Ana Saldaña

Octubre es de mis meses favoritos del año. A pesar de que el Día de Muertos se entremezcla con el festejo norteamericano de Halloween, la tradición de muertos todavía es de las pocas celebraciones auténticamente mexicanas que se conservan a pesar del paso del tiempo.  Justo el otro día observaba al dirigirme en mi auto en dirección al centro como un ejército de trabajadores pintaba de naranja cempaxúchitl todo paseo de la Reforma, mientras que visualmente en esta misma avenida estaba llena de gigantes calaveras que salpican el entorno urbano.

También en esta época el ambiente parecería inundarse de aromas de azahar, naranja y mantequilla del típico Pan de Muerto. El Pan de Muerto, tan característico de esta época, llama a sentarse en familia con un rico chocolate. Me he vuelto obsesiva en probar panes de muerto. Antes, mi gran preocupación cuando buscaba este tradicional pan era si los panes estaban hechos con manteca vegetal o mantequilla. Los primeros inmediatamente se sienten en la parte superior de la boca grasosos y a su vez dejan rastros de sabores químicos. Los segundos, al combinarse con el azucarado exterior y el suave pan interior, son una verdadera delicia.

Sin embargo, esta temporada de pan de muerto, estoy añadiendo un requerimiento adicional, el visual. Justo el otro día, con un antojo desesperado de pan de muerto hice una escala de emergencia en la panadería cerca de mi casa. Tengo que confesar que me sorprendió lo bueno que estaba el pan en su versión tradicional. Estaba elaborado con mantequilla y con unas ligeras notas de azhar tal como me gusta. Sin embargo, lo que me dio tristeza fue su aspecto físico, como si fuera un pan mocho. No se tu, pero desde niña para mi no hay más placer más grande en esta época, que robarme el redondo hueso del pan de muerto que se encuentra justo en su centro. Busqué y busqué un pan con hueso, pensando que tal vez había salido mal una charola por despiste del panadero, pero después de una frenética búsqueda no había un solo pan con este preciado bocado en toda la panadería. Al preguntarle a la señorita que estaba en la caja, casi con tristeza, me dijo que este año efectivamente todos sus panes venían sin bolita.

Después de este incidente, se ha vuelta obsesiva mi búsqueda para encontrar pan elaborado con mantequilla y que pase la prueba visual. Con toda transparencia tengo que confesar que la panadería a la vuelta de mi casa no es la única panadería que lo está eliminando de su pan. Sin embargo, para cualquier amante de un rico bocado, es una verdadera tristeza que le quiten al comensal el placer de comerse el huesito redondo.

Pero el problema no es solo de placer, sino de respetar también esas tradiciones que son parte de nuestra identidad. Que triste que por ser prácticos, se olviden del significado cultural que tiene el Pan de Muertos para nosotros. Todavía recuerdo cuando mi abuela paterna me decía al preguntarle sobre sobre la forma del pan: “en su parte superior la bolita ejemplifica el craneo y los huesos alargados representan los hueso del cuerpo que señalan las direcciones del Universo”. Ahora si como dicen, ¿dónde quedó la bolita o en este caso el craneo?

Espero que tengas un maravilloso día, y recuerda; hay que buscar el sabor de la vida.

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