1er. TIEMPO: Repliegue de emergencia. Hace apenas unas semanas, Andrés López Beltrán, a quien le molesta que le digan Andy, como le dice su padre el expresidente Andrés Manuel López Obrador, se portaba de manera rebelde e, incluso, desafiante con la presidenta Claudia Sheinbaum. López Beltrán era el secretario de Organización de Morena, un cargo relacionado con el área electoral en donde lo dejó su padre para controlar los procesos y las candidaturas. Resultó un fracaso. Su nadir político fue el año pasado, cuando fue el operador político de Morena en las elecciones locales -municipales y el Congreso- en Durango, donde naufragó de manera miserable: lo aplastaron los priistas. Regresó a la Ciudad de México por la puerta de atrás y bajó su perfil público, pero no la intriga política. Estaba velando armas. La primera, descarrilar al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, como potencial candidato a la Presidencia en 2030, pero no hizo nada para empezar a minarlo, salvo pasarse de hablador. Luego, cuando Sheinbaum relevó a Luisa María Alcalde al frente del partido a principios de mayo, pero a él no lo tocó, le dijo a sus cercanos que se iría a Coahuila para manejar las elecciones locales el 7 de junio. Su determinación se quedó sin combustible en 22 días, porque el lunes presentó su renuncia a la secretaría que tenía y a la Comisión Electoral. La lectura de la oposición y varios analistas fue que prefirió retirarse, a volver a pasar un mal trago en Coahuila. Caray. Si en Durango se fue a vivir dos meses y no pudo, en Coahuila, donde no le había dedicado tanto tiempo, probablemente iba a ser peor. Andy anunció que renunciaba porque iba a buscar la candidatura a diputado federal por un distrito de Tabasco, en las elecciones de junio del próximo año. Demasiado tiempo para que alcance fuero. Las razones de fondo no se saben, pero coinciden con la embestida del gobierno de Estados Unidos contra los políticos de Morena vinculados con el crimen organizado, y con investigaciones en la prensa de ese país sobre sus negocios construidos al amparo de su padre, convirtiéndolo a él y a sus amigos, en multimillonarios. López Beltrán tomó una decisión que no contemplaba a principios de mayo, para esconderse. Sus hermanos y él, por recomendación del expresidente, han tenido que abandonar la prepotencia que les daba la impunidad en el sexenio pasado, porque teme López Obrador que sí haya una acción judicial en contra de alguno de ellos, y Andy, por mucho, es el manjar más apetitoso para perseguir.
2o TIEMPO. Justicia poética. En abril de 2024, el presidente Andrés Manuel López Obrador, retomó su cantaleta distractora de todo el sexenio y volvió a sembrar en el imaginario colectivo los excesos del viejo régimen, con verdades y mentiras, con frivolidad y generalidades, y con ese aire cínico tan característico de él, para pintar de corrupto todo el pasado. “¿Quién pompó avioncito?, ¿quién pompó?”, dijo ese día en su mañanera de Palacio Nacional. “¿Quién pompó departamentito?, ¿quién pompó? ¿Quién pompó la casita?, ¿quién pompó? ¿Quién pompó cochecito?, ¿quién pompó? ¿Quién pompó las alhajitas?, ¿quién pompó?”. Su narrativa entró en una tormenta de la cual aún no sale la familia del macuspano, cuando su segundo hijo, Andrés Manuel López Beltrán fue fotografiado de vacaciones -en lugar de estar trabajando en Morena, que le había encargado su padre para cuidar su legado- en uno de los hoteles de lujo de Tokio, de compras salir en las grandes tiendas de la avenida Omotesambo, y pagar una cena de 47 mil pesos, tres mil pesos más que su salario como secretario de Organización del partido. Tokio fue un punto de inflexión para Andy, como lo llama cariñosamente su padre, quien nunca pudo explicar la fuente de sus ingresos. Desde entonces, sus rendimientos fueron decrecientes, hasta convertirse en las últimas encuestas sobre él, en el político más repudiado del país. Pero eso es lo de menos. Lo de más son los negocios al amparo del poder, no todos legales ni legítimos, y algunos incluso, presuntamente vinculados con el crimen organizado. Uno de ellos fue el huachicol fiscal, el contrabando de combustible, que mancha por todos lados a Andy. El decomiso de contrabando de combusible más grande en la historia de México, y la acción criminal más redibuable -más de 600 mil millones de pesos-, fue el aseguramiento del barco Challenge Procyon con más de 20 millones de litros de hidrocarburo, en el puerto tamaulipeco de Altamira el año pasado. Las investigaciones llevaron a dos altos mandos de la Marina, sobrinos políticos del exsecretario, el almirante Rafael Ojeda, pero en el segundo nivel de la averiguación, todos los caminos del huachicol llegaban a Andy. Quien le seguía la pista era Alejandro Gertz Manero, el fiscal general que le había decubierto complicidades con Raúl Rocha Cantú, el empresario regiomontano que es dueño del 50% del concurso Miss Universo, en el contrabando de combustible, quienes estaban en una sociedad que incluía dos restauranes, uno en la colonia Condesa, en la Ciudad de México, y otro en Nueva York. En Palacio Nacional le pidieron a Gertz Manero que suspendiera la investigación sobre los malos pasos de Andy, pero el fiscal, dijo que sí, pero no lo hizo. La información se filtró a López Obrador que operó a través del senador Adán Augusto López, que lo cesaran, bajo el disfraz de renuncia. La investigación de Gertz Manero se detuvo, pero en Estados Unidos, que recibieron cajas de documentación sobre el caso, se matiene.
3er. TIEMPO: ¿Se acabó la impunidad? Las investigaciones periodísticas sobre los negocios ilegítimos, probablemente ilegales de Andrés Manuel López Beltrán, llevaron a ninguna parte, porque nunca se abrió una investigación oficial en la Fiscalía General, ni hubo seguimiento, reacción y acción en el legislativo. Pero una cosa es México y otra Estados Unidos. Desde principios del año pasado, el gobierno de Donald Trump inició una investigación en contra de los hijos de López Obrador; del entonces coordinador de Morena en el Senado, Adán Augusto López; de la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, y de un número no determinado de miembros del gabinete de la presidenta Claudia Sheinbaum, para determinar si tenían cuentas en paraísos fiscales y analizar la procedencia de esos recursos. La primera parte de la investigación se enfocó en Panamá, que no llegó a ningún lado. La sospecha de los investigadores fue que ante el temor que se les empesaran a rastrean sus cuentas, los trasladaron a otros paraísos fiscales en el Caribe. En el caso de Andy, las investigaciones se han ampliado en el Departamento del Tesoro, por empresas suyas con presuntos vínculos con el crimen organizado y en el Servicio de Ingresos Internos -del equivalente al SAT-, revisando sus movimientos financieros, que los tiene muy bien blindados, que sin embargo, un viejo socio de López Beltrán, Jorge Amílcar Olán, que era su operador, les está ayudando a armar ese rompecabezas. Andy creía que el aura de su padre, el expresidente Andrés Manuel López Obrador, era suficiente para estar tranquilo, lo que era cierto para México, pero no para Estados Unidos. Su renuncia a Morena fue vista en la prensa política como un intento de alcanzar el fuero y lograr ser protegido por la 4T, pero los tiempos no dan. Si alcanza el fuero mediante una diputación federal, no sería sino hasta septiembre del próximo año, una eternidad en función de la velocidad con la que cambian los eventos hoy en día. Pareciera que López Beltrán tomó la decisión de bajar el perfil, guardarse y esperar a que los tiempos cambien, con lo que los sueños de su padre de construirlo como candidato a la Presidencia en 2030, tendrán que meterse en el cajón de los deseos que nunca se cumplieron. López Obrador no tendrá una dinastía política. Por lo que se ve actualmente, si su hijo predilecto navega la tempestad que vive la familia, habrá ganado, no la Presidencia, sino la libertad.
X: @rivapa_oficial