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Viernes 28 de abril, 2017 | 4:49 pm

Neocorporativismo para apoyo del neoliberalismo

Salvador Guerrero Chiprés | Martes 10 de enero, 2017

CENTRO Y PERIFERIA | La columna de Salvador Guerrero Chiprés

Una extraordinaria nueva paradoja fue presentada ayer por el presidente Enrique Peña Nieto a todos los mexicanos: se restablecen, treinta años después de su uso para los mismos fines estabilizadores, medidas de control socioeconómico corporativo contrarias al espíritu de la economía liberal que desde el presidente Carlos Salinas de Gortari habían ido desmantelándose y que fueron excluidas una y otra vez de los mandamientos de progreso de los proyectos nacionales modernos difundidos por gobiernos del PRI y del PAN.

 

Se les da razón a muchos de los críticos, pero se les arrebata la bandera.

 

Se reivindica una cierta sensibilidad y habilidad política para tratar de desactivar las oposiciones del PRD, Morena, figuras de precandidatos presidenciales del PAN y de sectores nacionalistas representados, por ejemplo, por Cuauhtémoc Cárdenas, quienes comenzaron a enunciar revisiones que, sin esa presión, el propio gobierno, a partir de la evidencia, no habría estado dispuesto a aplicar.

 

Con “evidencia” me refiero a los argumentos y medidas dispuestos y votados por la Cámara de Diputados y al hecho de que el gobierno no presentó, anunció, advirtió o impulsó ningún programa sino hasta el momento de la generalización de la inconformidad social entre amplios estratos medios y populares y hasta el inicio y extensión incipiente de alternativas sociales y político partidarias.

 

Curiosamente, estas alternativas, viables o no, desde las oposiciones, no se habrían generado sin esa misma efervescencia social.

 

Recordemos que una mayoría de las fuerzas políticas respaldaron la propuesta de presupuesto votada en 2016 y que incluía el ajuste al precio de las gasolinas.

 

La decisión del gabinete del Presidente Peña Nieto de rescatar el mecanismo de coordinación social y política instrumentado en los años 80 y que ayer fue rebautizado con el nombre de “Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar”, semejante al “Pacto de Estabilidad y Crecimiento Económico” de 1987, nos permite enriquecer la oportunidad de un análisis más complejo y completo donde al menos estos dos elementos adicionales deben estar presentes:

 

El gobierno tiene aún capacidad de reacción y puede retomar instrumentos del pasado corporativo, en el cual no hay garantía de la eficiencia a partir de la dudosa de representatividad de algunos de los sectores laboral, empresarial y agropecuario como demostró la elección de 1988 y dos, coloca la idea de la solidaridad, sensibilidad y unidad nacional, de la que hablaron también las fuerzas opositoras, en el lugar mismo donde esta plataforma de opciones, que habrá que observar cuidadosamente, es ahora presentada por el gobierno federal hasta ayer aparentemente inutilizado por una mezcla de operatividad percibida como inapropiada y una comunicación muy deficiente de la estrategia del gobierno.

 

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