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Manuel Lino / Los Intangibles.com

El pasado 29 marzo, el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) publicó una cifra estremecedora: aún con la pandemia, durante 2021 se registraron 108 eventos de agresión en contra de personas defensoras de los derechos humanos ambientales; 25 de de ellas fueron asesinadas, siete más que en el año 2020, aunque bastantes menos que los 65 que se registraron en Colombia en ese último año.

En nuestro país hay muchos ejemplos de que las decisiones de dónde poner un presa o una carretera están determinadas por unas cuantas personas y sus valores, y no se toma en cuenta a la gente que vive ahí, que es directamente afectada por la destrucción de su casa, donde su familia ha estado establecida por generaciones, de donde depende su forma de vida. 

Ese tipo de situaciones en conflictos, que “muy tristemente en nuestro país terminan muy seguido en la muerte de un líder ambiental y en un deterioro tremendo de la Naturaleza”, comenta Patricia Balvanera, quien como parte de un equipo de más de 82 expertos internacionales procedentes de 47 países de todas las regiones del mundo, elaboró lo que puede considerarse una guía para sortear este tipo de conflictos y obtener resultados “mucho más sustentables y justos”.

Esta guía es el Informe de Evaluación sobre la Diversa Conceptualización de los Múltiples Valores de la Naturaleza y sus Beneficios y Balvanera fue una de los cuatro copresidentes que coordinaron su elaboración y que de alguna manera representa la cumbre del trabajo de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES). El documento, presentado el pasado lunes 11 de julio, no sólo aborda el problema de la crisis de biodiversidad que amenaza al planeta desde las más diversas perspectivas, sino que ofrece a los tomadores alrededor de 50 métodos para encontrar soluciones. Y, más que eso, invita a concebir de una manera distinta nuestra existencia sobre la Tierra.

La semilla y la piedra Rosetta

madre naturaleza

IPBES se formó en 2012 tomando como ejemplo la Plataforma Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) y lo primero que identificó fue un problema fundamental de entendimiento, incluso para hacer su propio trabajo, pues las conceptualizaciones de la Naturaleza son de lo más variadas. 

“A la misma cosa los científicos podrían decirles servicios ecosistémicos; otros, contribuciones de la Naturaleza, pero para otros más son regalos de la Naturaleza”, ejemplifica Balvanera en entrevista con ejecentral. “Si pensamos en bienestar humano, para unos se mide con los indicadores del Banco Mundial y para otros es vivir en armonía con la Naturaleza”, agrega. 

Dentro de cada una de esas concepciones tiene múltiples ramificaciones, la forma en que se concibe a la Naturaleza, la Madre Tierra o Ubuntu (como se le llama en algunos países africanos) depende de cada una de las miles de cosmovisiones que existen, “en cada grupo indígena hay una distinta”. 

Así que en 2013, el primer trabajo de IPBES, que actualmente cuenta con la participación de 139 países, fue crear un marco conceptual para saber cómo se iban a incorporar las diferentes concepciones. “Cuando trabajas con gente de muchas disciplinas con muchas visiones y con diferentes tipos de conocimiento, que es lo que hace IPBES, necesitas un traductor, como una piedra Rosetta con varios lenguajes”. 

El documento estuvo listo en el 2014, aunque este se publicó en 2015, y a partir de él se empezó a hacer una guía interna de trabajo, que es cuando la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), que es el enlace de IPBES con México, llamó a Balvanera, que es profesora e investigadora del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM.

En 2018, IPBES consiguió los fondos suficientes, un millón de dólares, para poder involucrar a los 84 autores de diferentes países para, durante cuatro años, hacer el informe que presentaron el lunes la evaluación y para el que revisaron 13 mil fuentes de evidencia a fondo y de un total de 200 mil que consideraron. 

El informe no particulariza los fenómenos por países ni hizo un ranking, pues la experiencia muestra que los documentos con datos país por país “invariablemente se atoran en las sesiones plenarias, porque entonces levanta la mano ese país y dice ‘yo no quiero estar en ese mapa y no voy a firmar algo que hace ver mal a mi país’”. 

En el caso del nuevo informe, “lo negociamos párrafo por párrafo, no para cambiar la evidencia, porque esa ya está, sino para plantearlo de tal forma para que los 139 países estuvieran de acuerdo y lo apoyaran… eso le da otro nivel de legitimidad”, comenta Balvanera.

¿Sabías que? 200,000 mil fuentes de evidencia se revisaron para hacer el Informe de Valores, 13 mil de ellas se analizaron a fondo

De los problemas a las soluciones

Sin exagerar, el Informe “implica redefinir el ‘desarrollo’ y la ‘buena calidad de vida’ y reconocer las múltiples formas en que las personas se relacionan entre sí y con el mundo natural”, asegura Balvanera en un comunicado de prensa del IPBES.

Sin embargo, “no le estamos apostando a que mañana, ay sí, qué buena onda, ya está todo bien, sino a un cambio gradual de paradigma de cómo estamos valorando (a la Naturaleza)”, comenta Balvanera en entrevista.

El cambio no puede ser sino ser gradual pues el punto de partida es, literalmente y de acuerdo con las estimaciones del Informe, casi el cero.

Por ejemplo, el 5% de las valoraciones que fueron revisadas consideraron la equidad al evaluar las afectaciones e impactos que se producirían en individuos y grupos sociales con diversas condiciones socioeconómicas; apenas 2% de los estudios informaron, consultaron y solicitaron la participación de las partes interesadas (comunidades y personas) en las valoraciones, pero sólo el 1% incluyó su participación en cada paso del proceso de valoración; además, 0.6% de los estudios reportan explícitamente los problemas de poder en las áreas analizadas.

Balvanera explica que, junto con esos datos desalentadores, encontraron que hay “más de 50 métodos y enfoques de valoración, provenientes de diversas disciplinas y sistemas de conocimiento”, incluidos los pueblos indígenas y las comunidades locales, que pueden conducir a soluciones más justas y sustentables, se detalla en el citado informe. 

El problema, indica Balvanera, es que “simplemente no los usamos en la forma adecuada y no están acoplados a los métodos de toma de decisiones”. 

Dada la gran diversidad de contextos sociales, económicos y ecológicos, “no existe un método de valoración único para todos”, pero el el resumen para tomadores dedecisiones del Informe detalla una línea de acciones que sí se pueden aplicar a todos los casos y que inician por el reconocimiento de la diversidad de los valores de la Naturaleza mediante valoraciones relevantes y sólidas. 

Esas valoraciones se deben incorporar a los procesos de toma de decisiones, lo cual conduciría a reformar políticas públicas, realineando los incentivos, los derechos y las normas legales, y a empoderar a los distintos actores “para que expresen y actúen de acuerdo con sus valores”. 

Por último destacan la importancia de crear “espacios para deliberar, desarrollar y cambiar las metas y normas sociales en sintonía con los objetivos globales acordados de sostenibilidad y justicia”.

Todo esto requiere “desarrollar las capacidades de varios tipos de tomadores de decisiones”, que pueden ir desde los presidentes de los países hasta pescadores o agricultores, para “reconocer y abordar las asimetrías de poder y equidad” o “negociar compromisos entre los diferentes intereses y valores de las partes interesadas para lograr resultados equitativos”. 

En resumen, es muy importante que cambien “los estándares de los procesos de toma de decisiones y la forma como se toma en cuenta a los afectados”, una tarea de enorme magnitud ante la cual Balvanera es optimista. 

5 por ciento de las valoraciones consideraron la equidad al agregar impactos en individuos y grupos sociales con diversas condiciones socioeconómicas en la valoración.

Epílogo con ubicación en México

“Estamos cambiando los estándares de qué valorar y cómo valorarlo”, asegura la experta, y como ejemplo pone la la iniciativa TEEB (por sus sigla en inglés para Ciencias Económicas para los Ecosistemas y la Biodiversidad) fue lanzada en marzo de 2007 con la idea de valorar cosas como el suelo, que tomó millones de años en formarse, las bacterias que ayudan mantenerlo o los procesos de regulación climática e hídrica. 

Esta idea fue permeando de manera que ahora existen como el Sistema de Naciones Unidas de Cuentas Ambientales (SEEA), una iniciativa a la México ya se sumó y está haciendo una prueba piloto de cuenta ambiental con instituciones como el Inegi, el Instituto de Geografía de la UNAM y Conabio. 

También hay sectores que están trabajando en el problema, como el financiero, cuyo impacto sobre la Naturaleza se ha visibilizado muchísimo en los últimos cinco años y que, como resúesta, crearon los fondos ESG (por medioambientales, sociales y de gobernanza). 

“No es un cambio que va a venir mañana ni va a ser de un solo actor”, comenta Balvanera, pero lo que pensamos es que pueden ir permeando las diferentes esferas estos nuevos estándares de valoración y de inversión. 

›La experta agrega que el Informe es un documento muy ambicioso, y para que pueda volverse realidad “hay que hacer productos de corto plazo, como guías sencillas de valoración, criterios básicos de respeto de las voces, criterios básicos de reconocimiento de la diversidad. Creemos que es como la punta del iceberg de un proceso que podemos ir detonando entre todos”.

También agrega que durante los años que ha trabajado con IPBES ha conocido “a muchos funcionarios” en las secretarías de Agricultura y Desarrollo Rural (Sagarpa) y de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y en Conabio “que súper mis respetos, son profesionales clarísimos, muy comprometidos… y esperaría que este documento llegue a ellos”. 

A México, como país, le toca hacer tarea, y esa tarea es “ver cómo le hacemos para impulsar estos nuevos estándares de valoración” en las mediciones de impacto ambiental, en los criterios de inversión y las prácticas agrícolas, en la construcción de presas y carreteras… 

Los cuatro “puntos de influencia” para futuros más sostenibles y justos:

Reconocer los diversos valores de la Naturaleza

Incorporación de la valoración en la toma de decisiones

Reformar las políticas y regulaciones para internalizar los valores de la Naturaleza

Cambiar las normas y objetivos sociales subyacentes para alinearlos con los objetivos de justicia y sostenibilidad global

“Este resumen para tomadores de decisiones lo negociamos párrafo por párrafo, no para cambiar la evidencia, porque esa ya está, sino para plantearlo de tal forma para que los (139) países estuvieran de acuerdo y lo apoyaran”.  Patricia Balvanera, copresidente del Informe de Valores de IPBES

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