La Utopía Posible en CDMX

24 de Abril de 2026

La Utopía Posible en CDMX

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Miriam Saldaña

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EjeCentral

La Ciudad de México enfrenta una paradoja urbana que ya no puede ignorarse: mientras crece la infraestructura y la densidad habitacional, también se profundizan las desigualdades en el acceso al agua, al espacio público y a un entorno sano. Hoy, pensar en el diseño regenerativo y en la ciudad de los 15 minutos no es una aspiración futurista, sino una necesidad urgente para garantizar sostenibilidad y justicia social.

De acuerdo con datos de la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México, la capital alberga más de 9.2 millones de habitantes y cuenta con 2 mil 150 colonias, pero también con una enorme riqueza ambiental: 59% del territorio es suelo de conservación, incluyendo 25 Áreas Naturales Protegidas y 33 Áreas de Valor Ambiental. Esta dualidad revela que la ciudad no carece de naturaleza, sino de integración entre lo urbano y lo ecológico.

El problema se agrava cuando observamos el modelo de expansión urbana. Cada hectárea urbanizada en el sur de la ciudad reduce la recarga hídrica en 2.5 millones de litros al año, según la propia SEDEMA. Esto no es menor en una metrópoli donde el agua ya es un recurso en tensión: el sistema de abastecimiento depende de fuentes externas y de acuíferos sobreexplotados, lo que incrementa la vulnerabilidad hídrica.

Paradójicamente, mientras la ciudad enfrenta escasez, también recibe enormes volúmenes de agua pluvial. La Secretaría de Gestión Integral del Agua reportó que en 2025 se acumularon más de mil 600 millones de metros cúbicos de lluvia, equivalente a dos veces la capacidad del Sistema Cutzamala. Sin embargo, gran parte de esta agua se desperdicia en lugar de integrarse a soluciones urbanas regenerativas como captación, infiltración o reutilización.

Aquí es donde el diseño regenerativo cobra sentido. No se trata únicamente de construir edificios “verdes”, sino de crear comunidades completas: vivienda, trabajo, servicios y naturaleza coexistiendo en proximidad. La estrategia de ciudad de 15 minutos busca precisamente reducir la dependencia del automóvil y promover una movilidad más sustentable, acercando la vida cotidiana a escalas humanas. Pero además, ya existen referentes internacionales que muestran cómo este modelo puede aterrizarse.

En Londres, por ejemplo, el complejo de vivienda compartida Old Oak combina espacios privados con amplias áreas comunes como coworking, gimnasio, biblioteca y hasta cine. Este tipo de desarrollos que funcionan como “vecindarios verticales” permiten reducir costos, fomentar comunidad y acercar servicios básicos al lugar de residencia. En una de las ciudades más caras del mundo, donde el alquiler promedio puede superar las £2,200 mensuales, estos modelos ofrecen alternativas accesibles entre £850 y £1,100 al mes, con servicios incluidos.

Más allá del dato económico, lo relevante es la lógica: integrar vivienda para todas las clases sociales, trabajo y convivencia en un mismo espacio, reduciendo desplazamientos y fortaleciendo el tejido social. El reto para la Ciudad de México no es copiar modelos, sino adaptarlos con enfoque social. Diseñar edificios regenerativos implica romper con la segregación urbana y garantizar que todas las clases sociales puedan acceder a entornos dignos, con infraestructura verde, captación de agua de lluvia, eficiencia energética y espacios públicos de calidad.

Programas como la cosecha de lluvia impulsados por la SEDEMA demuestran que es posible avanzar hacia la autosuficiencia hídrica en sectores vulnerables, reduciendo desigualdades y fortaleciendo la resiliencia urbana. Sin embargo, aún falta escalar estas soluciones e integrarlas desde el diseño arquitectónico y urbano. La transformación urbana de la Ciudad de México no puede limitarse a crecer; debe aprender a regenerarse.

Apostar por edificios que produzcan agua, energía y comunidad; por barrios donde todas las clases sociales convivan y donde el trabajo, el ocio y la naturaleza estén a menos de 15 minutos, no solo mejora la calidad de vida, sino que redefine el futuro de la ciudad. Porque en una metrópoli con riqueza ambiental y presión urbana creciente, el verdadero desafío no es la falta de recursos, sino la falta de integración. Y ahí, el diseño regenerativo deja de ser tendencia para convertirse en una política pública imprescindible.