Que las mujeres ingresen al mercado laboral no es suficiente

16 de Julio de 2026

Que las mujeres ingresen al mercado laboral no es suficiente

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Pablo Trejo Pérez

Durante muchos años el debate público se concentró en cómo lograr que más mujeres ingresaran al mercado laboral. Sin embargo, hoy sabemos que el verdadero desafío no termina cuando una mujer consigue un empleo, sino cuando debe enfrentar las condiciones que le permitan conservarlo, crecer profesionalmente y desarrollar una carrera en igualdad de circunstancias.

La permanencia laboral es uno de los grandes retos pendientes de nuestro país. La evidencia muestra que miles de mujeres abandonan o interrumpen sus trayectorias profesionales debido a factores que poco tienen que ver con sus capacidades, preparación o desempeño y mucho con las condiciones sociales que las rodean.

Un análisis reciente del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), titulado Las condiciones que inciden en la permanencia de las mujeres en el empleo, señala que los factores que más influyen en este fenómeno son: la informalidad, la brecha salarial, la disponibilidad de servicios de cuidados, los permisos de paternidad y la seguridad en los entornos donde viven y trabajan.

El estudio resulta particularmente relevante porque permite comprender que la participación económica de las mujeres no depende únicamente del esfuerzo individual o de la preparación profesional, sino también del entorno institucional y social que las acompaña. En otras palabras, el acceso al empleo y la permanencia en él son también el resultado de las políticas públicas que una sociedad decide construir.

La primera barrera es la informalidad. Cuando una mujer trabaja sin acceso a seguridad social, servicios médicos, ahorro para el retiro o prestaciones laborales, su estabilidad económica se vuelve mucho más frágil. La informalidad continúa siendo uno de los principales obstáculos para la consolidación de trayectorias laborales femeninas en nuestro país.

A ello se suma la persistente brecha salarial. Las mujeres continúan percibiendo menores ingresos que los hombres por trabajos equivalentes, una diferencia que limita su autonomía económica y reduce las oportunidades para ellas y sus familias.

Pero quizá el desafío más importante sigue siendo el cuidado de otras personas. Durante décadas se asumió que las mujeres debían hacerse cargo casi de manera exclusiva del cuidado de niñas y niños, personas mayores o familiares con alguna discapacidad. Esa carga continúa teniendo consecuencias directas sobre sus oportunidades laborales.

No es casualidad que las entidades que cuentan con mejores servicios e infraestructura de cuidados registren también mejores condiciones para la permanencia laboral femenina. Guarderías, centros de atención infantil, servicios para personas mayores y esquemas de apoyo a personas cuidadoras no son gastos asistenciales, sino inversiones que fortalecen la economía y permiten aprovechar mejor el talento disponible.

Los permisos de paternidad constituyen otro elemento fundamental. Compartir las responsabilidades familiares permite distribuir de manera más equitativa las tareas de cuidado y evita que las mujeres carguen de forma desproporcionada con estas obligaciones. Avanzar hacia esquemas más corresponsables beneficia a las familias y también a las empresas.

La seguridad también forma parte de la política laboral. Una mujer que no puede trasladarse con tranquilidad a su trabajo, que modifica sus horarios por temor o que enfrenta situaciones de violencia en los espacios públicos encuentra mayores obstáculos para desarrollarse profesionalmente. El empleo y la seguridad están mucho más relacionados de lo que normalmente pensamos.

La experiencia internacional demuestra que las economías más competitivas son también aquellas que ofrecen mejores condiciones para que las mujeres permanezcan en el mercado laboral. Retener el talento femenino reduce la rotación, incrementa la productividad y fortalece la competitividad de las ciudades y los países.

Diversos organismos internacionales han señalado que incrementar la participación y permanencia laboral femenina no constituye únicamente una política de igualdad, sino también una estrategia de crecimiento económico. Aprovechar plenamente el talento, la capacidad y la experiencia de las mujeres permite fortalecer la productividad, ampliar la base de contribuyentes y generar mayores niveles de bienestar para toda la sociedad.

La Ciudad de México ha comenzado a construir instituciones y políticas públicas orientadas precisamente a atender estos desafíos, particularmente en materia de cuidados y corresponsabilidad social. No obstante, el reto sigue siendo enorme y exige la participación coordinada de gobiernos, empresas y sociedad.

La igualdad laboral no se alcanza únicamente abriendo la puerta de entrada al empleo. También requiere garantizar que las mujeres puedan permanecer, desarrollarse, ascender y construir proyectos de vida con estabilidad y autonomía. Ese es uno de los desafíos más importantes de nuestro tiempo y una de las tareas que debemos seguir impulsando desde el ámbito legislativo.

*Diputado local por el Distrito 15 de Iztacalco
X: @PabloTrejoizt