El pasado domingo 31 se realizó la elección presidencial en Colombia, encabezada por tres principales contendientes: Iván Cepeda (Pacto Histórico), representante del continuismo oficialista de izquierda y sucesor de Gustavo Petro; Abelardo De la Espriella (outsider independiente de extrema derecha), cuyo discurso se centra en la “mano de hierro”, el conservadurismo radical y propuestas estrictas de seguridad; y Paloma Valencia (Centro Democrático), de centroderecha, candidata del partido fundado por el expresidente Álvaro Uribe.
Las autoridades electorales registraron 41 millones de colombianos habilitados para votar y 14 candidatos presidenciales. De acuerdo con el preconteo —que continuará en la semana—, ninguno obtuvo el 50%+1 de los votos, por lo que habrá segunda vuelta el próximo 21 de junio entre De la Espriella (43.73%) y Cepeda (40.91%). La gran perdedora fue Paloma Valencia con tan solo el 6.91%, a pesar de que las encuestas le otorgaban el 12% y de que Cepeda inició la contienda como el candidato mejor posicionado.
Al domingo a la medianoche se había contabilizado el 98.27% de las mesas; el presidente Petro se negó a reconocer los resultados actuales y Uribe endosó formalmente los votos del Centro Democrático a De la Espriella. La suma de Valencia y De la Espriella supera el 50%, otorgándoles una ventaja estratégica. Ambos partidos disputarán ahora el botín electoral de Sergio Fajardo, quien quedó en cuarto lugar con cerca de un millón de votos (4.26%). La contienda se realizó bajo una drástica polarización ideológica y política, marcada por violencia contra líderes, acoso en entornos digitales, presencia de grupos armados en la periferia y el asesinato del candidato presidencial Miguel Uribe Turbay (7 de junio de 2025), del Centro Democrático.
De la Espriella desató controversia al ser abogado de personajes como Alex Saab —exaliado de Nicolás Maduro procesado por lavado de dinero— y del estafador David Murcia, líder de la pirámide multimillonaria DMG. En tanto, la producción de cocaína en el periodo de Petro alcanzó niveles récord, aumentaron los grupos armados, la violencia y fracasó la estrategia de “Paz Total”.
Regionalmente, el modelo de “mano dura” y liberalismo económico de De la Espriella se alinea con líderes como Nayib Bukele en El Salvador (seguridad y mega cárceles), Javier Milei en Argentina (desregulación económica y reducción del aparato estatal) y José Antonio Kast en Chile (mega cárceles y militarización fronteriza). En la ola progresista se mantienen Lula Da Silva en Brasil y Claudia Sheinbaum en México. Petro y Cepeda enfocaron sus campañas en evitar que se rompa el bloque de cooperación regional. A esto se suma la expansión de China por razones económicas y comerciales, y la alicaída Venezuela por cuestiones ideológicas.
El resultado electoral impactará la presencia estadounidense para retomar una estrategia tradicional militarizada contra el narcotráfico, cuyos vínculos bilaterales pasaron de la cooperación a una tensa diplomacia: Petro abandonó la erradicación forzada por Washington y EU retuvo fondos de USAID. El conflicto migratorio fue un punto crítico debido a que Petro prohibió el aterrizaje de aviones militares de EU con deportados colombianos, derivando en el incremento de aranceles estadounidenses.
A diferencia de las fricciones con Washington, la relación de México con Colombia ha sido cercana y de coincidencia ideológica; coordinaron agendas en la CELAC desde una óptica de izquierda latinoamericana y México participó en los diálogos de paz. El presidente Petro ha brindado a la presidenta mexicana apoyo político, ideológico y geopolítico, llegando a afirmar que ella integró la guerrilla del M-19, lo que fue desmentido por la mandataria. De ganar la derecha, su prioridad urgente será recomponer los nexos con Washington y alinearse directamente con Donald Trump. Con México se propiciaría de inmediato el choque ideológico y distanciamiento. La moneda está en el aire para el 21 de junio.