Hannia Novell

“Una democracia requiere de la responsabilidad  y la rendición
de cuentas, requiere transparencia” –
Barack Obama

Andrés Manuel López Obrador, por tercera vez candidato presidencial y quien hoy se encuentra en el primer lugar en las intenciones del voto, volvió a colocarse en el ojo del huracán con tres propuestas: la cancelación de las obras del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM); la revisión de los contratos que se han otorgado para evitar actos de corrupción, y la amenaza de amparos para evitar que ­—en lo que resta de la administración de Enrique Peña Nieto— se entreguen nuevas licitaciones.

El pasado viernes 23 de marzo, durante su participación en el Congreso de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC), propuso la creación de una mesa en la que participen expertos, representantes del gobierno y empresarios. “Vamos a revisar técnicamente el proyecto sin asustar a nadie”, dijo.

El presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Juan Pablo Castañón, aceptó la idea y horas más tarde, el líder de la Cámara de Aerotransportes (Canaero), Sergio Allard, reviró y dejó en claro que “la viabilidad (del NAICM) no debe estar sujeta a debate alguno”.

Dos días después, en un desplegado conjunto que firmaron, entre otros, el propio CCE, la Concamin y la Canaero, dejaron en claro que esa mesa sería meramente informativa “y de ninguna manera pretende tener carácter sancionador de la validez de una obra que ya ha recibido las certificaciones nacionales e internacionales suficientes”.

Las propuestas de AMLO han sido contestadas con datos duros: los contratos del NAICM que ya están comprometidos representan 74% del valor total de la obra y ascienden a 137 mil millones de pesos; además, si se cancelara —como lo propone el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia— se perderían 120 mil millones de pesos y 70 mil empleos.

Por si fuera poco, el viernes 23 de marzo, el Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México colocó mil 500 millones de dólares (30 mil millones de pesos) en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) a través de la Fibra E, un fideicomiso que garantiza el financiamiento de las siguientes fases del proyecto.

Por si estas cifras no fueran suficientes, hay otras igual de alarmantes. La terminal aérea actualmente en funciones registró el año pasado 449 mil 664 operaciones y ya llegó a su límite. En 2013 y 2014 se emitieron sendas declaratorias de saturación y se implementaron una serie de medidas para garantizar 61 operaciones por hora; de ellas, 58 corresponden a vuelos comerciales y el resto a la aviación federal. Pero ya no hay manera de crecer y la necesidad de una nueva terminal es imperiosa.

Yo estoy a favor de que esa mesa se haga para que se demuestre técnicamente y con argumentos la necesidad del NAICM, así como las consecuencias de cancelar la obra. También estoy a favor de que en ese debate se exhiba la inviabilidad de ampliar dos pistas en la base de Santa Lucía para ahí llevar los vuelos internacionales, tal como sugiere el tabasqueño.

Y me encantaría que ahí estuviera López Obrador para que se convenza de la inviabilidad de sus iniciativas. Si pese a esos argumentos, insiste, ya sabremos a qué atenernos e imaginar una gestión donde la palabra de uno es ley y donde los argumentos no valen, mucho menos cuando son en contra. No nos quejemos entonces de que el avión llamado México vaya en picada. Para ese momento, no habrá un “mayday” que nos salve.

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