La Portada | ‘Los Chapitos’, amos del fentanilo

12 de Junio de 2024

La Portada | ‘Los Chapitos’, amos del fentanilo

Los Chapitos

No sólo la incursión en el fentanilo en 2014 les dio el poder, sino la estructura paramilitar y violenta que diseñaron, el esquema de corrupción que los protege y el lograr apoderarse hace cuatro años del Cártel del Pacífico, estos son los detalles del poder criminal

Hace casi 10 años inició la nueva era del narcotráfico en México y del mundo. Y el responsable de ese cambio fue el Cártel del Pacífico, ahora se sabe, gracias al trabajo de las agencias de investigación estadounidenses.

Cinco años después, ese grupo criminal que históricamente asoció a tres familias desde los años 80 (los Zambada, Esparragoza y Guzmán Loera), sufrió una sacudida más, que lo cambió y también lo empoderó. Los llamados Chapitos, los tres hijos de Joaquín Guzmán Loera (Iván, Alfredo y Ovidio), vengaron la falta de apoyo de sus socios y prácticamente se apoderaron del cártel, algo que ni su padre había intentado. No fue algo improvisado ni pacífico, pero el resultado fue exitoso; esos jóvenes, la tercera generación del cártel, pronto lograron dominar la estructura interna, expandieron su poder y refundaron el negocio de las drogas.

Iván Archivaldo Guzmán Salazar, Jesús Alfredo Guzmán Salazar y Ovidio Guzmán López, diseñaron, desde 2014, un nuevo imperio, abrieron nuevas formas de negocio, sometieron a sus enemigos, pactaron nuevas alianzas y, especialmente, construyeron y se cobijaron con un grupo paramilitar de élite, llamado “Los Ninis”, que recibió entrenamiento estilo militar “en múltiples áreas de combate, incluida la guerra urbana, armas y tácticas especiales, y competencia de francotiradores”. Un grupo armado que probó su efectividad en el llamado “Culiacanazo”, que logró la liberación de Ovidio Guzmán.

Visión empresarial

El cambio en el Cártel del Pacífico comenzó en 2014, con la incursión de los hermanos Guzmán en los primeros laboratorios de fentanilo en el norte del país. Este ajuste mostró su impacto dos años después, al menos eso consideran las autoridades estadounidenses, pues en 2016 la crisis del uso de ese opioide sintético en el territorio norteamericano comenzó a notarse. Para 2011 y 2012 se reportaban 0.5 muertes por sobredosis con fentanilo por cada 100 mil estadounidenses, pero en 2016 la cifra dio un enorme salto y fueron 5.9 muertes relacionadas con esa droga por cada 100.000 habitantes. Es decir, cuando en 2010 murieron 21 mil 089 personas por este opioide sintético, para 2016 ya eran el doble, y ahora es cinco veces más.

“Las operaciones del grupo criminal no se limitan a México. El Cártel tiene las operaciones internacionales más grandes que cualquier organización narcotraficante, con una red criminal que abarca casi todas las ciudades importantes desde Nueva York hasta Buenos Aires, y presencia en más de 45 países en todo el mundo”, se asegura en la acusación penal contra Los Chapitos.

Los detalles sobre la vida y ascenso de los hermanos Guzmán se describen en la acusación que presentó el Departamento de Justicia de Estados Unidos en diferentes cortes federales, especialmente en Nueva York.

La profundidad del conocimiento sobre cómo fueron construyendo la nueva estructura del Cártel de Sinaloa, con detalles sobre pasajes en extremo violentos, los agentes antinarcóticos estadounidense (DEA, por sus siglas en inglés) sólo pudieron obtenerlos gracias a que lograron comprar a informantes que traicionaron a sus jefes, Los Chapitos; pero también intervinieron sus comunicaciones y trabajaron con agentes encubiertos, en un lapso que alcanzó nueve años. De sus hallazgos o de sus pesquisas, nunca trabajaron con las autoridades mexicanas, ni siquiera les notificaron.

Nada de los datos descubiertos por la DEA, que precisa nombres, lugares y fechas, se compartió con autoridades mexicanas. Ni siquiera tuvieron la cortesía de informar que preparaban una acusación de gran calado contra el Cártel de Sinaloa, en el encuentro que se celebró el pasado jueves 13 de abril, cuando se reunieron las delegaciones de México y Estados Unidos para atender el tráfico de armas y drogas, especialmente el fentanilo. Y se supone fue una reunión en la que predominaron el entendimiento y los acuerdos.

Tampoco alguna de las oficinas mexicanas detectó que desde el 4 de abril se había presentado la acusación contra los hijos de El Chapo, en Brooklin, pero el expediente se selló de inmediato. Justo 10 días después, tras el encuentro con los representantes mexicanos, el Departamento de Justicia estadounidense retiró los sellos y no sólo eso, hicieron públicos todos los documentos en los que se acusa al basamento directivo y operativo del Cártel, y donde la palabra “corrupción” de funcionarios aparece ocho veces.

“Esta acusación es otro ejemplo de cómo esta administración está enfrentándose a los cárteles y sus redes criminales transnacionales, y enviando un mensaje claro de que vamos hacer que rindan cuentas”, declaró el 14 de abril en la conferencia de prensa el Secretario de Seguridad Nacional, Alejandro N. Mayorkas.

Y el fiscal general de Estados Unidos, Merrick Garland, remató asegurando que las acciones que daban a conocer iban dirigidas a “la mayor y más prolífica operación de tráfico de fentanilo del mundo”, liderada por el llamado Cártel del Pacífico y “alimentada por compañías farmacéuticas chinas”.

Pero no bastó con exhibir a los hermanos Guzmán como los líderes absolutos y poderosos del Cártel del Pacífico y una decena de personas entre líderes del grupo paramilitar y sus aliados chinos, sin notificar antes a México, sino que después llegaron más revelaciones.

Horas después, se publicaron las diferencias entre los secretarios de Marina y Defensa de México, también los viajes lujosos del secretario de Defensa, Cresencio Sandoval, y su familia y amigos.

Y luego apareció una investigación de uno de los periódicos más influyentes de Estados Unidos, The New York Times, que puso en evidencia cómo el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se ha convertido en uno de los principales usuarios del programa de espionaje, Pegasus, y sin embargo, a pesar de su uso, que debe ser para perseguir a criminales, no tiene la información sobre Los Chapitos.

Estas revelaciones ocurrieron en menos de una semana, pero es el corolario, por ahora, de otras acciones que, desde mediados de enero de este año y hasta la fecha, se iniciaron desde el Congreso estadounidense, especialmente los republicanos de la Cámara de Representantes, que ya registran 14 propuestas vinculadas con México y contra la corrupción de funcionarios y contra los cárteles, para declararlos terroristas, utilizar armas letales en su contra, por ejemplo. Además de las declaraciones y desencuentros con legisladores estadounidenses.

Esta semana el Presidente reaccionó y no pudo ocultar su malestar: “Cooperación sí, sometimiento no”, soltó. Pero mientras pasaban los minutos en la mañanera el tono subió, especialmente por la actividad de los agentes de la DEA en México, lo llamó “una intromisión abusiva, prepotente, que no debe aceptarse bajo ningún motivo”.

Más tarde López Obrador hablaría de los intentos de vulnerar la soberanía nacional con las filtraciones y bajo ese pretexto determinó cerrar la información de las Fuerzas Armadas, por seguridad nacional.

Y así, acumuló cuatro días acusando, ironizando y defendiéndose de los embates estadounidenses.

Los Chapitos

La generación narco-nini

Aunque ya había algunas acusaciones contra los hijos de Guzmán Loera desde 2012 en Estados Unidos, nunca se les había colocado con el nivel de poder y violencia como ocurrió el pasado viernes 14 de abril.

“Alrededor de 2014, Los Chapitos comenzaron a fabricar fentanilo en un solo laboratorio improvisado, ubicado dentro de una modesta casa en Culiacán”, así fueron los inicios de los hermanos Guzmán con este opioide sintético y que en muy pocos años los convirtió en los amos del fentanilo.

Para entonces su padre, Guzmán Loera, había sido detenido (febrero de 2014) y tanto Iván como Alfredo y Ovidio sabían que eran los herederos de su clan familiar, al menos una reunión en el rancho del primero, y en la que participaron los máximos representantes de las tres familias socias del Cártel del Pacífico, así se lo avalaron, confirmó uno de los informantes de la DEA.

Y fue en esa reunión que se definió el poder del clan Sinaloa: “Los Chapitos y los líderes de las otras facciones principales del Cártel discutieron el futuro del Cártel y asignaron el control sobre las diversas regiones de México, o ‘plazas’, a los presentes”.

Los equilibrios internos se mantuvieron, pero la violencia en la región creció, la razón principal fue la pelea por territorios. Para eso, Iván y Alfredo Guzmán Salazar se habían encargado del entrenamiento del grupo militar que los protegía y al mismo tiempo peleaba su guerra.

Aunque los hijos de El Chapo ya contaban desde por lo menos 2013 con un grupo de seguridad con capacidad militar, sería después de 2016 cuando fueron secuestrados por varios días por el grupo rival del Cártel Jalisco Nueva Generación, que aumentó el poder de fuego de ese ejército irregular.

“Estos sicarios y grupos asociados utilizan, en gran escala, armas de grado militar para proteger las operaciones del Cártel. Estas armas sirven como herramientas principales para perpetrar violencia en México contra otros traficantes, civiles y funcionarios gubernamentales y fuerzas de seguridad.

“Estas armas, portadas y utilizadas por los sicarios del Cártel, y en ocasiones por otros miembros del Cártel, incluidos los mismos Chapitos, incluyen camiones blindados, bazookas (lanzacohetes), granadas y lanzagranadas de mano, y varios tipos de armas de fuego, desde pistolas de calibre .45 y .38 hasta AK-47, AR-15 y otras ametralladoras”, detalla el documento, que no precisa si rastrearon el origen de esas armas y el detalle de cómo ingresan a México.

Para 2019, tras la captura momentánea de Ovidio Guzmán López, el llamado Culiacanazo, la radiografía del Cártel del Pacífico cambió. “Como resultado de la ausencia de El Chapo y de que ciertas facciones del Cártel no acudieron en ayuda de Los Chapitos durante el Culiacanazo, las alianzas entre las facciones dentro del Cártel se rompieron y se produjeron luchas internas entre las facciones.

“Los Chapitos —Iván Archivaldo Guzmán Salazar, Jesús Alfredo Guzmán Salazar, alias “Alfredo”, los acusados y Ovidio Guzmán López— y sus seguidores emergieron como las facciones más grandes y poderosas del Cártel, en gran parte debido a la implacable campaña de gran derramamiento de sangre por parte de los sicarios del Cártel leales a Los Chapitos, incluido un grupo particularmente violento de sicarios que trabajan para Los Chapitos, los ‘Ninis’”, detalla la acusación del Departamento de Justicia estadounidense.

Por la descripción que hace la DEA en los documentos del juicio contra los hermanos Guzmán, se muestra que consolidaron su liderazgo haciendo uso de la violencia, que utilizaban desde si les faltaban el respeto a los jóvenes líderes, si les eran desleales, si eran sus enemigos o para dominar rutas o someter territorios.

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El primero en crear un grupo paramilitar, dentro del Cártel del Pacífico fue la familia de Ismael Zambada García, pero de acuerdo a las fuentes consultadas, no se compara con la capacidad desarrollada por Los Chapitos con su grupo de los Ninis, que tenían como líder a Néstor Isidro Pérez Salas, alias “Nini”, y Jorge Humberto Figueroa Benítez, alias “27”.

El entrenamiento se siguió bajo la dirección de los hermanos Iván y Jesús Alfredo Guzmán Salazar, y “bajo el mando diario de Oscar Noé Medina González, alias ‘Panu’. Los Ninis secuestrarían, torturarían y matarían a cualquiera que se opusiera a Los Chapitos”.

“El Cártel usa la violencia por una variedad de razones, todas para promover los objetivos generales de aumentar constantemente el poder del Cártel y ejercer y mantener el control sobre el tráfico de fentanilo.

“Dichos actos de violencia le permiten al Cártel, entre otras cosas: promover y mejorar la reputación y la posición del Cártel, especialmente con respecto a los carteles rivales”, sostiene la acusación de la Corte de Nueva York.

Los investigadores describen varias escenas transcurridas a lo largo de los años que ejemplifican la virulencia de los Ninis. Por ejemplo, alrededor del 27 de mayo de 2017, Iván Archivaldo Guzmán Salazar, Jesús Alfredo Guzmán Salazar, Oscar Noé Medina González y Néstor Isidro Pérez Salas, torturaron y asesinaron a tres miembros de Los Zetas, un cártel rival, en el rancho de Iván Archivaldo Guzmán Salazar”.

Ahora, los estadounidenses ofrecen recompensas por los líderes del Cártel del Pacífico, que ya no sólo tienen entrenamiento tipo militar, están bien armados y protegidos, sino que adicionalmente han cursado carreras profesionales en otros países que les ha facilitado la administración y desarrollo del negocio; incluso tienen otros entrenamientos, como es el caso de Iván Guzmán, que sabe pilotear avionetas. Pero el andamiaje construido por los hijos de El Chapo, también depende de la corrupción de las instituciones, y aunque la acusación penal no da detalles, por ahora, sí deja en claro que existe y es fundamental para la existencia del Cártel, e incluye “los pagos de sobornos en efectivo, para mantener la seguridad de sus operaciones y su liderazgo”; lo mismo que “para proteger las rutas de tráfico de Los Chapitos, proteger a los miembros del Cártel y ayudar a que los miembros del Cártel eviten ser detectados y arrestados”.

Pero por ahora, de acuerdo a la Fiscalía General de la República Los Chapitos prácticamente no han cometidos delitos graves en México, sólo en Estados Unidos, porque las órdenes de aprehensión en su contra en el país no los colocan con tanto poder ni como autores de crímenes tan violentos.

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