Luis M Cruz

1.

En estos días vivimos una de las contingencias ambientales más severas en el Valle de México, con gran preocupación de la sociedad y consecuente impacto en los medios de comunicación tradicionales y virales. Como suele suceder, ante las señales de alarma cunden las exigencias por un milagro y surgen acciones en la sociedad y en otras instituciones para atenuar el impacto de lo imprevisto, buscando acotar y reducir los daños y consecuencias que pudieran presentarse en la salud de la población. Cabe destacar, no obstante, que una contingencia similar se vivió también en las zonas metropolitanas de Puebla, Querétaro y Guadalajara, donde se tuvo una situación climática parecida, con altas temperaturas, escasos vientos y profusión de la principal causa de las partículas menores a 2.5 micras que fueron los incendios forestales. Hasta cinco mil 106 de éstos fueron reportados por la Conafor de enero a la fecha, 35% de ellos ocurrieron en el estado de México y Puebla, muchos de ellos causados por necesidades de la presiembra agrícola.

2.

 Como resultado, las condiciones ambientales en las ciudades de México y Puebla sobre todo, llegaron a condiciones críticas, debiendo decretarse la contingencia ambiental y la aplicación doble del programa Hoy No Circula, las escuelas públicas, universidades incluidas, suspendieron sus actividades, también lo hicieron las guarderías y en numerosas instituciones se registraron ausencias de madres y padres trabajadores que debían cuidar a sus hijos en los hogares. 

3.

 Se trató, ciertamente, de una situación atípica, pues convergieron tanto la situación del estiaje en la zona centro de la República, la insuficiencia de los programas de restricciones vehiculares e industriales así como la carencia de un servicio de transporte público eficaz, alternativo y no contaminante en las principales zonas metropolitanas del país. La acumulación de males se ha dado también porque las autoridades responsables no han cumplido su parte desde hace años, cuando se aprobaran las leyes de Transición Energética y la correspondiente al Cambio Climático que dispusieron recursos a fondo perdido para que las grandes ciudades transformaran los sistemas de transporte colectivo para reducir las emisiones y transitar hacia energías limpias y renovables. 

4.

 Ante la emergencia, las autoridades suelen responsabilizar a los ciudadanos, por lo cual habrán de endurecer las restricciones contempladas en los programas de verificación vehicular y de circulación de vehículos particulares, mejor conocido como Hoy No Circula. Pero justo es reconocer que al menos en esta ocasión la responsabilidad no es de los ciudadanos, sino que la principal causa de las partículas suspendidas en el aire corresponden a incendios forestales y a las emisiones de cenizas del Volcán Popocatépetl, combinado con la persistencia de un pésimo sistema de transporte público, con insuficientes convoyes en el Metro y en el Metrobús, con vialidades congestionadas y llenas de baches y topes, con segundos pisos vehiculares que debiendo ser públicos, las altas tarifas desincentivan su utilización.

5.

 Es decir, si las autoridades habrán de apretar aún más a los ciudadanos con el endurecimiento de los programas restrictivos de verificación y de circulación de vehículos, justo es que también cumplan su parte y realmente ofrezcan una alternativa confiable, segura y moderna de movilidad urbana. Nunca como ahora las fallas de la autoridad son parte del problema que se quiere resolver. Si sólo se busca restringir y no reformar la movilidad y el transporte público a la altura de las circunstancias, no habremos resuelto nada. Quizá se requiera también un programa de verificación a las autoridades. Si en otras ciudades del mundo se puede, ¿por qué no en la Ciudad de México? 

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