J. S Zolliker

Ha intentado ver la película mexicana de moda varias veces. No puede. Cada vez que lo intenta, se queda dormido. Por ello, encargó un resumen. Algo más rápido, editado. No tiene tiempo, dice. Se la vive viajando como si fuera adolescente y descansa casi nada. Le ponen el DVD y apenas comienza el largometraje vuelto corto, y su mente divaga:

El que dice que el poder enferma es alguien que claramente no conoce el poder. Quien dice que el poder enloquece, definitivamente, nunca lo ha ejercido. El poder, es vida. El poder es energía que vibra y cura, que alimenta. El poder es la fuerza primitiva más vigorosa. Es un ardor que ilumina, que marca, que cambia, que transforma. ¿Cuándo han visto a un líder de masas, realmente poderoso, y realmente enfermo?  Sí, el poder magnifica todo, locura incluida, pero nada más.

¿Cuándo surgió el poder? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Cuántos de ustedes se han hecho estas preguntas a conciencia, para ayudar al pueblo? ¡Ya, ya, ya, ya! ¡Ya dije! ¡Ya hablé! No es mi problema si no escuchan, m’ijas, m’ijos. Pongan atención. El poder se trata de algo que no pueden comprender, así que ¿para qué hablamos de los misterios de Cristo si lo único que quieren hacer, es escuchar sobre sus milagros?

Yo no estoy enfermo. Lo estuve, pero ahora estoy sólido como un roble y resiliente como Gandhi. No estoy loco, estoy sumamente cuerdo. Tanto, que he hilado los puntos que otros no miraron y he sabido insertarme en el colectivo y crecerles desde dentro. ¿Quién sino un conquistador sabe hacer eso? Eso es poder.

El hombre se levanta de su sillón y camina hacia la elegante mesa de servicio, se sirve un poco de agua de jamaica con la que apura su diario medicamento, que toma sólo cuando está solo. Le desespera que la cinta esté en blanco y negro. Eso es poder. Y pensar que me llamaban peligroso. No entienden que nunca han entendido nada. Que por siglos, hemos estado rodeados de seres cuasi bestiales, políticos y empresarios y votantes borregos que se venden al mejor postor y pastor. Y ese, como pocos se presentan en la historia de la humanidad, soy yo en nuestro tiempo, porque siempre he tenido la meta clara y la mente sana y bien apuntada. Soy el redentor. Eso es poder. Ya verán. Y como buen pastor, haré lo que sea por salvar a mi rebaño.

Hoy, hoy he terminado de destruir el partido de oposición que me subestimó. Los hice añicos y de ellos queda sólo una sombra pecante. He comprado a sus líderes repartiéndoles lo que me sobra y ahora soy el más poderoso de nuestra historia moderna. Yo hoy puedo mandar cambiar la ley a mi antojo, así sea para que caiga nieve negra. Eso es poder.

No, no me citen a Gramsci. Él creía que el fascismo tendía a absorber todas las instituciones en beneficio de un poder central y omnipresente. La diferencia es que para mí, ello no es un fin, sino apenas un medio para el cambio profundo. Eso es poder.

Escucha que tocan a la puerta. ¿Eh? ¿Qué pasó? La pantalla del televisor está en color azul. ¡Maldita sea! De nuevo me quedé dormido! ¡Le voy a pedir al chofer que me la cuente mañana! Eso es poder.

Compartir