No es Izquierda, es vacío

23 de Julio de 2026

No es Izquierda, es vacío

Juan Pablo Gómez Zarazúa_WEB.jpg

Juan Pablo Gómez Zarazúa

El anterior jueves 16 de julio fue un día movido en la agenda del gobierno trumpista. Por la mañana, el Secretario de Estado, Marco Rubio, convocó una reunión con representantes de 61 países con el motivo de coordinar una estrategia de seguridad en contra de los grupos terroristas de extrema izquierda. Por la tarde, el mismo Donald Trump dirigió “unas palabras a la nación” donde expuso la vulnerabilidad del sistema electoral estadounidense, culpando a diferentes grupos que suelen ser víctimas de sus discursos.

Aunque parece que ambos eventos fueron totalmente distintos, al analizarlos son parte del inicio de la campaña que hará el presidente hacia las elecciones intermedias que se llevarán a cabo este año.

Marco Rubio se encargó de establecer un discurso para englobar a los enemigos de la actual administración estadounidense en un solo grupo: la izquierda radical. Y para alinearlo con la agenda estadounidense de las últimas décadas, fue necesario hablar de terrorismo. Según Rubio, el terrorismo radical “durante la mayor parte de la era moderna, fue de hecho la forma dominante de violencia política”. Y para dar legitimidad a sus palabras, enlistó una serie de ejemplos que van desde comunistas entrenados en Cuba para matar en los campamentos de castro hasta el Sendero Luminoso en Perú. Estas organizaciones pudieran todas tener actitudes violentas, pero algo que no cuadra es el carácter de “izquierda” que les atribuye.

¿Qué es la Izquierda? Para el gobierno estadounidense es cualquier cosa que no se alinee con su agenda. Dejar una definición tan vaga sobre lo que puede ser de izquierda o no es lo que vuelve a este discurso tan popular: la izquierda es el enemigo, el no estadounidense o el mal estadounidense.

Laclau ha teorizado sobre la necesidad del populismo de crear “enemigos”. Parte de que las sociedades insatisfechas suelen encontrarse insatisfechas por una infinidad de motivos diferentes. Lo único que comparten es al mismo régimen al que culpan por estas insatisfacciones. Al ir todos en contra del mismo “enemigo”, los individuos se unen en un solo grupo.

Aterrizando esta teoría al caso estadounidense trumpista, ahí el enemigo no es el régimen, porque Trump es el régimen. El enemigo es una serie de amenazas extranjeras abstractas. Siguiendo esta misma línea de pensamiento, entre menos específico sea quién en el exterior es responsable de cada mal, es más fácil unir a todas las amenazas y formar un solo enemigo. Un enemigo único que mantiene unido al pueblo con carencias o preocupaciones tan heterogéneas.

Trump, en su discurso de la tarde, hizo otro esfuerzo por generar enemigos hostiles. Declaró que el sistema electoral estadounidense fue vulnerado por un complot entre algunos funcionarios estadounidenses cómplices y China. Insistió en que investigaciones recientes identificaron “a aproximadamente 278.000 personas sin ciudadanía registradas para votar en elecciones federales”, refiriéndose a los migrantes, grupo frecuentemente usado como enemigo en los discursos MAGA. Incluso usó como ejemplo al ya capturado Nicolás Maduro, quien según documentos de la CIA hizo un complot similar en 2020 para manipular la elección en Venezuela.

La administración trumpista generó un discurso que prepara el terreno de las conversaciones que se tendrán previo a la elección intermedia en noviembre de este año. El recurso de crear discursos que generan “enemigos” por el mundo, de quienes hay que protegerse, funciona para crear identidades fuertes, para juntar a quienes no pertenecen a esos grupos. La pregunta que queda es: ¿realmente es el mundo tan simple como para dividirlo en dos bandos opuestos?