J. S Zolliker

Estoy estresado. No puedo dormir. No descanso. Es el estrés. El estrés. El estrés. Estoy estresado porque no dan una. Parece que no saben sumar ni multiplicar, pero que son expertos en restar y dividir.

Sí, apenas comienza el gobierno y ya gestaron la crisis. Y la excusa será que los enemigos no quieren gastar más de lo que se gana. Prometieron cosas imposibles y ahora nos pedirán “paciencia, porque décadas no se resuelven tan rápido”. Y eso —nos argumentan— no es populismo porque la justicia social arguye que en campaña se promete y no necesariamente se cumple. Estrés, carajo.

Los nuevos funcionarios (algunos los considero mis amigos) no contesten a las críticas y no parecen tener una pizca de autocrítica. Me estresan que sus grandes “reformas” generarán más corrupción. Me estresa que parezcan miembros de una secta y no de un gobierno de cambio. Me estresa que, en lugar de buscar justicia, apoyan que se esté buscando venganza social sin tocar a los culpables reales. Por eso no duermo. Porque la impunidad no parece combatirse, sino ampararse. 

No duermo porque el jefe del Estado mexicano puede cambiar las leyes para que se ajusten a sus impulsos. Lo peor es que la gente ha caído en el juego del discurso confrontante e ignorante, donde hay “fifís” y “chairos” y donde nos tragamos las mentiras de humildad porque los pueblos indígenas “le dieron el bastón de mando”, cosa que se ha hecho por décadas. ¿Dónde estudiaron historia?, ¿Google no les ayuda ni tantito?

Estrés porque Yeidckol, Noroña o uno de tantos otros, alaban a un dictador que llevó a la mejor economía de su región a la ruina. Y ahora invitamos a varios de estos mezquinos mandatarios a que se tomen una foto, les damos un abrazo y ellos a cambio de dinero, nos mandan médicos —que no sobran— sin que aquí contemos con un plan que considere siquiera equipar con el material necesario a los brillantes doctores que ya tenemos y que es gente que se rompe el alma a diario ante amenazas del crimen organizado y que no cuentan ni con medicinas básicas (sí, muchos políticos se las robaron). No duermo por el estrés de saber que tenemos gente brillante, sacrificada y estupenda a quienes no se les dan las herramientas mínimas para trabajar. Y que #chingueasumadre quien crea que esto es un asunto de xenofobia. Y que #chingueasumadre quien no ha tratado de salvar la vida de un bebé o un accidentado sin tener ni suero ni material de sutura. Duerman ustedes con eso.

Sí, tengo estrés porque desde hace tiempo veía esto venir y siento que nos caemos al precipicio y no hacemos nada al respecto. No duermo porque la bolsa perdió en cuatro meses lo que ganó en cuatro años. Parece que no aprendemos y que cancelamos un proyecto estupendo por un berrinche: cancelar la obra del aeropuerto de Texcoco —que no tiene lago, propagandistas asquerosos— nos va a costar en dólares 66 mil millones en bonos a pagar por cancelación más tres mil millones por proteger inversiones directas, más siete mil millones por Santa Lucía, además del costo que genera una nueva pista aérea militar de dos mil millones, más raterías nuevas y lo demás, que nos da una cifra brutal que se conocerá como el #AMLOproa. Y por eso no duermo tranquilo, porque aplauden como focas y porque hacen lo que les da la gana con nuestro país, argumentado que esto es un cambio.

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