El pasado 1 de septiembre, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó el mensaje de su Segundo Informe de Gobierno en Palacio Nacional. Su discurso mostró una escasa referencia a la política exterior —comprensible ante la abundancia de temas nacionales—, aunque el documento impreso profundiza en sus dos años de gestión.
Desde la época del priismo recalcitrante, los informes anuales no han sido instrumentos reales de comunicación ni de rendición de cuentas ante la sociedad y el Poder Legislativo. Responden a intereses del sistema, al enaltecimiento presidencial y al manoseo estadístico. Para muchos, son un parámetro para leer entre líneas; para otros, un martirio de incongruencias, vacíos calculados y mentiras.
Esta vez tampoco se rompió la regla. Se percibe desinterés por la política exterior y falta de estrategia; una postura guiada por el escenario político interno y la complacencia hacia sus seguidores.
La política exterior del sexenio anterior, heredada por la actual administración, ha sido contaminada por los objetivos ideológicos del partido oficial bajo la premisa de que “la mejor política exterior es la interior”. Esto provocó un dramático aislamiento de México en el contexto internacional y multilateral, dejando un limitado campo de acción con pocos socios como Brasil, Cuba, Nicaragua y, en su momento, Venezuela; o con personajes de la talla de Cristina Fernández de Kirchner y Alberto Fernández en Argentina, Gustavo Petro en Colombia, Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel en Cuba, Rafael Correa en Ecuador, Daniel Ortega en Nicaragua o Pedro Castillo en Perú. El trabajo diplomático parecería responder más a salvaguardar los intereses y la espalda de dichos protagonistas que a consolidar verdaderas relaciones entre Estados.
En tanto no se separen las cargas ideológicas de la política exterior y se identifique plenamente el interés nacional, estaremos lejos de una política de Estado, por lo que la Cancillería permanecerá como una entidad administradora y no estratégica. Conozco bien a esa institución y sé que cuenta con personal diplomático de carrera, funcionarios y analistas profesionales.
Sin ser exhaustivo, el informe impreso resalta —aunque de forma enunciativa— la agenda de la Cancillería enfocada en relaciones bilaterales, regionales y multilaterales. Destaca los principios constitucionales como eje central de la política exterior, así como la relación con Estados Unidos desarrollada en un marco de pleno respeto a la soberanía, confianza mutua y cooperación sin subordinación —afirma la mandataria mexicana—, aunque reconoce que “ha tenido sus dificultades”. La amalgama de temas es amplia: seguridad, crimen organizado, migración, comercio, frontera y atención a comunidades mexicanas en el exterior.
El documento también resalta la relación con América Latina para fortalecer la democracia, el multilateralismo y el Derecho Internacional; continúa la confrontación con Ecuador, pero avanzan las relaciones con Perú y España, así como con la Unión Europea a través del Acuerdo Global Modernizado y el Acuerdo Comercial Interino. Describe, además, la participación en organismos como la ONU —tan vapuleada por la 4T— para el impulso de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. No podía faltar la cereza en el pastel hacia Centroamérica con el programa “Sembrando Vida”. En fin, el documento cuenta con 1,342 páginas.
Se omiten asuntos de relevancia como el polémico envío de petróleo a Cuba, donde impera la opacidad, y las desapariciones forzadas en México, cuyo expediente se encuentra en el seno de la Asamblea General de la ONU para su análisis y rechazado por el gobierno mexicano. Tampoco se hacen referencias específicas a las desavenencias con Estados Unidos en materia de narcotráfico y señalamientos políticos.
Ante una realidad geopolítica cambiante, el aislamiento y la subordinación de la agenda exterior a intereses domésticos tienen un costo muy alto. Romper esta inercia exige estrategias concretas y diagnósticos serios que demuestren que los principios y los intereses nacionales no se contraponen. Defender a la nación no radica en evadir al mundo, sino en insertarse en él con inteligencia y visión de futuro.