El negocio de la derrota: ¿es hora de voltear a otros deportes?

7 de Julio de 2026

El negocio de la derrota: ¿es hora de voltear a otros deportes?

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Fernando Vargas Nolasco

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EjeCentral

El fútbol mexicano se ha erigido como una maquinaria financiera colosal, con una Liga MX valuada en aproximadamente 13,000 millones de dólares. A pesar de que los ingresos reportados rondan los 600 millones de dólares anuales y el valor de las 18 franquicias supera los 2,000 millones de dólares, los resultados en la cancha no justifican la magnitud de esta inversión.

Durante los últimos 40 años, hemos sido testigos de un estancamiento competitivo que contrasta con la euforia comercial, exacerbado por decisiones como la suspensión del ascenso y descenso en 2020, la cual disparó el valor de las franquicias en un 48% sin que esto se tradujera en un mejor nivel de juego.

Es innegable que el impacto económico es real; eventos como el Mundial 2026 han movilizado cifras impresionantes, estimándose una derrama de hasta 45,000 millones de pesos a nivel nacional durante las primeras tres semanas de competencia. Sin embargo, esta bonanza es un espejismo para el deporte mexicano.

La reciente eliminación de nuestra Selección, incluso contando con el mayor número de jugadores en ligas europeas del siglo, demostró que el problema es estructural, no de talento individual.

Es momento de que la iniciativa privada deje de ver al fútbol como la única vía segura de retorno publicitario. Existen disciplinas como el atletismo, el básquetbol, clavados, volibol y otros deportes nacionales que, con una fracción de lo que se invierte en el “Tri”, podrían cosechar éxitos internacionales que el fútbol nos ha negado por décadas.

A esto se suma la responsabilidad de los medios de comunicación. Nuestra prensa deportiva ha caído en la comodidad del “infoentretenimiento”, priorizando el espectáculo del fútbol sobre el análisis profundo y la difusión de otras disciplinas. La crítica debe ser contundente: mientras los espacios mediáticos sigan dedicando horas interminables a justificar el fracaso (a veces bajo narrativas de “buen esfuerzo”), se le niega al público la oportunidad de conocer y apoyar el talento en otros ámbitos.

La mediocridad no debe seguir siendo el motor que financia el deporte nacional. Si las marcas comerciales y los medios se atrevieran a arriesgarse apoyando otros proyectos, estaríamos construyendo un ecosistema deportivo más plural y competitivo. Es hora de dejar de normalizar la derrota y de voltear, con dinero y reflectores, hacia los deportes que sí representan un futuro prometedor para México.