¿Qué diferencia existe entre un inmenso charco de aguas de mala calidad y un lago lleno de vida? A simple vista podría parecer únicamente una cuestión de paisaje. En realidad, es la diferencia entre una ciudad que sólo intenta contener el agua y otra que aprende a convivir con ella. Durante décadas, la infraestructura hidráulica se diseñó para conducir el agua de lluvia lo más rápido posible hacia el drenaje. Esa estrategia permitió reducir inundaciones, pero también provocó que muchos espacios destinados a regular los escurrimientos fueran percibidos como sitios grises, aislados y sin valor ambiental. Hoy, frente al cambio climático y al estrés hídrico, esa visión debe evolucionar. Los vasos reguladores cumplen una función indispensable. La Secretaría de Gestión Integral del Agua señala que forman parte de la infraestructura que almacena temporalmente los escurrimientos extraordinarios para disminuir el riesgo de inundaciones mientras el sistema hidráulico recupera su capacidad. Sin ellos, miles de viviendas y vialidades estarían expuestas a mayores afectaciones durante las lluvias intensas. Sin embargo, el reto del siglo XXI ya no consiste únicamente en almacenar agua por unas cuantas horas. El verdadero desafío es convertir esa infraestructura en espacios que también generen beneficios ambientales y sociales. La Comisión Nacional del Agua reconoce que los humedales son ecosistemas fundamentales para regular el agua, mejorar su calidad mediante procesos naturales, conservar la biodiversidad y restaurar el equilibrio hidrológico. No son únicamente cuerpos de agua; son sistemas vivos donde la vegetación, el suelo y los microorganismos trabajan para recuperar funciones que la naturaleza desempeñó durante miles de años. El Vaso Regulador El Salado puede ser un ejemplo mediante la creación de humedales, miradores y áreas que favorezcan la presencia de aves y la recuperación ecológica. Y mirar también hacia Laguna Mayor Guelatao. Ambos vasos reguladores representan una oportunidad extraordinaria para demostrar que la infraestructura hidráulica puede evolucionar sin perder su función principal. Nadie propone dejar de proteger a la población de las inundaciones; al contrario, se trata de fortalecer esa protección incorporando soluciones basadas en la naturaleza. Ejemplos internacionales demuestran que esta transformación es posible. Un caso destacado es el PROYECTO DEL HAIKOU MEISHE RIVER GREENWAY AND FENGXIANG PARK, ubicado en Sanya, Hainan, China. Desarrollado sobre una superficie de 80 hectáreas y diseñado en diciembre de 2016, este proyecto obtuvo el Cityscape Iconic Landscape Award 2021. La intervención recuperó un corredor fluvial mediante infraestructura verde y restauración ecológica, mostrando cómo espacios destinados al manejo del agua pueden convertirse en parques resilientes que reducen riesgos de inundación, mejoran la calidad ambiental y generan espacios públicos de alto valor. Imaginemos por un momento que los excedentes de agua que llegan en pocas horas durante una tormenta sean conducidos hacia humedales capaces de mejorar su calidad y alimentar lagos urbanos rodeados de vegetación nativa, espacios públicos, senderos y refugios para la fauna. Imaginemos que esos sitios dejen de ser percibidos únicamente como obras de concreto y se conviertan en lugares donde las familias vuelvan a encontrarse con el agua. No es una idea improvisada. Es una visión respaldada por las políticas ambientales que hoy promueven la restauración de humedales, la infraestructura verde y la adaptación al cambio climático. La diferencia entre un vaso regulador que termina siendo visto como un enorme depósito de agua de mala calidad y un humedal que recibe los excedentes pluviales para transformarlos en lagos y lagunas llenos de vida no es solamente una obra de ingeniería. Es una decisión sobre el tipo de ciudad que queremos construir. La Ciudad de México necesita seguir invirtiendo en infraestructura hidráulica, pero también debe recuperar su vocación lacustre. El agua no tiene por qué ser sinónimo de riesgo o contaminación. Puede convertirse en biodiversidad, paisaje, bienestar y resiliencia. Porque el verdadero progreso no consiste únicamente en evitar inundaciones. Consiste en lograr que cada obra hidráulica sea también una obra para la naturaleza y para las futuras generaciones.