Morón ante el ocaso
Para nadie, mucho menos para quien persigue el poder, es fácil observar el declive, menos aún cuando este ese presenta al filo de la cumbre
El senador Raúl Morón Orozco enfrenta una decisión que podría definir el rumbo de su carrera política y modificar el escenario electoral de Michoacán.
/Andrea Murcia Monsivais / Cuartoscuro
En punto de escribir el último capítulo de su carrera política, Raúl Morón Orozco, se encuentra ante una disyuntiva que podría definir la síntesis popular de su historia en la política mexicana.
De Raúl Morón se pueden decir muchas cosas, como el que su dominio de la plaza le ha permitido armar escándalos poselectorales cuando el resultado no le es favorable, que su desconfianza le ha dificultado armar equipos políticos más allá de las amistades o que no sabe perder y que cuando pierde, busca a toda costa vender caras sus derrotas, pero, lo que al menos hasta hoy no puede decirse del profesor, es que alguna vez haya traicionado su origen político de izquierda y mucho menos beneficiando electoralmente a un partido de derecha.
Pero hoy Morón se encuentra en un callejón sin salida, obligado a renunciar a su sueño de gobernar Michoacán pese a todos los acuerdos, alianzas antes impensables y operación política que construyó con más firmeza durante los últimos años. Ante este escenario, es pertinente recordar parte de la trayectoria de Morón Orozco, quien accedió a las grandes ligas de la política nacional cuando siendo la cara más visible del ala disidente del magisterio, fue el encargado de negociar directamente con la maestra Elba Esther Gordillo, las prebendas que por décadas financiaron a la CNTE.
Raúl Morón y sus orígenes políticos en la CNTE
Esa inicial etapa de Morón dejó entrever no solo su capacidad política, sino el pragmatismo con el que su radicalismo puede ablandarse cuando se trata de negociar intereses. Actitud que la propia CNTE le reclamaría años después al dejar de lado su papel como luchador social de la educación y utilizarlo como trampolín para asegurarse un lugar dentro de la política electoral michoacana.
Cuando Raúl Morón, contando aun con una opinión mayoritariamente favorable dentro de las filas de la CNTE, orientó el voto del magisterio democrático para ayudar a Lázaro Cardenas Batel a ganar la elección para gobernador y, tras lograr Batel la gubernatura no le dio a Morón la titularidad de la Secretaria de Educación, el berrinche del segundo costó una oleada de paros escolares y manifestaciones que perjudicaron por igual a alumnos y civiles, sin obtener nada más que favores personales que capitalizó para mantener a su grupo político, resguardando su lugar con la única mira de su futuro electoral.
Deformada de los orígenes que le dieron vida a la CNTE -la búsqueda de un modelo educativo que formara estudiantes pensantes y mejores condiciones laborales para los profesores-, esta se desvaneció hasta convertirse en lo que es hoy, al igual que varios de sus líderes que intentaron replicar el uso de ese trampolín para hacerse de un lugar en la política michoacana. Solo Raúl Morón logró su objetivo.
Hace casi seis años, cuando por fin su sueño de ser ungido con la candidatura a gobernador por el partido de izquierda dominante en el país, se hizo realidad, luego de haber tejido una relación con Andy López Beltrán, para contar con el visto bueno de Andrés Manuel López Obrador, Raúl Morón mostró otra parte de su personalidad que le costó perder su oportunidad de la manera más absurda, despreciando y pretendiendo vulnerar una ley electoral que él mismo avaló cómo legislador, creyéndose gobernador antes de serlo y creyendo que el poder esta por encima de la ley. Ni el expresidente pudo, o quiso salvarlo.
Tras esa derrota política, Raúl Morón tuvo que soportar su propio error y la humillación del INE, poniendo la cara de mártir de la democracia, culpando al INE de haberle robado la candidatura y haciendo frente a un periodo muy complicado para él, viendo como Alfredo Ramírez Bedolla, hasta entonces un fiel obradorista pero casi intrascendente político, se empoderó y dejó a Morón prácticamente fuera del poder gubernamental, luego de que Morón adoptara una postura de exigencias al considerar según él que Ramírez Bedolla le debía el puesto como gobernador.
Durante los últimos seis años, tratando de reconstruirse, Morón Orozco ha consolidado alianzas que ya poco dibujan al Raúl Morón que el electorado michoacano afín a la izquierda recuerda y que poco representa a sus orígenes, esperando la revancha y vendiendo la idea, que incluso llegó a ser comentada por la presidenta Claudia Sheimbaum en sus mañaneras, de ser una víctima del sistema a quien “se le debía la candidatura”.
Pero la mala suerte de Morón, si es que la suerte juega un papel en la política electoral, lo persigue. Apoyado principalmente por el exgobernador Leonel Godoy Rangel, quien no logró concretar su aspiración a la dirigencia nacional de Morena, Morón tuvo que sujetarse al método de elección que Morena definió para elegir a sus candidatos, que hoy, se reconozca o no, es observado y vigilado por las agencias de inteligencia y seguridad estadounidenses, que tienen al gobierno de Claudia Sheimbaum, obligado a cuidar la probidad de sus candidatos y las alianzas de los mismos rumbo a la elección del 2027.
Fuera de ello, Carlos Torres Piña, ex secretario de Gobierno y exfiscal de Michoacán, mediante una eficaz y minuciosa suma de simpatías y alianzas, ganó la encuesta que eligió al coordinador de los trabajos de la 4T en Michoacán, que según sus protocoles lo convertirá en su próximo candidato a gobernador en la entidad, acción que como ha caracterizado el actuar de Raúl Morón, no está dispuesto a reconocer, mucho menos ante la que parece ser su última oportunidad.
Elecciones Michoacán 2027: la disyuntiva de Raúl Morón ante Morena y el PT
Y aquí la disyuntiva que podría escribir el último recuerdo de Raúl Morón en los pasajes de la historia política de Michoacán, ante la posibilidad, o al menos intentar hacerlo, de fracturar a la izquierda electoral michoacana, para según sus cuentas, abrir el paso a una eventual victoria de la derecha panista, alentado la alianza entre la alcaldesa de Uruapan, Grecia Quiroz y el panista Alfonso Martínez Alcázar, quien ni en su sueño más remoto, podría aspirar a conquistar el voto michoacano, sino es con ayuda de una premeditada fractura de la izquierda.
El escenario está dado y los demonios que rodean el enojo de Morón susurran a su oído y enaltecen la figura que él considera de si mismo para no renunciar a su sueño. Por su parte, el partido del Trabajo, con un muy experimentado Reginaldo Sandoval Flores, le tiende la mano para ser el candidato del PT al gobierno de Michoacán, plagiando de entrada el logo 4T, estilo PT.
Para Reginaldo Sandoval sería una gran compra que entregaría al PT una suma de votos imposible de imaginar para su estructura estatal, aumentando sus espacios legislativos, aunque no le alcance a Morón para ser gobernador y lo ubique solo como el factor de la derrota de la izquierda en Michoacán.
Morón sabe que no puede o al menos no debe ubicarse de tal manera, por eso no es extraño que el amago de la derrota de Morena en 2027 haya sido expresada por Leonel Godoy hace pocos días ante los medios de comunicación, sin Raúl Morón a su lado, pero las cartas se agotan y en el sueño de perseguir el poder, Raúl Morón tendrá que definir sin más atraso, quién quiere ser el en la historia de Michoacán.
Por lo pronto, desde el anuncio hace un par de semanas y la ratificación del mismo este fin de semana, de Carlos Torres Piña como coordinador y próximo candidato a gobernador de Michoacán por Morena, Raúl Morón se ha negado a reconocer su derrota y ha optado por dilatar, ahora hasta noviembre, su reconocimiento a Torres Piña, mientras valora si su estrategia suma simpatías o sigue perdiendo afines y termina relegando de la vida política.