Eduardo Penafiel

Han pasado muchos años desde que el primer dispositivo de tecnología portátil llegó al mercado masivo. Era el año 2007 y el Fitbit Fitness Tracker, un dispositivo tipo pulsera, era capaz de monitorear y recabar datos de actividades como el número de pasos, la distancia caminada, las calorías quemadas y las horas de sueño, todo con el objetivo de persuadir a los usuarios a llevar una vida más sana.

A lo largo de los años muchas marcas de tecnológica, moda y deporte trataron de participar en este mercado, algunas con más éxito que otras. Nike, por ejemplo, presentó su Fuelband la cual se conectaba con todo su ecosistema digital y en su segunda versión era resistente al agua, pero no tuvo la aceptación esperada y desapareció poco a poco de los anaqueles. Al año siguiente Google presentó Google Glass, unos lentes que a través de la realidad aumentada pretendía lograr un equilibrio entre el mundo digital y el físico, pero en el 2015 frenaron la producción del dispositivo.

Pero ese mismo año en el que un gigante mandaba a la congeladora su producto más ambicioso para participar en la categoría de los wearables (o tecnología ponible), otro gigante presentaría el suyo. El Apple Watch llegaría con mucha fuerza a las tiendas y sería rápidamente aceptado por la industria de la tecnología y la moda. Gracias a la influencia y el poder de una marca como Apple, año tras año desde su primera versión, la marca ha presumido que es el reloj inteligente más vendido del mundo.

Pero el objetivo al lanzar el Apple Watch no era reemplazar tu teléfono inteligente o tu iPhone, sino más bien que funcionara como un complemento de este. Pero con su más reciente versión, la Serie 4 lanzada hace un par de meses, la compañía deja claro que su producto es parte de un plan mucho más ambicioso que tiene como objetivo robarle un pedazo de mercado al sector salud.

Para esta última entrega, el reloj trae un electrocardiograma capaz de analizar el ritmo cardiaco a través de una aplicación, simplemente poniendo el dedo sobre la corona del reloj. Toda esta información se guarda de forma automática y en caso de una variación en el ritmo cardiaco fuera de lo común, el reloj es capaz de emitir una alarma o aviso para que visites a tu doctor. También puede detectar una caída y programar que se realice una llamada SOS de forma automática. Toda esta información y la que se genera a través de las múltiples aplicaciones de ejercicio y salud, se pueden consultar desde un solo lugar y ver a detalle datos relacionados con la actividad de sueño, nutrición y otros temas relacionados con la salud del usuario.

Básicamente, este reloj puede generar un reporte completo que se puede compartir de forma digital con tu doctor, aportando valiosa información con mucho detalle, siempre y cuando utilices el reloj a diario. Esta apuesta de Apple por participar en la industria de la salud a ejercido gran presión sobre otras compañías al grado que Google esta semana invirtió 40 millones de dólares en la tecnología de Fossil, una marca de relojes de moda que planeaba sacar su propia línea de relojes inteligentes este año.

En conclusión, después de tantos años de ver wearables en el mercado, parece que por fin Apple le dio en el clavo enfocándose en el bienestar del usuario y aunque es uno de los relojes inteligentes más caros del mercado, la información que aporta y la variedad de funciones más allá de leer mensajes o ver la hora hacen que la inversión valga la pena.

Este tipo de dispositivos son una muestra clara que una tecnología bien diseñada y aplicada es capaz de influir de forma muy positiva en una persona, monitoreando constantemente su actividad y detectando problemas o síntomas a tiempo, algo que al final puede salvar vidas.

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