CNC-AMSOC: Unir esfuerzos para atender una deuda histórica

3 de Septiembre de 2026

CNC-AMSOC: Unir esfuerzos para atender una deuda histórica

simon vargas
“Existe una gran desesperanza por el abandono que ha sufrido el campo en los últimos años.”
Leticia Barrera Maldonado

El jueves 27 de agosto de 2026, en la Ciudad de México, la Confederación Nacional Campesina y The American Society of Mexico firmaron un Memorándum de Entendimiento que busca reimpulsar al campo mexicano y devolverle esa vitalidad que desde hace años se le ha negado y es que este rubro constituye un componente estratégico para la seguridad nacional y alimentaria, la estabilidad social, la generación de empleo y la integración económica de América del Norte.

México durante décadas se ha caracterizado por encontrarse entre los primeros lugares como potencia exportadora, sin embargo, convive con una realidad brutal; de acuerdo con datos del INEGI, alrededor del 6% de los productores ha obtenido un crédito y sólo el 1.9% pudieron adquirir un seguro agrícola.

El abandono, aunque duela reconocerlo es desolador y además hiere, ya que somos un país que alimenta mesas del otro lado de la frontera, pero que deja a sus propios agricultores sin financiamiento, sin seguro y, cada vez más, sin apoyo por parte de los diferentes niveles gubernamentales.

La crisis es el resultado de años de desmantelamiento de instrumentos de financiamiento, asistencia técnica y comercialización, como lo ha denunciado la propia dirigencia de la Confederación Nacional Campesina, la Diputada Leticia Barrera Maldonado: “Con discursos no se siembra ni se cosecha. El campo necesita recursos, no promesas.”
Incluso el Consejo Nacional Agropecuario ha alertado que cerca del 20% de las tierras de cultivo están siendo abandonadas por inseguridad, extorsión, precios, falta de agua y migración y por supuesto que la pobreza sigue siendo más alta que en las ciudades, alrededor de 13 millones de personas rurales viven en pobreza y casi 4 millones en pobreza extrema; esta no es “transformación”, es más bien una clara exclusión.

Los campesinos están hartos de la corrupción que acaba con los programas, de los trámites que no se resuelven, de los adeudos que se convierten en persecución y de un gobierno que habla de soberanía alimentaria mientras importa decenas de millones de toneladas de alimentos. Lamentablemente, la ausencia que ha mostrado el gobierno para con el campo ha sido aprovechada por el crimen organizado, y en múltiples casos el sector rural se ha convertido en una de las principales fuentes de mano de obra para las organizaciones criminales; porque la falta de oportunidades, la desigualdad y la impunidad hacen poco probable otras elecciones.

El “derecho de piso” ahora se cobra con impunidad, se impone al productor, se incluye en la cuota del distrito de riego y en el flete; es por ello preocupados por esta situación la AMSOC ha considerado como un eje central en esta firma de memorándum la protección de las cadenas agroalimentarias, la legalidad de los procesos productivos y la reducción de la influencia de organizaciones criminales sobre productores, transportistas y comunidades rurales adquieren una importancia prioritaria.

Larry Rubin, presidente de AMSOC, lo mencionó durante su participación: “el productor debe tener la seguridad de que podrá sembrar, cosechar, transportar y vender sin amenazas ni extorsiones”. La seguridad del campo, insistió, no es solo policial, también requiere financiamiento legal, mercados transparentes, cadenas verificables e instituciones presentes.

Esa es la importancia de la iniciativa, la oportunidad para abrir interlocución ante instancias binacionales, empresas, fondos, compradores y mecanismos de trabajo temporal legal. El convenio plantea identificar productos con potencial de exportación, agricultura por contrato, certificación sanitaria y de calidad, trazabilidad, infraestructura de frío y empaque, y vinculación directa con compradores estadounidenses.

El apoyo de AMSOC no absuelve a México de su responsabilidad, al contrario, nos exhibe; porque las instituciones que debían hacerse responsables siguen sin brindar el acompañamiento eficiente y real y tristemente en un país que constantemente se niega a reconocer lo evidente, nombrar el abandono del campo es ya un acto revolucionario y su atención un acto de justicia.