Rebeca Pal

Un cachito de mí se quemó con el incendio que se produjo en la catedral de Notre Dame. No es sólo uno de los lugares más visitados de París y del mundo, también es el templo que simboliza el crecimiento político y cultural de Europa. Ver cómo el fuego se comía 800 años de historia y la impotencia de no poder hacer nada al respecto, sólo mirarla arder, me hizo un hoyo en el estómago. Me atrevo a decir que si esto no conmovió a todo el mundo, por lo menos más de la mitad de la población mundial, tuvo que haber sentido una desolación terrible al ver la aguja de 93 metros de alto, desplomarse. Porque con su caída desapareció una parte de la historia de la Ciudad de la Luz.

Aunque la estructura se mantiene, la situación sigue siendo precaria porque todo está muy frágil. Por suerte los dos campanarios y el tesoro de Notre Dame están a salvo. Los tres rosetones principales y el órgano principal no han resultado destruidos, aunque se desconocen el alcance de los daños producidos por el humo y las llamas.

El secretario de Estado francés comentó que la catedral se salvó de la destrucción total por un margen de un cuarto de hora, o quizás media hora. “Los trabajos para garantizar la seguridad en el interior de Notre Dame durarán unas 48 hora más, lo que permitirá a los bomberos entrar con el personal del ministerio de Cultura para rescatar las obras de arte, que en gran parte no resultaron dañadas”, concluyó Laurent Nuñez-Belda.

Se desconoce el monto que necesitarán para la reconstrucción, por eso les pido que apoyemos al gobierno francés para tener a Notre Dame de vuelta. Todos podemos ayudar, siempre podemos ayudar. No estamos hablando de un inmueble cualquiera, es parte de nuestra historia la que se quemó. Es la que nos ha moldeado como civilización y como seres humanos. ¿Qué sería de nosotros sin nuestra historia? Seríamos hijos adoptivos de un pasado en el que no sabríamos quien es nuestra madre, nuestro padre y, peor aún, no sabríamos quienes somos. 

Sentí lo mismo cuando el Museo Nacional de Brasil, con 200 años de antigüedad, quedó calcinado en el 2018. Perdimos el 90% de Lucy y veinte millones de piezas desaparecieron para siempre entre el humo del fuego. Repito, ¿qué somos nosotros sin nuestra historia?  

“Aunque Nuestra Señora es muy vieja, es posible que algún día sepulte a ese mismo París que ella ha visto nacer” escribió Gérard de Nerval, poeta romántico.

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