“El narcotráfico siembra violencia y muerte; la sociedad entera debe tener el coraje de enfrentarlo.”
Papa Francisco
Probablemente una de las figuras que menos se han abordado y que más relevante se ha vuelto es Sara A. Carter, directora de la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas; y quien es la primera mujer en ocupar este cargo estratégico dentro de la Casa Blanca.
Nombrada por el presidente Donald Trump, Carter no es una burócrata más; es una periodista de investigación con más de dos décadas de conocimiento con respecto a la influencia y poderío de los cárteles.
Pero ¿qué es exactamente la ONDCP y de qué se encarga? Creada en 1988, esta agencia es el cerebro y el motor de la política antidrogas federal de Estados Unidos. Su directora, asesora directamente al mandatario en materia de organización, presupuesto y personal de todas las agencias involucradas en el combate a las drogas.
Coordina a 19 departamentos y entidades federales, desde la DEA y el FBI hasta Aduanas y Protección Fronteriza, el Departamento de Defensa y Salud. Elabora la Estrategia Nacional de Control de Drogas, un documento que define prioridades anuales y administra el presupuesto. Bajo Carter, el enfoque ha sido implacable contra el fentanilo y contra los cárteles, su misión es clara: salvar vidas estadounidenses y, en alianza con socios internacionales, liberar al hemisferio de la tiranía del narcotráfico y del narcoterrorismo.
Sara Carter no llegó a este puesto por azar, es una de las personas de mayor confianza del presidente Trump en temas de narcotráfico. Durante años, desde Fox News y a través de sus reportajes, destapó las rutas del fentanilo, la corrupción en la frontera y los vínculos entre cárteles y poderes extranjeros. Trump la elogió públicamente por su conocimiento de campo: “Sara ha estado en la línea de fuego, sabe cómo operan los cárteles”.
Carter ha sido contundente en sus declaraciones, desde el muro fronterizo en Sunland Park, Nuevo México, frente a Ciudad Juárez, lanzó un mensaje directo a los narcotraficantes: “Sus días están contados. No se les permitirá operar con impunidad en nuestra nación”. Y recientemente, en México, durante su visita 48 horas después del operativo que acabó con Nemesio Oseguera Cervantes, fue aún más explícita: “Sabemos dónde están y vamos por ellos”.
Carter visitó el país para reunirse con el Gabinete de Seguridad mexicano, el embajador Ronald Johnson y la cancillería. Felicitó al gobierno de la Presidenta Sheinbaum Pardo por la operación y subrayó que la cooperación bilateral nunca había sido tan sólida. En ese contexto, concedió una entrevista exclusiva a Jorge Fernández Menéndez, ambos compartieron escenario semanas antes en el Summit contra el Narcoterrorismo organizado por CPAC (Conferencia de Acción Política Conservadora).
En la entrevista antes mencionada con Fernández Menéndez, reiteró: “Si el gobierno mexicano, trabajando con Estados Unidos, pudo atrapar a El Mencho, adivinen qué: podemos ir por ustedes y lo haremos. No habrá lugar para esconderse. No habrá lugar al que puedan ir. Porque los vamos a encontrar, los vamos a atrapar y su tiempo se habrá acabado”.
Sorpresivamente, la agenda de Carter en México no se limitó a reuniones de alto nivel, en un gesto que conmueve por su profundidad espiritual, la estratega antidrogas visitó la Basílica de Guadalupe; allí, ante la imagen de Nuestra madre, se sumó a la oración de millones de fieles que, día tras día, le pedimos que nos ayude a frenar la delincuencia y el narcoterrorismo. No fue un acto protocolario, fue un reconocimiento de que la lucha trasciende lo material, Carter nos recuerda que la victoria requiere no solo drones, inteligencia y extradiciones, sino también valores, familias fortalecidas y una sociedad que rechace las drogas.
Esta visita tiene muchos ángulos desde donde verse, el abatimiento de El Mencho es el inicio de una cascada; la administración de Carter en la ONDCP representa la combinación perfecta, experiencia convertida en acción gubernamental, dureza sin perder el respeto y, sobre todo, una convicción profunda de que vale la pena luchar una libertad plena.