Compartir

Jonathan Nácar

Presidentes, generales, secretarios de estado, gobernadores, legisladores, procuradores y hasta policías judiciales, han formado parte de su círculo cercano, ese que tejió con cuidado y que la mantuvo muy cerca del poder. De esos personajes obtuvo muchas confidencias, sea por su amistad, porque trabajaba para ellos o porque se las escuchaba en la intimidad de la cama, así lo relata la propia Isabel Arvide Limón en los más de 20 libros que ha escrito en los últimos 40 años. 

Siete mandatarios conforman mi devenir político-periodístico. Con unos me confronté hasta ir al exilio o sufrir despido. Con otros compartí mesa, confidencia y cama. No necesariamente en ese orden…”, inicia así el relato del primer capítulo de “Mis Presidentes”, publicado en 2013 por Arvide Limón 

Aunque la lista es muy larga, destacan en ella que asegura ser amiga del expresidente Carlos Salinas de Gortari, Manlio Fabio Beltrones o Francisco Labastida, Alejandro Gertz Manero y cercana a Manuel Camacho Solís; lo mismo que de los exgobernadores Humberto Moreira, Roberto Borge, Javier Duarte y Mario Villanueva, los dos últimos acusados de varios delitos cometidos durante sus gestiones. 

Y en estas sus relaciones llegó a la intimidad con varios más, algunos de los que ella menciona son el presidente Luis Echeverría, el exgobernador Absalón Castellanos, Marcelo Ebrard y varios generales, todos ellos con altos niveles de poder dentro de la Defensa, algunos, Juan Morales Fuentes, Miguel Ángel Godínez y Francisco Arellano Noblecía.

Por cierto, asume que de alguna forma es parte del Ejército al que, asegura, sirve; lleva, dice, “tatuados en mi piel los códigos militares y la lealtad”.  Sus libros son una especie de relatos de vida, de confesiones, de quien siendo periodista acepta los beneficios que le ofreció el poder y disfrutó, como comer caviar, recibir de regalo joyas o viajar a diferentes países, por ejemplo. En sus libros también cuenta sus desventuras y traiciones.

Todas estas historias conforman la vida pública de la ahora consulesa de México en Estambul, Turquía, gracias al nombramiento que le otorgó el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Historias y opiniones

Un recorrido por sus obras más destacadas, en las que lo mismo ha abordado desde la sucesión presidencial al final del sexenio de Salinas de Gortari y el choque que hubo entonces entre Manuel Camacho Solís, y Luis Donaldo Colosio, en ‘La Decisión Presidencial’ (1993); en ‘La Sucesión Milenaria’ (1999) analiza el proceso electoral que implicó la derrota del PRI en el año 2000; mientras que ‘Entre políticos y rufianes’ (2016) retrata, desde su cercanía personal con los personajes que aborda, como los exgobernadores Mario Villanueva, Humberto Moreira o Javier Duarte, por mencionar algunos, el vínculo entre corrupción, dinero y el poder político, así como las consecuencias en el abuso de estos ingredientes.  

Pero, sin duda, resultan los títulos de: ‘Mis presidentes, de Echeverría a Peña Nieto: intimidades sobre el poder presidencial en México’ (2013); y ‘Mis generales: una crónica de amor y desamor sobre el poder militar en México’ (2012), de los trabajos más estridentes de la recién nombrada diplomática.

En ellos, Arvide Limón conjuga la narración de sus anécdotas personales, derivadas de su andar periodístico -que inició en 1976, gracias a la recomendación de su amigo Édgar Méndez para que entrara a las filas del periódico Excélsior-, y el vínculo cercano que logró, según relata la autora, con los protagonistas de sus historias: mandatarios, militares y funcionarios de primer nivel, desembocando en romances, desencuentros, y varios descalabros propios de una tragicomedia. 

En ‘Mis Presidentes’, el cual dedica al priista Francisco Labastida Ochoa, “que debió ser presidente de México”, Isabel Arvide relata la cercanía, en algunos casos más que otros, que tuvo desde sus inicios como reportera en la cobertura de quienes ocuparon la silla presidencial. Desde el ocaso del sexenio de Luis Echeverría Álvarez (1 de diciembre de 1970-30 de noviembre de 1976), hasta el primer semestre de la administración del expresidente Enrique Peña Nieto, de quien destacó que “sobrevivir a las peores crisis de imagen es parte del encanto personal” del entonces mandatario. 

Secretos de alcoba 

Dentro de las confesiones que deja entrever, sin sonrojo alguno, la también columnista política y que destaca siempre ser decana de la fuente militar, son los encuentros íntimos que tuvo, según narra, por ejemplo, con el expresidente Luis Echeverría, de quien recibió obsequios, viajes nacionales e internacionales, en aviones oficiales y de primer nivel, e incluso un empleo como una suerte de oficinista en el Centro de Estudios del Tercer Mundo, que estaban a un costado de la que era residencia del exmandatario, en San Jerónimo, al sur de la Ciudad de México.

Y luego, recuerdo dos instantes exactos. Uno, el cobertor eléctrico, color rosa, que estaba prendido sobre la cama y que nos tapaba. El otro, que pensé que tenía un cuerpo muy joven para su edad. Yo tenía veinticinco, el “señor”, porque nunca dejé de pensar y hablarle como tal, tenía cincuenta y cinco”, describe Arvide en el apartado de “El Encuentro”, con Echeverría Álvarez, de quien insinúa sobre sus inclinaciones sexuales. 

“¿Pensé que era bisexual? Era (Echeverría) un hombre muy libre, muy abierto en lo sexual con intereses y relaciones muy pasionales con algunos hombres más jóvenes”. 

›Aunque en el caso del exmandatario, que en las administraciones de Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz se desempeñó como encargado de la política interna del país, fue de quienes compartió confidencias e intimidades, la autora no tiene empacho en abordar los excesos o posibles abusos que habría podido cometer durante su mandato, en clara referencia a los hechos del 2 de octubre de 1968, sostiene, “si la pregunta es si creo que Luis Echeverría, u otros mandatarios antes que él, fueron capaces de mandar a matar a alguien: mi respuesta es sí. Como en ese tiempo de nuestra historia, antes, todavía, lo han hecho muchos jefes militares”. 

Otro de quien Arvide Limón pone en evidencia el haber vivido un romance, es el actual canciller Marcelo Ebrard, cuando este estaba en proceso de divorcio de su primera esposa de quien asegura en el apartado “Plantón al presidente”, fue quien le prohibió que acudiera a una cita que tenía con el entonces presidente Carlos Salinas, en la residencia oficial de Los Pinos; en contraste con los vituperios que le hizo pasar como “poderoso jefe de gobierno del DF”, cuando además de dejarla plantada muchas veces, asegura que el hoy titular de la SRE le encargó proyectos, que incluyeron trabajar en dos libros, “que terminé a total satisfacción después de agregar y quitar su tercer matrimonio. Y que quedó a deber mis honorarios”. 

Y añade, “ingenuamente no firmé contrato, y todo eso, como tanto con él (Ebrard), se fue a la basura. Lo único que guardo son sus cartas de amor tal vez como testimonio literario”. En particular sobre su relación sentimental, Isabel Arvide se remonta a finales de mayo de 1994, al referir que Marcelo Ebrard, en ese entonces subsecretario de Relaciones Exteriores, bajo la administración de su mentor, Manuel Camacho Solís, entraba y salía de su oficina de Summa, un diario al que fue invitada por Emilio Azcárraga Milmo para dirigir, “para escribir los editoriales que yo firmaba” (…) 

Yo era una señora de las cuatro décadas y Marcelo era mas joven, más blanco, más inteligente, más alto en mi romántica concepción de la realidad de los príncipes políticos e intelectuales. Ebrard estaba en proceso de divorcio de su primera esposa, todo se juntó”; sobre aquel desplanté que terminó por hacer a Salinas de Gortari, señala al hoy canciller: “el caso es que me pidió que me quedara con él, abrazada a él en lugar de ir a Los Pinos. Y se volvió una apuesta muy alta. Fue como decirme ‘conviértete en mujer y no es la directora de periódico, no en periodista, no en Isabel Arvide. Dame una muestra de que soy más importante para ti que el poder presidencial’. Y no fui”. 

Exceptuando los casos de los expresidentes Ernesto Zedillo (1994-2000), y su sucesor, Vicente Fox (2000-2006), que, en lugar de describir alguna cercanía con ellos durante sus gobiernos, Arvide Limón termina vapuleándolos en su relato. Del primero, sostiene, que “la lista de quienes traicionó es inmensa. Si algún adjetivo lo define es ese: traidor (…) Que en los hechos traicionó enormidades al hombre al que le debía todo, Carlos Salinas de Gortari”; mientras que en el caso del expanista, a quien tilda de “ranchero enamorado”, lo acusa de haber atacado “en forma suicida la institución presidencial, como quien le tira jitomatazos a su propia imagen; y cuestiona como fenómeno inexplicable, “la gran tolerancia que tuvieron millones de mexicanos con las torpezas extremas” del entonces presidente. 

Al respecto en el subtítulo ‘¿Qué construye la imagen presidencial?’, Arvide hace una suerte de dicotomía sobre la percepción de Fox y el expresidente Peña Nieto: “yo respondería que empatía basada en la percepción social, que va desde verse reflejado en un mandatario torpe como Vicente Fox, que en el imaginario colectivo es ‘igual de pendejo que yo’, hasta la devoción por un ‘chingón’ a quien pueden admirar, emular, que vendría a ser el caso de Peña Nieto”. 

El devenir de su relación con los expresidentes, por ejemplo, José López Portillo, de quien reitera la llegó a citar en la residencia oficial de Los Pinos “solamente para elogiar mi piernas”; y cuyo trato fue “afectuoso, cálido, me llamaba Chatita”, tuvo un desencuentro, que no aborda a detalle en Mis Presidentes, pero menciona el conflicto que tuvo con la cónyuge de López Portillo, Sasha Montenegro, con quien Arvide perdió una demanda por daño moral y tuvo que pagarle alrededor de cinco millones de pesos. 

Conviví mucho con Carlos Salinas y con Miguel de la Madrid, como cuates, porque nos conocimos en la intensidad de tragar polvo durante una campaña”, señala Isabel Arvide sobre quienes relata la cercanía que llegó a tener al acompañarlos en sus viajes de campaña, así como en las giras ya bajo el mandato presidencial; en el caso del expresidente Calderón, asegura, “recibí un trato deferente y generoso”, y lo concibe como un hombre “decente” y “religioso” (…) un panista de corazón que no apoya al PAN”. 

Deslices castrenses 

“(…) Conozco a un mayor número de generales que cualquier mexicano. Los he visto llorar. Los conozco desnudos de todo. Los he padecido en sus peores horas. Los he levantado de mis amaneceres y los he corrido de mis noches”, sostiene Isabel Arvide en la introducción de Mis Generales, una publicación en la que la hoy cónsul reconoce que entre los mandos militares que conoce, algunos de ellos, “siguen con decenas de ayudantes a su servicio recordando los días en que el mundo se detenía en su presencia” y “se enriquecieron en el mando superior”.

Como un reconocimiento de que está al servicio de los generales, escribió: “Estoy permanentemente a sus órdenes (de los generales)”. Se trata de una larga lista de casi 40 mandos militares, entre los que destaca el general Bibiano Villa Castillo, a quien, asegura, enseñó, y luego se enemistaron, pues habrían sido las constantes confrontaciones con él las que terminaron, en diciembre de 2013, por separarla de su cargo como coordinadora de seguridad pública del entonces gobernador de Quintana Roo, Roberto Borge, otro de los cercanos a Arvide Limón, hoy preso por delitos vinculados a corrupción. Villa Castillo, era secretario de Seguridad Pública en el estado. 

›En el caso del general Francisco Arellano Noblecía, con quien vivió, “una larga historia, mitad amorosa otro tanto erótica, y sobre todo de complicidades vitales”, al haber sido su primer vínculo con la cúpula castrense y su acercamiento con el Estado Mayor Presidencial. En su libro, Arvide describe cómo los militares gastaban dinero del erario en los viajes que pagaba Presidencia, y cómo le compró joyas y excesos.

Acerca de “mi general Luis Arturo Oliver Cen, de quien admite su admiración por su lucha contra el crimen organizado; sobre el general Enrique Cervantes Aguirre, secretario de la Defensa Nacional en el sexenio de Ernesto Zedillo, con quien la autora tuvo confrontaciones, pero reconoce que le abrió la puerta con información, lo describe como “un hombre que no soporta que nadie cerca de él tenga mayores propiedades o más grandes”.

Su amigo Antonio Riviello Bazán, predecesor de Cervantes Aguirre en el sexenio salinista al frente de la Sedena, lo recuerda como su defensor durante la crisis del Ejército que implicó la detención de Jesús Gutiérrez Rebollo, pues asegura que el general Riviello la blindó al señalar que ella “era intocable”; “Me envió con el general Gutiérrez Rebollo. Y hasta su oficina llevé las cajas de expedientes…tres días antes de que fuera detenido por el general Enrique Cervantes Aguirre”, recuerda Arvide en su relato sobre el capo Rafael Aguilar Guajardo, en su libro ‘Entre Políticos y rufianes’. 

Contradicciones

Contrario a los postulados del gobierno en turno, que el presidente López Obrador ha insistido del reiterado abuso por parte de los presidentes de “la era neoliberal”, en Mis Presidentes, Isabel Arvide se dice convencida de que los negocios “inmorales” e “hipermillonarios” presidenciales pertenecen más a la imaginación popular que a la realidad.

Y reconoce, en el mismo libro, que, lo que resultó uno de los principales estandartes de campaña del hoy presidente, del compromiso que hizo por erradicar la pensión a exmandatarios, que ella fue una de las impulsoras de la retribución vitalicia a los expresidentes, “yo contribuí tanto a que exista”, y la cual, asegura, surgió por iniciativa de quien fue su íntimo amigo, Gustavo Petricioli, secretario de Hacienda en el gobierno de Miguel de la Madrid, en un encuentro donde la autora estuvo presente, en la casa del expresidente José López Portillo, quien asegura vivía a expensas de un cheque mensual “que enviaba generosamente Carlos Hank González”. 

Al ser cuestionado sobre su experiencia en el ámbito diplomático para desempeñarse como representante de México en Turquía, el presidente López Obrador replicó que en su trayectoria de más de 40 años “no tiene malos antecedentes”, y destacó que fue galardonada con el Premio Nacional de Periodismo. 

Yo no la encontré en la lista de los que recibían dinero en el gobierno anterior. No sé por qué ahora se ponen tan estrictos cuando se trata de una propuesta para una cónsul, una mujer periodista. (…) Se necesita experiencia, pero Isabel Arvide, por ejemplo, está preparada, ha escrito libros ¿Es polémica? Pues todos somos polémicos. (Arivide) tiene preparación, sí tiene preparación, ha escrito bastante. Hay cónsules que a lo mejor no tienen textos escritos, entonces ella está preparada”, defendió el mandatario su nombramiento en la conferencia matutina del 30 de julio. 

Más tarde, ese mismo día, la Secretaría de Relaciones Exteriores, a cargo de Marcelo Ebrard, uno de los confidentes de la periodista, destacaba la trayectoria de la diplomática, a través de una tarjeta informativa: 

“María Isabel Arvide Limón, cónsul titular en Estambul. Tiene una amplia trayectoria de más de 40 años como periodista, columnista, analista y comentarista de temas políticos e internacionales en prensa escrita, televisión y radio en México. Obtuvo el Premio Nacional de Periodismo por Artículo de Fondo en junio de 1984. Ha impartido cursos académicos y es autora de distintos libros”. 

Compartir