Simón Vargas

“El costo de no invertir en capital humano es demasiado alto para la solidaridad y el progreso”

Jim Yong Kim, presidente del Grupo Banco Mundial

 

La irrupción de nuevas tecnologías, así como de la Inteligencia Artificial ha impactado en nuestra forma de vivir, de relacionarnos, de aprender y de trabajar. Los cambios en el ámbito laboral y educativo han producido modificaciones en la estructura ocupacional, así como en las competencias que requieren las futuras generaciones.

El Observatorio Laboral de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) indica que el escenario en el campo laboral actual nos deja ver que el futuro de la productividad de las naciones estará estrechamente vinculada con una nueva industria de servicios innovadores.

Al respecto, el Observatorio señala que en muchos países, un gran número de ocupaciones no existían hace cinco o diez años, y añade que el 65% de los niños que ingresen a la primaria en 2018, probablemente terminarán trabajando en puestos que al día de hoy no existen.

En el siglo XXI, nos enfrentamos a una nueva revolución en la que los robots serán los responsables de una transformación radical, en la cual, se espera que la inteligencia artificial impacte al 19% de los trabajos en México; es decir, 9.8 millones de empleos se verán afectados por la automatización en las próximas dos décadas.

Enrique Sucar, investigador del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE) y Premio Nacional de Ciencias, señala que “el desarrollo de la inteligencia artificial podría tener un efecto mayor sobre la sociedad y la economía que la invención del fuego o la revolución industrial. Es por ello que México debe estar preparado para ser un actor clave en el desarrollo de esta nueva época y no únicamente un observador”. Porque incluso estos cambios impactarán en la seguridad geopolítica y los marcos éticos.

En este contexto, el Banco Mundial es consciente de que el valor y el éxito de una economía ya no puede ser medido únicamente a través de su Producto Interno Bruto (PIB), por lo que decidió recurrir a una nueva forma de medir el éxito, el cual no tiene que ver con dólares e ingresos. Se trata del Índice de Capital Humano, el cual clasifica y analiza a los países con base en cuánto invierten en sus jóvenes.

El Capital Humano es “el conocimiento, habilidades y salud que la gente acumula a lo largo de su vida, permitiéndoles desarrollar su potencial como miembros productivos de una sociedad”.  Gracias a éste, se puede combatir y abatir la pobreza extrema, así como crear sociedades más inclusivas, ya que mientras mayor sea la inversión en educación y salud, mayor será la productividad y los ingresos de la fuerza laboral.

Dentro de este índice que incluye a 157 países, el organismo internacional analizó la cantidad y calidad de educación que se ofrece a los niños, la tasa de mortalidad entre los menores de cinco años; esto aunado a la tasa de atraso en el crecimiento de los jóvenes, y las posibilidades de que un joven al cumplir 15 años viva hasta los 60.

A partir de estas variables se calculó un valor único entre 0 y 1 que analiza cuál es el aporte de cada indicador en la productividad de la vida adulta de los jóvenes. Así, el índice describe el futuro que tendrá una generación en comparación con el que podría haber tenido, por ejemplo, si se tiene un 0.7, a medida que estos jóvenes crezcan, su productividad será del 70% de lo que podría ser si hubieran recibido todos los beneficios de una educación completa y una buena salud. Por lo que de continuar las cosas en el mismo camino, esos adultos obtendrán un 30% menos ingresos en el largo plazo.

Cabe señalar que en el Índice, los países asiáticos dominan los primeros lugares, comenzando por Singapur (0.88), Corea del Sur (0.84), Japón (0.84) y Hong Kong (0.82), le siguen Finlandia (0.81) e Irlanda (0.81). Por su parte, los dos países con mayor PIB en el mundo, Estados Unidos y China ocupan las posiciones 24 y 46 respectivamente.

En América Latina, derivado de diversos programas como Chile Crece Contigo, un sistema de protección integral para la infancia que tiene como misión acompañar, proteger y apoyar integralmente a todos los niños y sus familias a través de acciones y servicios de carácter universal,así como focalizando apoyos especiales a aquellos que presentan alguna vulnerabilidad mayor, Chile es el país mejor ubicado, ocupando el lugar 45. Le sigue Costa Rica en el lugar 57, Argentina en el 63 y México en el 64, con un índice de 0.61.

Lo anterior quiere decir que un niño que nazca en nuestro país será 61% productivo de lo que podría ser. Y es que, a pesar de que nuestros jóvenes completan – en promedio- 12.6 años de escolaridad, únicamente aprenden los conocimientos de 8.6 años, equivalente a poco más del segundo año de secundaria. Esto sumado a que de cada 100 niños mexicanos, doce tendrían problemas de desarrollo, con alto riesgo de tener limitaciones cognitivas y físicas para toda la vida.

Hoy, el Banco Mundial señala que países con ingresos medio-altos como México han experimentado una desaceleración en el crecimiento, por lo que urge a que los gobiernos se anticipen a la transición de la cuarta revolución industrial y pone de ejemplo a Corea del Sur, un país que decidió apostar por su capital humano, cambiando sus políticas e inversiones públicas en los años 80 y 90, con el fin de ayudar a la evolución de la economía de la producción intensiva en mano de obra, a una economía más intensiva en conocimiento y capital.

En México, aún estamos a tiempo de cerrar brechas y de construir políticas públicas sostenidas a lo largo del tiempo que busquen invertir en la educación y salud de nuestros niños y jóvenes, porque como bien lo señala Jim Yong Kim, Presidente del Banco Mundial: “cuando los países no invierten productivamente en capital humano, los costos son enormes, sobre todo para los más pobres, poniendo en seria desventaja a nuestras nuevas generaciones”.

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