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Jorge Díaz Elizondo

¿Qué tiene de bueno aspirar a un puesto político con tanta vigilancia? Pensarán.

 

El inicio de año no da indicios de que México retome el rumbo del progreso y la paz. No hemos visto grandes anuncios; por el contrario, las palabras de siempre, aspirinas que no curan ni un dolor de cabeza.

Michoacán, que nunca ha estado bien, regresa a las primeras planas para unirse al clima de caos que con Guerrero, le grita al mundo que en México algo está podrido. No se ve solución pronta, mucho menos fácil ¿voluntad? ni sus luces.

Un país que por décadas ha dependido del ingreso petrolero ahora llora lágrimas de sangre. Un pleito de precios que no es nuestro, nos está dejando peor que perro apaleado. Si bien se ha cacareado mucho la adquisición del seguro que garantiza un precio mínimo al barril de petróleo mexicano, eso no significa que la economía se reactive, sólo hace que el daño no sea tan profundo.

El presidente Peña Nieto sigue sonriendo y viajando ¿para qué? sólo él lo sabe. Se reunió con Obama y no sabremos a ciencia cierta qué pasó ahí. ¿Le dieron un coscorrón? ¿Regresa con las manos vacías? ¿Algo que resuelva por arte de magia las broncas de los mexicanos? No lo creo.

¿Fue a darle un poco de credibilidad a su persona? Quizá, de ahí en fuera, nada más.

Por lo pronto da la impresión que los mexicanos nos andamos cuidando solos. No hay gobierno, no se ve, no se deja ver.
Parece que a los gobernantes de todos los niveles de gobierno y a muchos de sus empleados les deprimió el ver que los actos de corrupción ahora son ventilados con estridencia y rapidez y que, por lo mismo, ya no tiene mucho margen de maniobra.

¿Qué tiene de bueno aspirar a un puesto político con tanta vigilancia? Pensarán.

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