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Bet-Biraí Nieto, Oscar Santillán y Jonathan Nácar

Todo debía hacerse en silencio. Y en silencio arrancó la marcha convocada por la Asamblea Interuniversitaria integrada por estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM),el Instituto Politécnico Nacional (IPN) entre otras escuelas del sistema educativo del país.

El silencio también era conmemorativo. Cincuenta años atrás, el 13 de septiembre de 1968, jóvenes de las mismas instituciones habían organizado la primera manifestación silente, que precisamente salió del mismo punto: el Museo de Antropología e Historia.

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FOTO: Angélica Ortiz 

Ahora, 50 años después, cerca de 23 mil estudiantes marcharon hacia el Zócalo para exigir la erradicación de los grupos porriles, el cese de los feminicidios y de la inseguridad dentro de los planteles.

A partir de las 16:00 horas y entre la lluvia comenzaron a llegar los contingentes. El primero, el de CCH Azcapotzalco, que encabezaba la marcha, seguido del Comité 68 y los padres de los normalistas de Ayotzinapa en tercer orden. Después, los contingentes de la UNAM, IPN, UACM, Vocacionales, CU, así como escuelas foráneas y organizaciones sociales, que seubicaron hasta el final.

Los colectivos arribaron al Zócalo después de las 19:00 horas. Ya en el lugar anunciaron que integrarán tres marchas conmemorativas a eventos ocurridos en México. Una el 19 de septiembre, por el sismo del año pasado. Otra, el 26 de septiembre conmemorando por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y la del 2 de octubre, por la represión acontecida hace 50 años.

Y atrás, el silencio

A las 17:27 horas el silencio se hizo presente en la retaguardia de la movilización. Justo a la altura del Monumento a los Niños Héroes. Silencio que se interrumpió por breves momentos con la voz de los vendedores de impermeables, papas y cigarros, pero de inmediato se escuchaba a los estudiantes acallar esas voces para mantener el ritual.

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FOTO: Oscar Santillán

La historia se repetía y al menos así lo daba entender una estudiante que cartel en mano rememoraba la lucha estudiantil de 1968 que hace 50 años fue reprimida violentamente por el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. “Mis abuelos participaron en el 68. Mis papás en el 99. Y yo tomo la estafeta”, se leía en la cartulina que sostenía.

Atrás de la marcha se encontraba el contingente de Ciencias Políticas de la UNAM, el del Movimiento de Trabajadores Sindicalizados (MTS). Y ya a la altura del Ángel de la Independencia la Organización Nacional Poder Popular (ONPP) se unió, también de manera silenciosa, a la movilización.

De un momento a otro se levantaba un puño, luego otro y luego otro, emulando la señal que el pasado 19 de septiembre de 2017 significó silencio durante las labores de rescate por el terremoto que cimbró a México.

Recoger basura en silencio

Juan Pablo, estudiante de Ciencias Políticas recogía la basura que se acumulaba tras el paso de los manifestantes. Y es que de esa manera él realizaba su propia reivindicación a nombre de sus demás compañeros. “Además de la demostración del silencio como una arma de insumisión, el hecho de recoger la basura significa que somos personas conscientes de nuestra ciudad, de nuestro país y sobre nuestro mundo”, soltó.

MarchaSilencio_recoge_basura_Oscar SantillanPara Juan Pablo protestar en silencio, como hace 50 lo hicieron los estudiantes de 1968, es una forma de gritar con más eco, y ahora en contra de la violencia porril.

“Sobre todo demostrar que somos más los que protestamos de manera pacífica y exigir nuestras demandas por sobre los que protestan a través de la violencia, los gritos y el odio”, agregó.

A la altura del antimonumento de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa el silencio de la retaguardia se rompió. “Ahora, ahora, se hace indispensable, la presentación con vida y castigo a los culpables”, gritaron los estudiantes y las organizaciones sociales que los acompañaban. De ahí hasta el Zócalo enarbolaron consignas en apoyo a los estudiantes, de pronto callaron hasta que entraron al primer cuadro de la ciudad. En ese punto se dispersaron. Unos escucharon el mitin y otros simplemente se retiraron.

Ya en el templete un estudiante del CCH Azcapotzalco, la escuela que encendió la llama de la revuelta estudiantil, pasó al micrófono. Diego fue conciso en su mensaje y sostuvo que la manifestación de este jueves no era una casualidad. “No es una casualidad que después de 50 años estemos marchando con la misma inconformidad, con el mismo silencio”. NM

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