciones del video, me hicieron reflexionar; en una frase acuñada por la pasada administración, ¿cómo está el “humor social”?, no pude dejar de preguntarme «¿Quién era el ladrón?, ¿Quiénes lo golpearon y se hicieron justicia por su propia mano?, ¿Dónde está la policía?, ¿Cuántos eventos similares pasan por día y quién los investiga?, ¿Cuántas sentencias habrá?», etc.

Seguramente, todos conocen la obra del dramaturgo español Lope de Vega, llamada “Fuenteovejuna”, es una obra de teatro que a pesar de ser de 1619, resulta estar tan vigente como el poema del asalto frustrado de la “combi” de México a Texcoco de 2020, a grosso modo,  la obra española, retrata como el Señor Comendador mayor de la Orden de Calatrava (máxima autoridad del lugar), quiere hacer uso del derecho de pernada (dormir con la doncella antes de ser desposada), esto molesta al pueblo llamado “Fuenteovejuna” y en un entorno de “mal humor social” el pueblo toma la justicia en sus manos y mata al Comendador, cuando la autoridad pregunta ¿Quién mató al comendador? El público contesta “Fuenteovejuna”, señor.

De forma y fondo, el asalto frustrado de la “combi”, con las reacciones catárticas, de la picardía mexicana que lo mismo se ríe de la muerte que de cualquier tragedia, se desbordó en redes sociales con, videos editados, cumbia, poema, memes en los que los pasajeros son considerados los “Vengadores Mexicanos”, en donde se alude a la Suprema Corte de Justicia de la Nación como la “Suprema Combi de Justicia de la Nación”, nos tienen que dejar la lección de que la situación en el país es compleja y tensa, las personas están hartas de ser víctimas, sin justicia. Estos son los inicios de manifestaciones, propias del caldo de cultivo al que he hecho mención en este espacio en varias ocasiones. 

Me alegró saber, que este antagonismo, fue considerado para evitar mayores riesgos y amenazas a la población usuaria de este servicio de transporte público y actualmente la Guardia Nacional en coordinación con autoridades municipales y estatales, están vigilando la vía México-Texcoco. Deseo ya no existan estas reacciones de los pasajeros; pero sobre todo por el hecho de saber que ya no se cometen estos ilícitos, más que por miedo al amante de lo ajeno, quien además en ocasiones ha privado de la vida a los pasajeros que por naturaleza buscan proteger su patrimonio y sobre todo que no ningún evento similar quede impune.  

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