Luis M Cruz

1.

 En 33 días los electores estadounidenses refrendarán o no a su presidente, el temperamental y controvertido magnate Donald Trump. Como nunca, la elección se presenta como un referéndum para evaluar y someter a prueba un legado de nacionalismo extremo, aislacionismo y capitalismo salvaje, reducción de impuestos, desregulación de la economía y los servicios financieros al extremo así como impudicia y manipulación mediática a partir de la realidad alternativa, los otros hechos y la posverdad.

2.

 ¿Qué es lo que realmente está en juego? Sin lugar a dudas, mucho más que la Presidencia estadounidense, cuenta el peso específico de este país en el mundo. Con mucho, Estados Unidos siguen siendo la primera economía global, la primera potencia militar y tecnológica y, paradójicamente, el primer deudor del mundo cuya divisa, el dólar, sigue siendo el patrón de referencia en la economía internacional y valor de refugio de los volátiles inversionistas. En el primer debate entre los candidatos Trump y Biden, puede percibirse el agresivo talante de Trump ante Joe Biden, quien se propone recuperar la dignidad de la democracia y un liderazgo decente en el mundo libre; acorralado por denuncias de acoso, elusión fiscal y gangsterismo político y empresarial, Trump mantiene, sin embargo, esa probabilidad del 40% para ganar la elección presidencial. Ya todo dependerá de qué tanto Biden logre vencer el temor de los electores volátiles por un viraje en estos momentos. Es decir, Trump es mal visto por una mayoría clara de electores, pero no todos están convencidos por la alternativa demócrata y atizando esa brecha de temores es que el primero apuesta a prevalecer. 

3.

 La administración Trump ha revolucionado los patrones del intercambio de bienes y mercancías, así como añadido mayores controles al movimiento de personas. En estos tres, casi cuatro años, las transacciones pasaron del concepto del “libre comercio”, al de “comercio controlado”, que es en esencia lo que Trump considera el comercio justo. De lo que se trata es reducir el déficit comercial más allá del ahorro, la competitividad y la innovación, utilizando compras obligadas de productos estadunidenses o bien, cobrar elevados aranceles fronterizos. 

4.

 Mediante éstos, los países que intercambian bienes, servicios o inversiones con Estados Unidos deben retribuirle lo necesario para mantener el equilibrio de la balanza comercial, sea mediante compras dirigidas de productos estadounidenses o bien, el pago de impuestos fronterizos compensatorios. Las renegociaciones de tratados y acuerdos han llevado ese sesgo reivindicatorio, trátese de desechar el Tratado TransPacífico con el que se pretendía contener el expansionismo de China en la franja y ruta de la seda, bien sea la conclusión del TLCAN y su sustitución por un leonino acuerdo comercial trilateral favorable a los intereses norteamericanos, hasta la apertura de negociaciones de comercio compensado con la Unión Europea, pasando por una relación preferencial con Gran Bretaña en apoyo al Brexit y su salida del mercado común continental.

5.

 El riesgo es, como advirtiera el secretario General de la ONU, Antonio Guterres, que en los próximos años, los efectos de la pandemia lastren la economía global y se pierdan décadas de esfuerzo en la lucha contra la pobreza y la sostenibilidad del desarrollo y se establezca una nueva “guerra fría” ahora entre China y Estados Unidos. Todos recuerdan el discurso de Churchill al describir la cortina de hierro que se cernía sobre Europa al concluir la II Guerra Mundial. Grave sería que, de reelegirse Trump, la Gran Muralla China se extendiera por el Pacífico y el Índico, como prevé la estrategia de la franja y la ruta de la Seda en una nueva confrontación “fría” de los principios democráticos occidentales mal representadas por Trump y el totalitarismo oriental personificado por Xi Jinping y Vladimir Putin.

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