Enrique Del Val

En enero de este año apareció en Francia un libro que podríamos calificar de original, ya que está firmado simplemente por “un ciudadano”. Su título en francés es Les temps de l’alternative, que traduciéndolo sería Los tiempos de la alternativa. El autor dice haber nacido alrededor de 1970 y ser un ciudadano comprometido, no ha sido funcionario público ni tampoco es una personalidad pública.

El libro se divide en cinco capítulos y, según el autor, tiene como objetivo que las personas recuperen el control de sus vidas. Para ello empieza con una crítica demoledora al sistema económico vigente en Francia durante las últimas décadas. Cabe mencionar que muchos de sus comentarios podrían ser aplicados a nuestro país, empezando por señalar que los diferentes gobiernos han utilizado hasta la saciedad la palabra “reforma” y que en realidad lo único que ha significado es “pagar más para recibir menos”, que reformar ha sido “abdicar ante el orden neoliberal”.

Describe a los fundadores del neoliberalismo, quienes se sentían humanistas ya que entendían que la democracia era el equilibrio entre la libertad de las personas, la libertad de ser emprendedores y la libertad de intercambiar; en resumen, el autor desconocido dice que ha sido un sistema de libertades sin democracia por encima de todos.

La política ha sido derogada hacia la confusión, la violencia y la vulgaridad, dando la sensación que todo se vale, o sea, que la República está vacía. También señala que no podría ser de otra forma, pues los dirigentes políticos consideran la supremacía de la economía sobre todas las cosas y esto ha sido una falla histórica y un error teórico. Menciona que el fondo del problema actual de Francia no es económico, sino cultural y mientras no se entienda esto, no se avanzará.

En uno de los capítulos se habla del tema de la sustitución del trabajo humano por las máquinas, mismo que supuestamente en Francia pasará del 9 al 42% en tan sólo 20 años. Para evitar que sea un problema severo, el autor argumenta que una solución política coherente sería la introducción de un ingreso base para todos o como lo conocemos en México, el Ingreso Ciudadano Universal (ICU), el cual permitiría, entre otras cosas, valorar las actividades que hoy no están pagadas, pero que tienen un gran valor social, tales como la educación de los infantes y la atención de las personas de la tercera edad.

Señala que, incluso en esta sociedad, cada día más individualista el ICU sería un buen medio para que haya un cambio de mentalidad y de las prácticas diarias hacia una sociedad más comunitaria y armoniosa.

Además, es una herramienta eficaz para meter en orden las ayudas y subvenciones que da el Estado y que a veces tienen efectos negativos, sobre todo por etiquetar a los ciudadanos en su condición de pobres, desvalorizándolos. El ICU no es programa para tratar la miseria social, al contrario, es de utilidad individual y no es un premio al ocio, sino una oportunidad para que cada quien decida las metas que quiere alcanzar en la vida a partir de este ingreso garantizado.

En nuestro país había iniciado parcialmente el ICU con el apoyo a adultos mayores en la Ciudad de México y se extendió a algunos otros estados de la República. Con la llegada del gobierno del presidente López Obrador se ha generalizado a toda la población mayor de 68 años, siendo aproximadamente 8.5 millones de personas y también con la beca de 800 pesos mensuales a todos los estudiantes de educación media superior que son aproximadamente 4.3 millones quienes la están recibiendo o podrán hacerlo.

Sin mencionarlo expresamente, este gobierno ha implantado el ICU en el 10% de la población y esto hay que reconocerlo porque, como bien dice el autor del libro que hemos comentado, es la mejor forma de combatir al neoliberalismo. 

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