Mientras Washington y Ottawa lanzan aranceles de hasta 50 %, México parece jugar otro partido. La revisión del T-MEC avanza entre tensiones, pero sin la tormenta comercial que hoy sacude a Canadá. ¿Por qué pasa esto?
La respuesta no está solamente en la economía, México entendió que frente a Donald Trump la negociación no se gana a gritos, sino con estrategia, pragmatismo -cabeza fría- y capacidad para poner sobre la mesa los intereses compartidos.
Es muy claro que nuestro país necesita el acuerdo comercial con Estados Unidos, pero ellos también necesitan a México: por sus cadenas productivas, su industria automotriz, su mercado y, cada vez más, por la oportunidad del nearshoring.
Debemos reconocer la gestión de Claudia Sheinbaum. La Presidenta ha mantenido una relación firme, pero cuidadosa, evitando convertir cada diferencia en una crisis bilateral.
Y, también, Marcelo Ebrard ha hecho lo propio desde la Secretaría de Economía: negociar, insistir y mantener abiertas las puertas, incluso cuando Washington aprieta. El propio Ebrard ha definido los aranceles como uno de los mayores desafíos económicos de México en este siglo.
Canadá demuestra lo que ocurre cuando la negociación se rompe. México, en cambio, está demostrando que en política comercial también importa saber cuándo confrontar y cuándo construir acuerdos.
Así, el T-MEC todavía está lejos de resolverse, pero, por ahora, México no está recibiendo el mismo trato que Canadá. Y eso tampoco es casualidad.