J. S Zolliker

La habitación era la 1234. Reporta el agente infiltrado Pedro Fonseca y Lima que nunca ha entendido la razón por la cual los hoteles parecen inflar el número de habitaciones que realmente tienen. 

Piensa que todo es cuestión de mercadotecnia y logística: primer número rebela el piso, el segundo número implica el lado y en realidad, cree que solo los dos últimos dígitos revelan la acomodación.

Reporta el agente Fonseca y Lima que, como era de esperarse, por la adrenalina y el encierro obligado, terminaron haciendo el amor de forma por demás urgente y a la vez, apasionada, como si supiesen que la vida se les podría escapar al irse en un intento de venirse al tiempo presente y simultáneo. 

Reporta el agente Fonseca y Lima que durmieron abrazados un rato. No recuerda qué tanto, pero recuerda haberlo disfrutado como nunca le había pasado. 

Eso tienen los cuartos de renta sin importar el número en la puerta: historias incontables de enemigos y amantes. Bendito el sexo que nos permite mantenernos vivos, desde el punto en el que se vea… 

Reporta el agente Fonseca y Lima que, de pronto le despertó una llamada telefónica. No verificó la hora, pero aún era de noche. 

La irradiación lunática se asomaba por sobre las cortinas. Se sintió energizado, vivo, nuevamente concentrado. Pero en cuanto regresó a su realidad, el pecho le latió fuerte, desbocado. 

Reporta el agente Fonseca y Lima que no podía haberse imaginado una situación tan terrible y atroz. Colgó. Suspiró. 

Ella se despertó. Le quiso abrazar por la espalda. No se dejó. Se levantó de la cama y fue a servirse un whisky. La botella estaba vacía. Maldijo su suerte.

Reporta el agente Fonseca y Lima que, hasta ese momento, nunca notó que ella, después de copular, se había puesto su camisa de pijama. Reporta el agente que se habría opuesto a la mera idea, al cliché somero, pero lo cierto es que al rendirse al sueño ni se dio cuenta. 

Reporta el agente Fonseca y Lima que la llamada le descontroló por completo. El mensaje había sido descifrado y ahora todo lo hacía sentido, de forma retorcida y cruel. Del otro lado del auricular le mencionaron al enamorado médico y poeta, El Dr. Zhivago. ¿Qué es esto? ¿Tienes pareja? ¿Estás casada?

Reporta el agente Fonseca y Lima que, con gran rapidez y agilidad, al mencionar lo anterior, ella se incorporó de un brinco y velozmente se puso sus pantalones de mezclilla, y antes de que pudiera reaccionar o hacerle sentido nada, tomó la escopeta y se enfiló hacia la puerta. ¿Me vas a dejar hasta sin mi ropa? ¿Te vas a largar así nada más? 

Reporta el agente Fonseca y Lima que, por vez primera, vio en el fondo de sus ojos, un humor tan frío que le estremeció. 

Concluyó de inmediato, que él no era el real objeto de sus afectos. Se le destrozó el corazón, así, tal cual, de un golpe, cual infarto fulminante. Siempre tuve la intención de quererte, pero no de quedarme, reporta que le dijo antes de salir de la habitación. 

¿Continuará? 

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