El infame expresidente

20 de Abril de 2026

El infame expresidente

raymundo riva palacio AYUDA DE MEMORIA

1ER. TIEMPO: Cómo vamos a olvidar sus megaobras. Hace un año, cuando alguien criticaba al expresidente Andrés Manuel López Obrador, recibía una catarata de ataques e insultos. En los periódicos, columnistas afines a Morena lo defendían; en los medios electrónicos, resaltaban sus logros. Apoyarlo a él, era blindar a la presidenta Claudia Sheinbaum. Pero ahora, las cosas cambiaron. Para blindar a Sheinbaum, hay que alejarse de López Obrador. Entre más avanza su sexenio, más hoyos negros emergen del sexenio de él. El colapso de Pemex, cuya producción cayó de casi 1.9 millones de barriles diarios, a menos de 1.3 millones en tan solo seis años, es uno de tantos sueños que se han caído a pedazos. Él decía que perforar petróleo era muy fácil, que solo se “excavaba” y ya está. Nada científico. De ese tamaño era su ignorancia. Se encargó de desmantelar esa empresa, que era el sostén de las finanzas públicas, a un grado que hoy no tienen el equipo para controlar un derrame como el del Golfo de México. Sus caprichos como la refinería de Dos Bocas, construida en donde le dijeron que no lo hiciera porque se hunde, y que no apurara su inauguración que aceleró para dejar su huella en la historia, lo marcará como un necio inconsciente por lo que le dejó al país: endeudamiento, muertes y una planta que quién sabe si llegará a operar algún año al 100%. Igual que El Tren Interoceánico, incompleto, siniestrado por su deficiente construcción. En Dos Bocas, su protegida Rocío Nahle, hoy gobernadora de Veracruz, fue la responsable de su construcción, que programó para costar 8 mil millones de dólares y terminó pagando 300% por encima del presupuesto. En el Istmo de Tehuantepec, su hijo Gonzalo supervisó la obra, donde los materiales de construcción de baja calidad y muy alto precio, los vendieron los amigos de su otro hermano, Andrés. El ecocidio por el Tren Maya se ha profundizado y no se puede ocultar, sin contar con el fracaso de que fuera un tren turístico. El aeropuerto Felipe Ángeles, que conceptualmente se acerca más a una central camionera, no refleja que es la principal terminal de capital de la 12ª economía del mundo. Sus servicios en el interior la desnudan: un centro de atención del Infonavit, comida de pastes, y unos cuantos, de tacos, sin gente, pero sobre todo, sin vuelos ni pasajeros. López Obrador jamás se imaginó que sería muy recordado por sus megaobras, pero no por lo grandioso de ellas, sino porque se han convertido en la metáfora de un infame.

2DO. TIEMPO: El mundo de López Obrador. Esto no es nuevo. Ya se apuntó cuál era el mundo del expresidente Andrés Manuel López Obrador. Que si tenía otros datos que contradecían la realidad. Que si se quiso construir el aeropuerto de Texcoco sobre el lago prehispánico de los aztecas, que era inexistente y que Lázaro Cárdenas terminó de secar. Que el sistema de salud iba a ser mejor que en Dinamarca, heredando la destrucción del sistema y el desabastecimiento de medicinas que heredó, porque lo dejó como arrastre, en el gobierno de Claudia Sheinbaum. Que el avión presidencial no lo tenía ni Obama, que se cansó de rifar para solo sacar dinero y terminó rematándolo a un tirano en Asia. Que la Covid se detenía ante los crucifijos, pero la pandemia dejó casi un millón de muertos por la irresponsabilidad criminal con la que manejó el virus. Que o se portaban bien los criminales o los iba a acusar con sus mamás y abuelitas, terminando por entregar más de una tercera parte del territorio a los cárteles de las drogas, facilitando que crearan un estado paralelo. Que creceríamos al 6%, terminando su sexenio con menos de 1% . Que iba a acabar con la inseguridad en seis meses, y acabó su gobierno con el mayor número de muertos en la historia moderna. Que ya no era tiempo de pleitos y divisiones, y que teníamos que unirnos, cuando él se convirtió en el juzgador sin pruebas y quien liberaba la guillotina para acabar con sus críticos y quien no pensara como él. Que ya no había masacres, aunque todos los meses las había. Que tampoco había feminicidios ni asesinatos de periodistas, que se incrementaron. Que acabaría con la impunidad de los criminales, pero terminó asociándose con ellos. Que respetaba al Poder Judicial, pero terminó matándolo es instalando una corte de los milagros con ministras y ministros disfuncionales. Que no reformaría la Constitución. Que bajaría la gasolina a 10 pesos el litro. Que acabaría con la pobreza extrema, que logró relativamente, pero mayoritariamente con una transferencia directa de dinero, que regresará a ser lo que era cuando se le acabe el dinero al gobierno para mantener el subsidio a la vida cotidiana de millones. Que la venganza no era su fuerte, lo que fue una de las mentiras más grandes de su sexenio. Más figura que genio, López Obrador construyó su Presidencia sobre una narrativa: la del hombre impoluto que había llegado a limpiar la vida pública de México. Fue todo lo contrario. Los mayores casos de corrupción que han habido fue el de Segalmex y el huachicol fiscal. Pero no existieron para él, porque entre los beneficiarios directos de ellos, se encuentra su círculo más íntimo.

3ER. TIEMPO: Tiempo de corrección. En el último año de su gobierno, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador decía, con cierta mofa, que si pensaban que él era duro, esperaran a ver gobernar a Claudia Sheinbaum. Lo sabía muy bien. Sheinbaum es una persona de izquierda de toda la vida, con un proyecto de izquierda y una agenda de izquierda. López Obrador es el arquetipo del priista, mañoso, elástico y mentiroso. No es de izquierda, sino más bien es conservador, pareciéndose más al PAN de antes que al PRD de Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo. Es antifeminista, como no lo es Sheinbaum, y no cree en el cambio climático, como sí lo piensa su sucesora. Sí es más dura Sheinbaun que él, porque es dogmática, pero al mismo tiempo, por formación entiende al mundo mientras que para él, Macuspana era su cosmogonía, y el mundo se reducía a lo que había conocido y disfrutado de niño, lo que explica dos de sus megaobrar, el Tren Maya y la refinería de Dos Bocas. El gobierno de Morena no es una continuidad automática, como decía Sheinbaum que sería el segundo piso de la transformación que había ofrecido López Obrador. La realidad que se ve en la silla presidencial, cuando no se tienen filias y fobias, sino capacidad de reflexión y entendimiento del entorno, es diferente a la que se observa desde la oposición. Sheinbaum ha tenido que rectificar el rumbo que había marcado López Obrador, sin modificar el proyecto original. Modificar la estrategia de seguridad era inevitable porque Sheinbaum, a diferencia de su antecesor, no es parte de las estructuras criminales -y nunca lo fue-, ni estaba dispuesta a que el crimen organizado siguiera marcando el destino del país, mediante su expansión territorial y control de puestos de elección popular. Tomar decisiones con las cuales no está de acuerdo, pero que tiene que asumir por necesidad, no puede tener un mejor ejemplo que el fracking, que es una técnica para extraer petróleo y gas mediante una fracrtura hidráulica. No tiene de otra. O camina con esa técnica que produce daños al medio ambiente, aunque no tantos como sucedía con la tecnología de hace 10 años, o no solo mantiene la dependencia de Estados Unidos, sino se vuelve vulnerable a cualquier presión y chantaje de Washington, mejor ejemplificado con el gas natural, que se importa en un 75% de Texas, y del que México solo podría sobrevivir, si le cortaran el suministro, 57 horas. La realidad está llevando a Sheinbaum a hacer algunas correcciones -otras importantes como el debilitamiento del Estado de Derecho y los límites a inversiones del sector privado- todavía están firmes en su mente y corazón, que es su materialización llevan, de manera inevitable, a mostrar a López Obrador de cuerpo entero en el aparador, donde vemos a un infame sujeto que traicionó al país.

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