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Elizabeth Velázquez losintangibles.com

Elizabeth Velázquez

losintangibles.com

El suicidio es uno de los mayores problemas de salud pública en el mundo. Las cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) concluyen que 800 mil personas mueren anualmente por esta causa. Además, por cada intento consumado ocurren otros 20 que no llegan a concretarse, es decir que 16 millones de personas atentan contra su vida cada año.

La OMS publicó en 2013 el reporte Prevención del Suicidio, un imperativo global donde se señala que una persona se quita la vida en promedio cada 40 segundos, lo que representa una carga de mortalidad del 2.4% mundial, y supera otras causas de muertes violentas como la guerra y el homicidio.

Los países en vías de desarrollo son los más afectados por este problema de salud ya que, del total de casos anuales 79%, de ellos sucede en este tipo de economías. Los métodos más usados para quitarse la vida alrededor del mundo son el autoenvenenamiento con plaguicidas, ahorcamiento y los disparos con armas de fuego.

En México el suicidio representa 8.15% de las muertes violentas en el país, así lo hacen constar los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), pero la cifra podría ser ligeramente mayor, ya que al ser casos de alta sensibilidad o rodeados de cierto estigma, las muertes de este tipo tienden a ser subclasificadas o mal catalogadas.

De hecho, la subclasificación del suicidio —o de su intento— es un problema global que impide tener cifras acertadas sobre este fenómeno, lo que a su vez dificulta la realización de planes efectivos que puedan prevenir o alertar sobre este fenómeno.

Para la OMS la prevención y desmitificación de este problema es parte fundamental del primer Plan de Acción Sobre la Salud Mental, promulgado en 2013, y que tiene como uno de sus objetivos principales reducir en un 10% los casos de suicidios en los estados miembros para 2020.

La Asociación Internacional para Prevenir el Suicidio y la OMS fijaron el 10 de septiembre como el día internacional para visibilizar, informar e impedir este acto. Este año, además, el 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, está dedicado a la prevención del suicidio.

A través de unidades de investigación, cursos de sensibilización, conferencias y talleres, estas jornadas mundiales tienen como objetivo demostrar que el suicidio es totalmente prevenible y que puede ser evitado a través de acciones precisas.

Si la tendencia no se revierte, la cifra mundial de casos consumados para el 2020 podría ser cercana al millón y medio. Además, las evaluaciones de riesgo de la OMS apuntan a un crecimiento potencial del suicidio de 2.8% con cada año que pase.

¿Por qué nos suicidamos?

No existe una causa única para explicar por qué una persona decide quitarse la vida. Los factores de riesgo son tan diversos que hacen necesario que los sistemas de salud pública articulen una respuesta integral y multisectorial que pueda combatir el suicidio desde todas sus aristas.

Es cierto que existe una relación probada entre el suicidio y algunas enfermedades mentales como la depresión o la adicción a sustancias; sin embargo, la OMS ha documentado que en países desarrollados gran parte de estos actos se producen de manera impulsiva tras eventos traumáticos o que generan alta frustración en individuos mentalmente estables.

Estos casos pueden ocurrir también en países en desarrollo, especialmente en zonas urbanas, de alta demografía o con personas que cumplen un perfil psicológico no solo aparentemente estable sino verificado.

El caso de Verónica N, agente de la Policía de Investigación (PDI) de la CDMX y quien después de recibir la noticia sobre el grave estado de salud de su madre decidió quitarse la vida a tan solo unos metros de la sala de espera del hospital, es una muestra clara de la impulsividad y rapidez con la que un suicida puede tomar esa determinación.

Las dificultades económicas, la imposibilidad de obtener atención médica adecuada, el acceso a medios que faciliten el suicidio, la falta de información oportuna y la mala cobertura periodística son los principales factores de riesgo general que pueden hacer que un individuo sin antecedentes psicológicos atente contra su vida.

También existen factores de riesgo comunitarios o sociales ligados a conductas suicidas. Las guerras, los desastres naturales, la discriminación, el aislamiento y la violencia generalizada son los principales agentes de riesgo para ciertos sectores poblaciones, que muestran otro tipo de vulnerabilidad como puede ser la raza, la edad o el género.

Entre las causas individuales de mayor riesgo asociadas el suicidio están los trastornos depresivos, las enfermedades mentales, los dolores crónicos y los antecedentes familiares. Los intentos frustrados de suicidio son el factor individual de riesgo más elevado, y casi siempre conducen a otros conatos o bien, a lesiones auto infligidas que pueden ir progresando hasta hacer peligrar la vida.

Aunque una primera tentativa de quitarse la vida debería ser una señal de alerta suficiente; en realidad, el estigma que rodea a estos hechos hace que la mayoría de afectados o sus familiares prefieran guardar silencio y tratar de olvidar lo sucedido, lo que hace más complicado poder ayudar de forma adecuada a los pacientes con ideaciones e intentos suicidas.

Los factores de riesgo ambientales y culturales deben considerarse también en los programas de prevención. De hecho, la OMS destaca que el factor cultural puede ser determinante en el momento en el que alguien decide atentar contra su vida; por ejemplo, a diferencia del resto del mundo, la principal causa de suicidio entre adultos que viven en países asiáticos está relacionada con conductas impulsivas derivadas de frustraciones o presiones sociales.

En algunos casos, los factores de suicidio no se presentan tan divididos y, por el contrario, se acumulan haciendo que la vulnerabilidad de un paciente aumente exponencialmente ya que afecta varios círculos de estabilidad emocional.

Jóvenes, los más afectados

La segunda causa de muerte a nivel mundial en infantes, adolescentes y jóvenes adultos es el suicidio.

De manera alarmante, datos del Inegi apuntan que durante la última década en México, el porcentaje de niños entre cinco y 14 años que cometieron este acto aumentó 150%; mientras que los jóvenes entre 15 y 24 años de edad tuvieron un incremento de 74% en el mismo periodo.

Para la Secretaría de Salud, los adolescentes representan 17% del total de los suicidios reportados en el país, situándolos como la población más vulnerable a este fenómeno, seguidos de las personas de la tercera edad y enfermos crónicos. Tan sólo a inicios de este mes se dieron a conocer los casos aislados de dos menores de edad, quienes con unas pocas horas de diferencia se suicidaron en la Ciudad de México.

Los principales factores de riesgo específicos para este grupo poblacional son la falta de oportunidades académicas o el fracaso en esta área, la pobreza, la violencia doméstica, el embarazo infantil; a escala mundial se suma el acoso escolar, presencial y a través de las redes sociales.

El acoso o bullying, no sólo es el elemento de mayor impacto en relación al suicidio, sino que la OMS lo ha calificado como un reto global a la salud pública, y es que diversos estudios han demostrado que este tipo de trauma, además de afectar momentáneamente a quien lo sufre, puede tener consecuencias a largo plazo.

Un reporte publicado el año pasado en la revista Molecular Psychiatry arrojó cierta luz en el tema, y demostró que la estructura del cerebro puede cambiar para siempre si es sometido a acoso constante o crónico. El estudio también exploró la relación que existe entre víctimas de acoso y su rendimiento escolar o laboral, así como su propensión a padecer depresión, ansiedad, adicción, conductas autodestructivas e ideas suicidas.

›Aunque se han hecho esfuerzos por visibilizar este tipo de conductas y sus consecuencias, el tema debe ser abordado con ayuda de expertos ya que puede tener un efecto contrario.

La serie de Netflix Por trece razones acercó el tema del abuso y suicidio adolescente de forma cruda; sin embargo, un estudio publicado en la revista de la Academia Americana de Psiquiatría Infantil y Adolescente demostró que la taza de suicidio de niños entre 10 y 17 años aumentó considerablemente después de la transmisión de la primera temporada.

Es por eso que la OMS y otras organizaciones enfocadas en prevenir el suicidio hacen énfasis en la correcta difusión del tema, ya sea a través de series, películas u otros productos culturales.

Prevenir el suicidio es tarea de todos

Actualmente sólo 28 países cuentan con estrategias nacionales de prevención. México, por su parte, tiene el Programa de Acción Específico en Salud Metal 2013-2018 en el que aborda la atención integral para estos casos; sin embargo, a nivel legislativo solo se ha logrado un punto de acuerdo en el que se ha solicitado al poder federal la creación de un plan nacional para prevenir el suicidio.

Las estrategias para enfrentar los factores de riesgo asociados al suicidio pueden dividirse en tres categorías: las de prevención universal que están diseñadas para llegar a toda la población, así como promover la salud mental y la educación integral respecto a este tema. Este tipo de acciones están encaminadas a desmentir los mitos y tabús alrededor del suicidio para lograr una mejor detección de casos de riesgo.

El segundo tipo de medidas son conocidas como selectivas, y están enfocadas en grupos vulnerables, como migrantes, indígenas, familiares de suicidas, personas LGBTTTI o refugiados. Estos apoyos se dan a través de profesionales o voluntarios entrenados que ofrecen ayuda urgente o de primer contacto y que conocen los detalles o factores de riesgo de la población que tratan.

Finalmente están las estrategias “indicadas” que están dirigidas a personas vulnerables específicas, es decir, que ya han pasado por uno o más intentos de suicidio o de autolesiones. Este tipo pacientes requieren, además de atención profesional, lazos fortalecidos con su entorno más cercano y su comunidad.

La creación de una estrategia nacional para prevenir el suicidio debe incluir medidas de vigilancia, estadísticas precisas, restricción de medios comunes o de fácil acceso utilizados para este fin, políticas estrictas de publicación y difusión en la prensa, manuales de trato hospitalario, programas para reducir el estigma a través de la educación de la población general.

SAPTEL es un programa de la Cruz Roja, atendido por psicólogos, que ofrece ayuda telefónica y soporte en casos de crisis emocionales o suicidas. Opera las 24 horas del día durante todo el año a través del 5259-8121 para la CDMX, y el 01-800-472-7835 para el resto del país.

¿Sabías que? En países desarrollados, los hombres se suicidan tres veces más que las mujeres. En países menos desarrollados esta relación baja a 1.5 hombres por cada mujer que se quita la vida.

El dato: El suicidio es la segunda causa de defunción entre personas de 15-29 años de edad en el mundo.

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