No se escucha y no aparece todos los días en las noticias. Sin embargo, cada temporada de lluvias y cada época de estiaje nos recuerda que el verdadero riesgo está bajo nuestros pies: ríos olvidados, cuencas destruidas y una crisis hídrica que avanza mucho más rápido de lo que imaginamos.
La Ciudad de México no puede aspirar a un futuro sostenible si continúa dándole la espalda a sus ríos urbanos. Recuperarlos ya no es un lujo ambiental; es una necesidad para la seguridad hídrica, la salud pública, la adaptación al cambio climático y la calidad de vida de quienes habitamos esta gran metrópoli. Durante el Foro Internacional del Medio Ambiente 2026, se reunieron especialistas como la Mtra. Ameyalli Pérez Hernández, de la SEMARNAT; el Dr. Alfonso Iracheta Cenecorta, de El Colegio Mexiquense; y el Dr. Rafael Bernardo Carmona Paredes, del Instituto de Ingeniería de la UNAM, quienes coincidieron en un diagnóstico contundente: el problema no radica únicamente en la falta de agua, sino en la manera en que hemos administrado nuestras cuencas y diseñado nuestras políticas públicas. Se reconoce que el marco jurídico mexicano presenta inconsistencias y que resulta indispensable avanzar hacia instrumentos normativos más sólidos, coordinados y vinculantes que permitan recuperar nuestros ríos de manera integral. Uno de los aspectos más relevantes del panel fue el reconocimiento, expuesto por la Mtra. Ameyalli Pérez Hernández, que la restauración debe partir de una visión ecohidrológica.
La estrategia nacional que impulsa la SEMARNAT para microcuencas, subcuencas y cuencas representa una oportunidad para dejar atrás soluciones aisladas y construir políticas basadas en evidencia científica, indicadores de desempeño y planeación de largo plazo. Particularmente alentador resulta que ya existan proyectos piloto con soluciones basadas en la naturaleza en ríos como Tarango, Eslava y Tacubaya, demostrando que recuperar nuestros ecosistemas sí es posible cuando existe voluntad institucional y participación ciudadana. También debemos entender que los ríos no reconocen límites administrativos. Como lo señaló el Dr. Alfonso Iracheta Cenecorta, el agua fluye entre alcaldías, municipios y estados; por ello, las decisiones no pueden seguir fragmentadas. La gobernanza metropolitana debe convertirse en una prioridad, fortaleciendo la coordinación entre los distintos órdenes de gobierno, con mecanismos que generen incentivos para conservar nuestros cuerpos de agua, pero también sanciones efectivas para quienes los deterioran. Otro punto que merece especial atención es la necesidad de restaurar los cauces naturales.
El Dr. Rafael Bernardo Carmona Paredes advirtió que durante años convertimos muchos ríos en canales de aguas residuales o simplemente los desaparecimos bajo toneladas de concreto. Hoy enfrentamos las consecuencias: inundaciones artificiales, pérdida de biodiversidad, deterioro ambiental y una creciente vulnerabilidad frente al cambio climático. Su llamado fue claro: los ríos deben mantener caudales permanentes, dejar de recibir descargas sin tratamiento y recuperar su función natural de regulación durante la temporada de lluvias. Asimismo, el Dr. Rafael Bernardo Carmona Paredes planteó la importancia de actualizar la información topográfica, sanear las cuencas altas, recuperar infraestructura hidráulica, fortalecer las plantas de tratamiento y promover un mercado de aguas regeneradas que permita aprovechar este recurso de manera inteligente y sostenible. Estas acciones no sólo representan una inversión ambiental; también constituyen una oportunidad para impulsar desarrollo económico con responsabilidad ecológica. Como Diputada del Congreso de la Ciudad de México estoy convencida de que la agenda ambiental debe pasar del discurso a la acción. No podemos seguir reaccionando únicamente cuando llegan las inundaciones o cuando las presas alcanzan niveles críticos.
Necesitamos legislación moderna, presupuestos suficientes, coordinación institucional y una ciudadanía comprometida con la defensa de nuestros recursos naturales. Rescatar nuestros ríos significa rescatar nuestra historia, nuestra biodiversidad y nuestro futuro. Cada río recuperado representa menos inundaciones, más agua disponible, mejor calidad del aire, espacios públicos más dignos y una ciudad más resiliente frente a los desafíos climáticos. Por ello, recientemente presenté una iniciativaal artículo 9 de la Constitución Política de la Ciudad de México, con el propósito de reconocer a los cuerpos de agua como patrimonio ambiental estratégico; incorporar el principio de no regresión hídrica, que impida el entubamiento o la desaparición de ríos, salvo en casos excepcionales plenamente justificados; y reconocer el derecho de los ríos y demás cuerpos de agua a su restauración ecológica.