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Redacción ejecentral

Varios resultaron regañados por el presidente Andrés Manuel López Obrador, por hacer declaraciones sin sustento sobre el helicóptero donde murieron la gobernadora de Puebla, Martha Erika Alonso, y su esposo, el senador Rafael Moreno Valle, que lo metieron en mayores problemas. Por ejemplo, al secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo, quien aseguró que la Marina no había encontrado restos de explosivos en la aeronave, cuando lo único que comentaron los marinos fue que entre los restos no se percibía algún rastro de objeto explosivo. Estudiar las partes y hasta cenizas es un procedimiento que tarda semanas para poder descartar totalmente algún producto explosivo. También dijo que se informaría diario, que tuvo que matizar López Obrador, pues los investigadores serios le dijeron que no tendrían nada en por lo menos seis meses. Por ahora, dicen los que saben, las hipótesis van desde un ataque cardiaco del piloto, a un mal mantenimiento, un problema súbito externo que imposibilitó a la tripulación para reaccionar y ni siquiera reportar a torre de control.

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