Michael: separar el arte del artista

27 de Abril de 2026

Michael: separar el arte del artista

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Michael es una experiencia. Quizá no es la biografía que todos estaban esperando. Quizá no es exactamente fiel a la realidad. Pero es más que suficiente. No es necesario conocer la historia de Michael Jackson, ni haber vivido el fenómeno musical, para que esta película te mueva. Basta con que conozcas algunos de sus éxitos y no seas de aquellos que se inscribieron a las olimpiadas de la crítica negativa.

En un momento en que íconos de la música pop, como Madonna, se preparan para un regreso y tienen que enfrentar a nuevos públicos que desconocen su legado y permanecen estáticos frente a ella en eventos como Coachella, los que sí vivimos los días de gloria de estas superestrellas no podemos evitar, cuando menos, la curiosidad de asomarnos a mirar.

Michael Jackson ya no está entre nosotros, pero su música permanece, aunque su legado esté manchado por el escándalo y se enfrente al mismo desinterés de las nuevas generaciones. Esto es lo que muchos le reclaman a la película, que ignore las acusaciones de abuso infantil que lo persiguieron durante gran parte de su carrera y casi acaban con su legado en distintos momentos, incluso cuando ya había muerto y HBO lanzó, en 2019, el polémico documental Leaving Neverland.

Pero la película, convenientemente, habla de los años dorados de la familia Jackson, antes de las acusaciones, cuando Michael apenas se convirtió en ídolo de las masas. La historia está protagonizada -respetuosamente- por su propio sobrino, Jaafar Jackson, y dirigida por el experto Antoine Fuqua (Training Day, The Equalizer) que se concentra sobre todo en las secuencias musicales, y comprende el período entre 1966 y 1984 (teniendo como final un concierto de 1988). Los escándalos más fuertes iniciaron alrededor de 1986.

Michael no es una película para sus críticos y probablemente tampoco lo sea para un cierto tipo de fan. Michael es una película para el futuro. Como cuando hablamos de una cápsula del tiempo o de lo que nos llevaríamos a una isla desierta. Se le siente cuidadosamente diseñada para mantener su legado, y aunque se parece demasiado a esas biopics sin gracia que se realizan sobre otras personalidades de la música, al verla intenté explicarme varias veces la vida de Michael Jackson como la de alguien cualquiera, y concluí que es una necedad querer identificarnos con la vida de alguien excepcional.

Consciente de las malas críticas que esta película ha recibido, me encontré en la sala de cine profundamente conmovido por la música. No estoy necesariamente de acuerdo con estos señalamientos porque antes hemos visto biopics y documentales, como aquellos realizados sobre Whitney Houston, que tampoco gustaron al público por mostrar una realidad demasiado cruda.

Durante la última década, ha crecido el debate sobre lo que significa separar el arte del artista, si acaso esto es posible, cuando diversos creativos han sido señalados a través de la historia por conductas reprobables, incluso criminales, que no deberíamos pasar por alto al momento de juzgar su obra. Es una discusión importante.

Michael Jackson es el perfecto ejemplo de que esto no es posible. En su caso, el arte y el artista son lo mismo. El arte está en el cuerpo, en el movimiento, en la voz. Imposibles de separar. Si lo tomáramos como referente dentro de este debate, la respuesta es que, en ningún caso, el arte y el artista pueden ser separados. Quizá es solamente una frase trillada que nos gusta porque suena bien, cuando lo que queremos decir es “separar el arte de la persona”.