Oscar Moha

Mal hacen los medios informativos en otorgarle la representatividad que el Presidente de la República le ha dado a la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas (CONFRATERNICE), haciendo creer hasta a los ateos que entre las Asociaciones Religiosas evangélicas existe un “Papa Protestante” llamado Arturo Farela Gutiérrez, lo dista de ser realidad porque incluso hay quienes lo desconocen como pastor y como reconocido gestor de altos honorarios… poco honorables.

Y para agregar santidad al asunto, el Proyecto llamado “Trasnacionales de la Fe”, del cual forma parte Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), en su reportaje “La Divina Cuarta Transformación” da a conocer la existencia de algo así como un “lobby cristiano mexicano” que pretende incidir en los órganos políticos del país, a través de la conversión evangélica de legisladores y funcionarios, con el apoyo de una influyente élite estadunidense con el propósito de dictar leyes moralistas basadas no tanto en La Biblia sino en la ideología de un grupo ultraconservador con doctrina cristiana.

Las Iglesias Evangélicas son autónomas y en México poco trabajan unidas en proyectos de beneficio social y menos político. Les ha sido necesario importar a predicadores y tele evangelistas -principalmente de EU- para organizar eventos masivos o reuniones con personajes influyentes, siempre con resultados pobres, a pesar de los dólares que le han invertido. Las causas: el mal manejo y dispendio que los pastores mexicanos han hecho de los billetes verdes y su falta de visión social y política.

También asegura esa investigación que desde EU se ha nombrado a un pastor mexicano encargado de replicar el trabajo político-religioso que lleva a cabo el reverendo Ralph Drollinger, quien realiza reuniones de oración y estudios bíblicos con personajes de primerísima línea en la Casa Blanca y así instaurar una ideología gubernamental bíblico-mesiánica en la República. Pero, deja a un lado que este “trabajo ministerial” se ha desarrollado desde que las primeras agencias protestantes llegaron a tierra azteca a finales del siglo XIX.

En la historia reciente (1993), el pastor presbiteriano Juan Martínez Isáis, entonces líder de la Confraternidad Evangélica de México (CONEMEX), se entrevistó en privado con María de los Ángeles Moreno Uriegas (militante de la Iglesia Bautista), quien era la Presidenta de la Cámara de Diputados, y aprovechando la cercanía de ella con el ex Presidente Carlos Salinas de Gortari, Isáis le propuso celebrar un National Prayer Breakfast (Desayuno Nacional de Oración), similar al que organiza cada primer jueves de febrero en Washington la famosa Fellowship Fundation, organización ultraconservadora cristiana mejor conocida como “La Familia”. Juan Isáis además le sugirió que el evento se hiciera una costumbre trasexenal, pero el resultado derivó en una comida donde el principal orador fue Salinas, en Los Pinos con 500 líderes y pastores. Por cierto que en esa reunión, los organizadores evangélicos sugirieron dejar fuera a Arturo Farela, quien finalmente logró colarse.

Lo de imponer esta “ideología cristiana” en la clase política está, desde hace décadas, dentro de la agenda de evangelistas extranjeros como Alberto Motessi, Carlos Annacondia y Luis Palau, los tres de origen argentino, así como Billy Graham y su hijo Franklin de Estados Unidos, quienes han tenido oficinas de representación en México y se han entrevistado con cientos de gobernadores, diputados, senadores y secretarios de Estado. Ellos mismos, a través de sus Fundaciones, han corrido con los gastos para tal efecto.

Para estos y otros fines ha habido infinidad de encuentros donde asistieron personajes como Emilio Ramón Flores Domínguez, exdiputado federal de Acción Nacional; Rubén Velázquez López, ex senador del PRD; Blanca Judith Díaz Delgado, hoy super delegada en Nuevo León; Diva Hadamira Gastélum, ex senadora del PRI; Pablo Basáñez García, ex Presidente Municipal de Tlanepantla, entre otros. Todos ellos de filiación evangélica, aunque no con el mismo ideario de imponer criterios religiosos donde deben imperar los derechos humanos.

Desde entonces las más de 4 mil Asociaciones Religiosas de corte evangélico registradas ante Gobernación, a pesar de que tengan proyectos coincidentes, prefieren trabajar cada una por su lado. Cada una con su propia versión de “cristianismo” camina hacia donde mejor conviene a sus intereses políticos, religiosos y sobre todo económicos. Aunque, es de reconocerse, a los de mentalidad pro vida los vincula la penalización del aborto; la negación de derechos para personas homosexuales; la prohibición de los matrimonios igualitarios; la posesión de medios masivos “para difundir valores”… y a últimas fechas ocupar cargos públicos, no tanto para servir o compartir su experiencia social, sino como una forma de obtener recursos financieros y dejar intermitentemente el pastorado.

Para este grupo, los problemas más severos que enfrenta México no son el desempleo, la trata de personas, la delincuencia organizada, los altos consumos de droga, los secuestros y el narcotráfico, sino el dilema de cómo imponer una agenda religiosa-moral, a pesar de que se afecte lo que ellos mismos claman como Estado Laico.

PALABRA DE HONOR: Las relaciones entre Ricardo Monreal y Martí Batres se hacen cada día más distantes, a pesar de su cercanía física. Es como tener a dos machos alfa en la misma jaula… y una sola presa. En una pelea así no se sabe qué impera: experiencia o fortaleza física. Hagan sus apuestas porque continúa la rebelión en la granja.

Compartir