Ilustración: EjeCentral

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Bet-biraí Nieto y Marco Antonio Aguilar

En la última cosecha el cambio fue notorio. Ramiro Hinojosa acostumbraba a levantar más de 28 toneladas de frijol. Con el retraso, irregularidad y disminución en las lluvias, en 2019 sólo logró una producción de poco más de 12 toneladas de uno de los alimentos más consumidos en México.

Para este año el escenario será muy similar, incluso peor ante la aparición del nuevo coronavirus. Para los dos primeros meses del año, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) había previsto una disminución de 25% en el volumen del líquido, y aunque las lluvias tuvieron un superávit de 4.7% en relación al año anterior, la sequía de nuevo se hizo presente. Ante la presencia del fenómeno natural, como detalla la dependencia en un comunicado, el pasado 22 de abril refirió un acuerdo general de inicio de emergencia por ocurrencia de sequía severa, extrema o excepcional en cuencas para 2020. El panorama futuro no es alentador. Los especialistas prevén que en unos años la disminución en la cosecha empeore. Aproximadamente para 2060 se espera que el Océano Pacífico se caliente más que el Atlántico, lo que dará un giro de 180 grados en la dirección de los vientos, revelan estudios realizados por investigadores del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (Cicese).

Los vientos que se presentan de este a oeste causarán que la lluvia que cae en el sur de México y Centroamérica cambien su dirección y se trasladen hacia el Océano Pacífico. Esto generará una escasez significativa de agua en la zona, reveló a ejecentral Édgar G. Pavía, investigador titular del Laboratorio de Pronósticos Meteorológicos del Cicese.  

›El cambio en el sentido y ubicación de las lluvias provocará un descontrol en los ciclos agrícolas por más de cuatro décadas, según estimaciones del investigador, lo que se traducirá en graves afectaciones para el campo, para las cosechas y para los trabajadores agrícolas, que son alrededor de 5.9 millones de mexicanos, casi el 10% de las personas empleadas en el país.

Pero en realidad el cambio ya inició. Durante 2018, al menos 60% de la tierra fértil del país sufrió de sequía y cayó la producción de muchos de los alimentos que se siembran en el campo mexicano. Y a medida que las temperaturas suban, el aire retendrá más humedad y se evaporará más agua, lo que provocará un aumento en la ocurrencia de lluvias torrenciales que generarán inundaciones con mayor frecuencia. Esto también afectará la producción agrícola, de acuerdo con la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica estadounidense (NOAA, por sus siglas en inglés).

A esto se añade que, a mayor evaporación y con temperaturas más altas, los suelos tenderán a secarse y aumentará la demanda de agua, frente al escaso suministro de líquido; es decir, que a mayor demanda las sequías se harán más frecuentes e intensas, sostiene la oficina estadounidense.

En esto también coincide el Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés), que en su proyecto Aqueduct, aseguró que México tiene un alto nivel de estrés hídrico, es decir, que se utiliza una cantidad de agua que no se repone completamente en el ciclo natural.

Así como Ramiro Hinojosa, hay otros miles de productores del agro que sufrieron los estragos de la sequía registrada en 2019, que afectó principalmente a Zacatecas, Durango, Veracruz, Chiapas, Tabasco y Oaxaca. Pero también ha afectado a San Luis Potosí y Quintana Roo, lugares que nunca antes habían padecido la falta de agua y que deben prepararse para un escenario mucho peor durante este año, por las condiciones climáticas y la pandemia del nuevo coronavirus.

Para tener una idea del impacto en cada productor, la sequía de 2018 y la del 2019 le provocaron un déficit al señor Hinojosa de unos 250 mil pesos. Esto afecta no sólo sus compromisos económicos, sino pone en riesgo una nueva siembra para este año. Un efecto expansivo y en cadena.

22.1 por ciento del frijol que se cosecha en México se utiliza para autoconsumo.

Lo que se perdió

El ciclo agrícola comienza en abril y termina en marzo del año siguiente. Si bien en 2019 se reportó una producción de 262.6 millones de toneladas, lo que representó un 0.5% más que el año anterior, de acuerdo con los reportes de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), también se registraron pérdidas en varios productos por las zonas en las que pegó la sequía.

Uno de los productos que más se consumen en México y que tuvo la mayor caída fue el frijol. La cosecha del grano alcanzó las 892 mil toneladas, una disminución de 25.4% en relación con el ciclo anterior. Esta afectación se dio principalmente en Zacatecas, que figura como el mayor productor de este alimento. 

En la entidad, donde casi la mitad de sus 1.5 millones de habitantes viven en pobreza, el 21.9% del frijol que se cosecha no se comercializa, sino que sirve para autoconsumo de los productores agrícolas. Durante los dos años anteriores, la producción había logrado un repunte, pero a causa del estiaje, en 2019 se tuvo una disminución que causó una baja en las más de seis millones de toneladas que produce al año. 

Otro producto regional es el arroz palay que también registró un descenso en su cosecha, al cerrar con 247 mil toneladas, es decir, 12.9% menos que en 2018. El 97.1% de lo cosechado se exporta a Venezuela, lo que genera un ingreso de más de 70 millones de dólares.

Este producto vio afectada su cosecha entre otros estados en Veracruz, donde 61.80% de su población vive en situación de pobreza, lo que afecta aún más a este sector. 

El maíz, uno de los principales productos utilizados en México registró una baja considerable. Reportó una producción de 25 millones 673 mil toneladas, una caída de 5.5%, en relación al año anterior agrícola. Esto en conjunto del maíz blanco y amarillo. Y aunque su producción es la séptima a nivel mundial, México es el máximo comprador, al adquirir casi el 10% del producto que se comercializa cada año. 

Las hortalizas también mostraron un descenso. El jitomate alcanzaría una cosecha de tres millones 414 mil toneladas, es decir, 9.7% menos. 

Este es uno de los productos que representaría una de las mayores pérdidas para el país, pues en 2018 generó un máximo histórico de venta en el extranjero en volumen y en valor de la comercialización, al alcanzar mil 725 millones de dólares en exportación a Estados Unidos, su principal comprador.

Por primera vez, San Luis Potosí, uno de los grandes productores de jitomate tuvo problemas con la sequía. En este estado más del 40% de la población vive en pobreza. 

›Nuestro país es el segundo productor de chile verde en el mundo, pero en 2019 su cosecha en este ciclo agrícola llegó a tres millones 203 mil toneladas, lo que representa un 5.2% por debajo del año pasado. La caída en la producción podría causar problemas en la exportación que se realiza a 39 países y que, sólo en 2018, representó 844 millones de dólares para México.

La papa es uno de los tubérculos que registra un rendimiento mayor a la media para los productores mexicanos, sin embargo, durante 2019 su cosecha llegaría a un millón 798 mil toneladas, que representa 0.2% menos. Esta baja en el producto afecta principalmente a los veracruzanos. 

La cebolla se exporta a 12 naciones, teniendo a Estados Unidos como el principal comprador, el 61.6% de las cebollas que consumen son mexicanas. Pero el año pasado registró una cosecha de 4.8% menos, al sumar un millón 497 mil toneladas. 

En tanto, los cítricos que se producen en la huasteca del norte de Veracruz vivieron la peor afectación: algunos productores perdieron el total de su siembra por la disminución de agua, de acuerdo con la información proporcionada por la Sader. 

Uno de los principales es el limón, la segunda producción más grande del país y con la que se ha consolidado como líder mundial de exportaciones, con más de 733 millones de toneladas. En 2018, la venta en el extranjero de este cítrico representó para México un ingreso de más de 491 millones de dólares. 

Un caso singular fue en la caña de azúcar. México es el sexto productor mundial de este producto que, debido a la sequía, afectó su cosecha en dos estados que generalmente no sufren por el agua, como son San Luis Potosí y Quintana Roo, además de Veracruz. La producción descendió de 850 mil a un millón de toneladas menos, de los poco más de seis millones de toneladas que produce al año.

De la cosecha de caña, aproximadamente el 83% del producto se exporta a Estados Unidos, lo que podría generar pérdidas en un mercado de 652 millones de dólares. 

Tardanza en lluvias

Un estudio realizado por la Conagua, y expuesto en la última actualización del Atlas del Agua, en 2018, asegura que 68% de la precipitación normal ocurre entre junio y septiembre. 

Conforme al cálculo de la Comisión, cada año México almacena un millón 449 mil 471 metros cúbicos en forma de precipitación. De esta cifra se estima que 72.15% se evapotranspira y regresa a la atmósfera, 24.77% escurre por ríos y arroyos y el 6.38% restante se infiltra y recarga los acuíferos.

Si bien la Conagua en su estudio ha analizado el comportamiento de las precipitaciones por tres décadas, estimó que durante 2019 el temporal de lluvia tuvo un retraso de al menos un mes, lo que causó que entre agosto y septiembre estuviéramos frente a la mayor sequía del año.

De acuerdo con cifras de la Sader, en estos meses el estiaje se registró en 60% del territorio nacional. Ya para diciembre los daños se presentaron en 25% del país, concentrados en seis entidades: Chiapas, Tabasco, Oaxaca, Veracruz, San Luis Potosí y Quintana Roo.

Un factor crucial que atrae la sequía es la falta de lluvias, y el año pasado la precipitación fue menor a la normal, principalmente en la vertiente del Pacífico, es decir, en Sinaloa, Nayarit, Michoacán y Guerrero. Pero por cuarto año consecutivo la zona que abarca los ríos Grijalva y Usumacinta en Chiapas y Tabasco sufrió un descenso prolongado en sus precipitaciones. Lo mismo ocurrió en los territorios cercanos al río Pánuco, donde también hubo una precipitación a la baja, al igual que en Quintana Roo, donde las lluvias fueron “anormalmente escasas”, de acuerdo con la Conagua.

Este panorama fue el principal causante de la sequía que azotó al menos a 20 estados, que se presentó más intensa en seis, pero que afectó a miles de productores y de cosechas durante el año pasado. 

Presas con poca agua 

Otra de las causas de la pérdida de cultivos es la insuficiencia de agua para que el producto pueda desarrollarse adecuadamente, por lo que las presas juegan un papel importante en el campo. 

La disminución de las lluvias y de la cantidad de agua que trajeron consigo que el nivel de la mayoría de las presas en el país descendió, lo que representó un aporte para la pérdida de siembras en el campo. 

De las 136 presas de uso agrícola que se ubican en territorio nacional, 70 registraron volúmenes por arriba de 50% de su capacidad; 50 presas se encuentran entre el 20% y 50% de su volumen, mientras que 16 de ellas tienen niveles menores de 20 por ciento, según datos consultados en la página electrónica de la Sader.

Para los últimos días de 2019, la disponibilidad para presas de almacenamiento de riego se calculó en 64 mil 811 hectómetros cúbicos, lo que se estimó en mil 247 hectómetros cúbicos más respecto los últimos 10 días de diciembre del año pasado y cinco mil 37 hectómetros cúbicos menos respecto a todo 2018 en igual fecha.

1er.  lugar mundial en producción de aguacate, limón y zarzamora es el que ocupa México.  

Las sequías prolongadas

Si bien los estudios internacionales han expuesto el escenario al que nos enfrentaremos en los siguientes años, algunos científicos que también fueron consultados por ejecentral no han establecido una prospectiva sobre cuántos años pasarán hasta que nos alcance una situación de emergencia de sequía extrema en la mayor parte del territorio nacional. 

Aunque en el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) confirmaron que en 2019 hubo estiaje. “Sí tenemos una sequía que no se distribuye espacialmente igual en todo el país y que está afectando los estados del Golfo de México”, principalmente en Veracruz y Tabasco.

“Cuando vemos que hay una anomalía o una sequía excepcional al norte o al oriente de Oaxaca, hemos observado que ha estado expuesta a condiciones diferentes a las que tiene el promedio. Ha llovido menos, muy por debajo de lo que normalmente llueve”, aseguró Jorge Zavala, director del SMN.

Aunque el escenario de sequía se ha planteado, los especialistas prefieren no definir en prospectiva el nivel de gravedad. “Si bien la sequía tiene muchos elementos, no es sencillo un pronóstico; no podemos hacer una estimación de si las lluvias podrán venir por arriba o por debajo del promedio (…) la única variable que va a cambiar es el nivel del mar, que va a seguir subiendo en los próximos días”, dijo.

›Cada año la sequía se va moviendo y no hay un patrón que lo determine, advirtió el director del SMN, pues “todos los años hay sequía que ha dejado algún tipo de afectación (…) casi todo el tiempo observamos sequías en el norte, en el centro y en el sur; cualquier zona del país es susceptible. Nadie puede decir si va a llover por arriba o debajo del promedio”.

Pese a eso, en la temporada de ciclones que inició el 15 de mayo, el SMN reveló que se esperan  40 eventos ciclónicos en este año y aseguran que serán de mayor intensidad que los registrados anteriormente.

En su momento, Víctor Orlando Magaña Rueda, doctor en Ciencias Atmosféricas por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), aseguró que como en otros años, habrá sequías prolongadas entre tres y cuatro años hacia el norte de México. 

El investigador refirió que “estamos entrando a un periodo de transición para la ocurrencia de sequías prolongadas (dos o tres años) para el norte de México. 

Esto significa que de aquí a unos 20 años las probabilidades de una sequía prolongada e intensa” en esa zona son bajas. Sin embargo, la contraparte son sequías intensas en el centro y sur de México, región que podría experimentar sequía no tan prolongada (de uno o dos años) en un plazo cercano a 10 años. Lo anterior no es un pronóstico, sostuvo, sino una orientación de lo que se puede esperar en un futuro.

Mudar de cultivos 

Ante la insuficiente y tardías lluvias, y la falta del líquido en las presas, en 2019 la Sader comenzó una planificación agrícola, con el fin de detectar cuáles son las zonas sensibles, qué productos alternativos se pueden sembrar, para así poder iniciar un proceso de transformación a largo plazo. 

“Es un proceso a muy largo plazo porque si tú te sientas con un productor que ha sembrado frijol por 20 años y le dices ‘oiga, tenemos que movernos a otro cultivo’, el productor te va a decir que no”, explicó Miguel García Winder, subsecretario de Agricultura. 

Pero no es la única problemática a la que se enfrentan. Ramiro Hinojosa explicó a ejecentral estar dispuesto a cambiar el producto que siembra y su forma de hacer agricultura, siempre y cuando la semilla que se le otorgue cumpla con la certificación y aprobación del campo mexicano. “Luego nos ofrecen el apoyo con algunas semillas que no dan el rendimiento o que no son afines a los nutrientes que tiene nuestra tierra”, explicó el productor zacatecano. 

Aunque es un tema que preocupa a todos los productores, García Winder señala que debe educarse al productor sobre la prevención y para conocer su campo. Conocer la cantidad de agua necesaria para sus cultivos, la que se cuenta en la región o cambiar el producto. 

Aunque los ingresos pueden variar o en ocasiones disminuir, dependiendo del producto que se siembre, si se cultiva el artículo adecuado podrá tener un mejor y mayor rendimiento para el productor, lo que se traducirá en menos pérdidas ante situación de sequía y, por lo tanto, mayores ingresos, un campo más cuidado y la posibilidad de seguir cosechando.

Este proceso de reorganización agrícola se ha alentado por la aparición de la pandemia, un fenómeno del que todavía está por medirse el impacto en el campo y las cadenas de consumo. 

Durante 2019, el temporal de lluvia tuvo un retraso de al menos un mes, lo que causó que entre agosto y septiembre estuviéramos frente a la mayor sequía del año.

Es un proceso a muy largo plazo porque si tú te sientas con un productor que ha sembrado frijol por 20 años y le dices ‘oiga, tenemos que movernos a otro cultivo’, el productor te va a decir que no . Miguel García Winder subsecretario de Agricultura.

Agostamiento histórico

Los periodos de sequía en la historia de México han sido recurrentes, según datos consultados en la Conagua. Por ejemplo, de 1450 a 1454 se registró un evento de sequía severa que provocó que grandes sectores de la población emigraran hacia lugares donde el fenómeno aún no se presentaba. Ya en la época colonial, entre 1521 y 1821 se documentaron hasta 50 casos de sequía en el Valle de México y 26 en el Bajío, siendo las peores las registradas en 1624, 1695, 1749, 1785 y de 1808 a 1809. En aquellos años se generó una crisis general en la economía colonial y graves conflictos sociales y políticos, desde la suspensión laboral parcial o total hasta el aumento de la criminalidad.

Durante el Porfiriato hubo 17 años de sequía registrados principalmente en Guanajuato, Querétaro, Hidalgo, Puebla y Tlaxcala, y sólo 16 años en Durango, Zacatecas, Aguascalientes y San Luis Potosí. 

Para 1875 hubo 29 casos de sequía que tuvieron una duración de 35 años, y que causó estragos a pesar de la creciente diversificación de cultivos, el desarrollo del transporte ferroviario y el adelanto en tecnologías. 

Entre 1875 y 1892, los efectos de la sequía fueron tan catastróficos, que el gobierno decretó la importación libre y sin impuestos de cereales, que generalmente se compraban en Estados Unidos, además de la implementación de campañas para distribuir alimentos a las zonas más afectas y el incentivo a la creación de depósitos de cereales para su venta a precios bajos. 

En los años siguientes y hasta 1977, se registraron 38 eventos de sequía, los de mayor importancia afectación por las pérdidas económicas que representó fueron en Coahuila, Nuevo León, Chihuahua, Sonora y Tamaulipas. 

Ante esta situación, en 1969 se creó el “Plan de lucha contra la sequía” que proporcionaba empleo a los afectados por los efectos del clima. 

Pero fue 1977 el año más seco de siglo. Las pérdidas que dejó en el campo lo llevaron a ser calificado como un año catastrófico, pues sus efectos se extendieron hasta 1978.

Fue hasta 2009 cuando se registró la siguiente afectación considerable por la sequía y, aunque el periodo de lluvias pareció cambiar la perspectiva, no fue así. 

Para el periodo de 2011 a 2012, al menos mil 213 municipios de 19 estados de la República fueron azotados por una severa sequía.

Año agrícola: La producción agrícola mexicana se divide en dos temporadas: primavera-verano y otoño-invierno. El periodo de siembras primavera-verano comienza en abril y termina en septiembre del mismo año. Las cosechas inician en junio y finalizan en marzo del año siguiente. 

Sequía Meteorológica: Es un periodo prolongado de precipitación por debajo de lo normal, lo que ocasiona un impacto en los abastos de agua. Si la precipitación es 75% o menos de lo normal por un periodo de un año o más se considera una sequía meteorológica. 

Sequía agrícola: Ocurre cuando no hay suficiente agua para que puedan crecer los cultivos. Puede resultar de la deficiencia de la lluvia o del manejo inadecuado de los recursos de agua. 

Sequía Hidrológica: Es el impacto de las lluvias deficientes por lapso prolongado sobre los abastos de agua de la superficie, los recursos y efectos del agua bajo suelo y su suministro. Se manifiesta gradualmente y puede tomar meses en recuperarse, cuando comience el ciclo de lluvias
de nuevo.

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