Luis M Cruz

1.

En Estados Unidos, el presupuesto federal es ley, es decir, corresponde al Congreso aprobar los ingresos y egresos y el gobierno no puede disponer libremente de ellos, a menos que tenga autorización expresa del Congreso. En México, en contraste, el Presupuesto de Egresos es un decreto aprobado únicamente por la Cámara de Diputados, lo que le confiere al Ejecutivo la posibilidad de modificarlo informando a la Cámara, pero no requiriendo necesariamente su aprobación.

De esta situación deriva que el presupuesto deba aplicarse únicamente para aquello que fue autorizado. En este sentido, la crisis de relación del presidente Trump con la Cámara de Representantes, dada la mayoría demócrata, ha querido ser resuelta recurriendo a poderes extraordinarios previstos en la Ley de Emergencias Nacionales de 1976, que le permiten al presidente disponer de fondos aprobados para otros propósitos y responder a situaciones extraordinarias no militares ni naturales.

2.

Habiendo sido una promesa central para movilizar el voto del resentimiento en la carrera presidencial de hace dos años, la construcción de un muro en la frontera con México es un símbolo electoral que no ha encontrado respaldo pleno en aquel país, en donde una mayoría moral no lo considera necesario para enfrentar los problemas de migración, inseguridad y narcotráfico que ciertamente son más visibles en la frontera, pero no necesariamente ocurren debido a su porosidad o permeabilidad.

3.

La migración en todo el mundo está impelida por causas económicas, cuando ciertos núcleos de población son atraídos a los países con mayor prosperidad, que suelen ser los beneficiarios de la globalización. Las corrientes migratorias van de zonas con menor grado de desarrollo a aquellas con mejores niveles de empleo, ingreso y oportunidades; es así como corren de África hacia Europa; del sudeste asiático hacia Japón y Estados Unidos, y de América Latina, México incluido, hacia Estados Unidos y Europa. En todos los lugares en donde se ha enfrentado el problema mediante barreras físicas, el fracaso ha generado grandes problemas humanitarios que han sido resueltos con estrategias de inclusión, apertura y apoyo a los países originarios.

La inseguridad y el narcotráfico están estrechamente vinculados. Son problemas que se expresan trágicamente en la frontera, pero se originan sobre todo en el núcleo fundamental de las sociedades opulentas, en donde existe la gran demanda de las llamadas “sin amenities” o placeres mundanos, entre los que la recurrencia a elíxires y drogas cada vez más fuertes es la constante. Así se ha ido del alcohol, el tabaco y la mariguana, a otras experiencias como la heroína, la cocaína y ahora las drogas sintéticas, metanfetaminas, cristal, crack y el mortífero fentanilo, el rey de los opiáceos.

4.

La verdadera emergencia nacional en una sociedad opulenta como Estados Unidos consiste en enfrentar de mejor manera al enemigo interno, que son 30 millones de consumidores de drogas con alto poder de compra que generan una demanda implacable con la tolerancia pública y hasta legislación positiva, como testimonia la legalización lúdica o medicinal del consumo y producción de drogas suaves como la mariguana en una treintena de estados norteamericanos.

5.

Pareciera que nadie quiere ir al fondo del problema. Trump ya tiene su tema, siendo más rentable actuar en los símbolos, sobre todo en plena carrera por la reelección en 2020. No hay una emergencia nacional como tal, sino una crisis interna que requiere mucho más que un muro para resolverse, pues el consumo de drogas, la venta de armas y el lavado de dinero en gran escala constituyen un peligroso coctel en Estados Unidos del que México no es responsable.

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